Las 53 mejores películas de terror de la década (2010-2019)

Repasamos todo lo que ha dado de sí el cine de terror en diez años, desde los espectáculos demoníacos de James Wan a los confines lovecraftianos y el juego de posesiones de Hereditary. Una tarea demasiado extensa como para no incluir cinco decenas de películas en un estudio de tendencias, nombres, autores y títulos excepcionales, rarezas ocultas y éxitos universales. Tomen aire y sumérjanse en la lista de imprescindibles de horror de los 2010.

Ha llegado el fin de una era. La década que acaba ha marcado un antes y un después en la concepción del consumo de cine y las formas de distribución han ido experimentando una adaptación a los formatos, los canales y la tecnología disponible asociada. Del mercado de dvd hemos pasado al mercado del VOD y el streaming, modificándose por completo la categorización del cine destinado a cada uno de estos receptores. Antes, un film destinado a vídeo solía tener la dudosa categoría de cine menor, de obras a la sombra de los grandes estrenos cinematográficos en salas, incluso sirviendo de bálsamo o copia barata de las tendencias marcadas por los grandes estudios. Ahora, estos espacios son un espacio de creación de tendencias, de florecimiento de movimientos, de explosión cámbrica de cine independiente y obras de autor.

Curiosamente, si en los 90 y 2000s el cine indie se posicionaba hacia el drama, las comedias generacionales y films de calado intelectual, en los 2010 lo independiente ha sido tomado por el terror. Tras el resurgir del género en la década de los 2000, con una tendencia sangrienta y rabiosa, de descuidados trabajos de edición y primeros devaneos con lo digital, en los 2010 ha ido perpetuándose una estilización del terror que ha incorporado el gore como medio y no como fin y se ha dejado empapar lo sobrenatural, lo onírico y las posibilidades plásticas que ofrece el gótico más elegante y ominoso. Un inicio de década empapado por el mumblegore y algunos autores jóvenes que fueron consecuencia del Splat Pack, dio lugar al prematuro fracaso de una visión del género aún ligada al factor 11-S y la guerra de Irak, con autores como Ti West que habían dado lo mejor de sí en los últimos años de la anterior. El posterior Death Wave fue la continuación de aquella tendencia pero se empezaban a hacer filmes de más trascendencia y llevaron al terror de festivales.

En las salas de cine triunfaban films como The Conjuring (2013) y el terror comercial se hizo fuerte en las salas, mientras en las sombras autores de todo tipo y pelaje entregaban grandes obras como The Babadook (2014) o The Witch (2014) que llevaron a algunos críticos a hablar de horror elevado, ese término paleto de quien ignora que el cine de terror siempre ha tenido multitud de subgéneros y autores, de Dreyer, Bergman a Polanski o Robert Altman, haciendo películas con todos los elementos orgánicos del género sin tener que categorizar o disculpar. Sea como fuere, hemos seleccionado 53 títulos fundamentales, con la voluntad de, no ya hacer una jerarquía de cuáles son “mejores o peores” sino de tratar de encontrar una muestra representativa de los distintos movimientos, subgéneros, autores y zonas geográficas para hacer un fresco válido de lo que realmente ha sido importante y ha tenido mayor o menos impacto, directo o indirecto. Para muchos no será representativa, para otros sobrarán o faltarán títulos.

No hemos repetido del mismo director, por lo que si hubieran dos importantes, sobreentendamos que dentro de una está la otra. Al igual que dentro de algunos subgéneros, si ya hay demasiadas, el espacio obliga a dar cancha a otros films aparentemente no tan sólidos, pero que sin embargo sirven como contenedor de otros muchos que necesitan estar representados de alguna forma. Por ello, como complemento y regalo, en cada película hemos incluido un film de la década relacionado de alguna forma con el analizado para hacer un programa doble ideal con el mismo, por tanto, realmente estamos hablando de 106 filmes de los 2010, una década de oro para el terror que deja tras de una ingente cantidad de títulos de calidad que seguirán siendo descubiertos con el paso de los años.

53. Green Room (2015) de Jeremy Saulnier

Una ultraviolenta mirada casi satírica a la rivalidad de punks y skinheads supremacistas que recoge lo mejor de las posibilidades del cine indie de ascendencia mumblecore y las líneas maestras del terror en un espacio cerrado de tradición John Carpenter o George Romero. Se sustituyen zombies o monstruos por nazis y se plantea una premisa maestra, un grupo de punks en una nave en la que han tocado un concierto con temas de Dead Kennedys. Patrick Stewart es el monstruo más terrorífico en un cambio de registro como cabeza pensante de la asociación que deja helado. Imogen Poots se revalorizaba como musa indie y el fallecido Anton Yelchin inmortalizaba su mejor papel convirtiendo la película en una pesadilla survival de culto, algo así como la Eden Lake (2008) de esta década y poniendo el ojo en Jeremy Saulnier como uno de los más interesantes y talentosos de los directores mumble de la década.

Programa DobleYou’re Next (2011), este home invasion familiar se convertía en un survival gore en un solo espacio muy entretenido y rabioso con una protagonista femenina con salero. Pese a que tuvo una caducidad temprana, es lo más reseñable de la filmografía de Adam Windgard.

52. Shin Godzilla (2016) de Hideaki Anno y Shinji Higuchi

Los 2010 han visto un resurgir del Kaiju Eiga a niveles demenciales y, mientras el monsterverso de Warner Bros deja tibias revisiones de iconos como King Kong o Godzilla, Toho reclamó a su lagarto gigante cuando más lo necesitaba su país. La última versión japonesa del icono es un nuevo reboot del original, volviendo a las raíces que lo convirtieron en la criatura de los fantasmas nucleares del país del sol naciente, regresando ahora como ejercicio de meditación nacional tras Fukushima. El monstruo sirve también como una bella pero delirante correspondencia de identidad y orgullo entre ficción y realidad. Además fue una versión diferente, limitando la aparición del monstruo a unas cuantas secuencias aisladas y muy bien dosificadas, con un uso de la escala espectacular por un lado y por otro, diseccionando los laberintos de burocracia que llevaron al desastre en la realidad.

Programa doblePacific Rim (2013), junto con Rampage (2018), el mejor y más divertido kaiju americano, un divertimento de Guillermo del Toro que puso en imágenes todo lo que debería ser una adaptación de Mazinger Z. Tortas entre robots y monstruos con secuela Young adult mejor de lo que se dijo.

51. Grave (2016) de Julia Ducournau

La única película de terror ambientada en una escuela de veterinaria, lo que da la oportunidad de crear un microcosmos de muerte y carne que le da ese punto enfermizo en el que transcurre esta historia de iniciación femenina turbia que cubre el bullying, la anorexia, virginidad, sexo y envidias adolescentes analizadas de una forma inteligente por su directora, que entre la sangre y momentos desagradables confía en su sencilla historia como afluente de varios subtextos. Su mirada al canibalismo es intimista y tan solo un punto de inicio en su camino hacia el agujero macabro de la metamorfosis, rindiéndose finalmente a su estructura de “yo fui un monstruo adolescente” tan popular en los cincuenta. En particular, tiene mucho que ver con una pequeña película llamada Blood of Drácula (1957) y la actualización de esta, Ginger Snaps (2000), que no parecen ajenas a Ducournau, quien propone una visión parecida de la feminidad independiente como el monstruo que ven los demás.

Programa dobleExcision (2012), un estudio de personaje femenino adolescente disfuncional, extraño y con tendencias psychosexuales perturbadoras con fetichismo por la sangre. Humor negro y una AnnaLynne McCord irreconocible la convierten en el reverso surrealista de Raw.

50. Paranorman (2012) de Chris Butler y Sam Fell

Algunos pueden pensar que fenómenos como Stranger Things (2016-) o IT (2017-2019) han aparecido de la nada, pero el abrigo de cine de terror con niños empezó siendo… para niños. Si bien Monster House (2006) ya plantó la semilla Amblin en el cine de animación, y Super 8 (2011) abrió la veda de la nostalgia con tonos más adultos —aunque no a los niveles de la, bastante gore, serie de Netflix— este contraataque stop motion de Laika hizo un film de esas características utilizando zombies, brujas, fantasmas y todo tipo de atmósferas góticas clásicas en una película de terror infantil modélica, deliciosa en sus formas y ágil en su desarrollo. Ahora, más que por su uso del estilo de cine de terror ochentero, se la recordará por ser la mejor película de animación de terror de estos años, en los que ha habido ejemplos interesantes como la comedia con visiones dantescas Hell and Back (2015) o el delicioso largo Frankenweenie (2012), lo mejor que ha logrado Tim Burton en esta década.

Programa dobleO Apóstolo (2012), la versión gallega del cine de terror en stop motion es un maravilloso recorrido por las leyendas y folklore de la terra de meigas, con un planteamiento estético deudor del Burton de Sleepy Hollow (1999) y un trabajo de atmósfera que ya quisieran muchas. Una pena que pasara por debajo del radar.

49. Across the River (2013) de Lorenzo Bianchini

El cine italiano de terror murió en los 90 y no ha podido recuperarse, pero en los 2010, al menos ha dado algunas muestras de resurrección con propuestas aisladas de poco presupuesto pero buen planteamiento. Si en los 2000 apareció de la nada el fantástico found footage Road to Lovecraft (2005), ahora es esta pequeña pieza de atmósfera y miedo rural que narra las noches de un hombre dedicado a recoger muestras de la fauna de un pueblo abandonado y sus alrededores. Mezclando metraje de cámaras recogido en la noche con una narración tradicional, esta historia de fantasmas provoca auténtico miedo, pese a contar con pocos medios o líneas de guion. Un trabajo de texturas y de planteamiento geográfico que apenas da unas notas de folclore que la asocian a los imaginarios Italian Gothic de Pupi Avati. Casi una reflexión sobre la Italia despoblada, parece el inicio de un subgénero de pueblos fantasma que podríamos compartir en la península ibérica.

Programa dobleThe Last Will and Testament of Rosalind Leigh (2012), otro trabajo de atmósfera pura, con un hombre solo en la casa recién heredada que viene con fantasma. Hay muchas con la misma idea que no logran el efecto hipnótico, místico y de horror que esta rareza indie.

48. Livide (2011) de Alexandre Bustillo y Julien Maury

Una de las que descolocan la primera vez y ha ido cogiendo fuerza a lo largo del paso del tiempo. El cine francés de terror vivió una gran época en los años 2000, pero su discurso extremo y gráfico ha ido perdiendo fuerza y el duo Bustillo/Maury ha caído en el anacronismo menos favorecedor. Sin embargo, en esta pequeña rareza surrealista de montaje tosco y algunos dejes de cine de terror juvenil hay una secuela perdida de Suspiria (1977) que aún trabaja con caligrafías de torture Porn y cine gótico previo al Conjuringverso, con referencias literarias fascinantes como los pasajes más siniestros de El hombre de arena (1816) de E.T.A Hoffmann. Una absoluta rareza de taxidermia, vampirismo y mad doctors con arrebatos de belleza inexplicable, fruto de la filosofía del horror francés contemporáneo y el intento del horror de factoría A24 sin que esto aún fuera algo. Un híbrido fascinante que queda como testimonio insólito de la bisagra entre dos etapas del terror que se han diferenciado de forma casi radical.

Programa dobleEvolution (2015), una desconcertante fábula entre lo lovecraftiano y el Cronenberg más neocárnico. Una poesía visual de momentos y texturas dentro del fantástico más abstracto y embriagado de mitologías marinas. Una rareza de terror francés a tener en cuenta.

47. The Taking of Deborah Logan (2014) de Adam Robitel

El auge y caída del género found footage y el mockumentary vivió sus etapas finales a mitad de la década, con muestras antológicas como la digna colección de V/H/S (2012) y secuelas, o falsos documentales bien hilados y tratando temas más amplios como The Banshee Chapter (2013), The Atticus Institute (2015) o Hell House LLC (2015), que siguen funcionando pero no pueden competir con la imaginería grotesca de este documental sobre la vejez y enfermedad degenerativa, que convierte el proceso natural de degradación en un relato de terror con ecos de relato literario clásico, connotaciones reptilianas y muchos momentos imborrables en la retina como ese gif, ya célebre en la red, con la mujer tragándose a un niño con la boca desencajada. El trabajo de Jill Larson es de Óscar, sin exagerar, sus momentos de desconcierto por la casa son puro lenguaje corporal y ha inspirado mucho a The Visit (2015), el modesto regreso de M. Night Shyamalan a la forma.

Programa DobleCreep (2014), la diabólica comedia negra del asesino que invita a un chico para que le realice un documental es ya un pequeño clásico del found footage, en donde lo interesante es la interpretación magnífica de Mark Duplass, que podría convertir esta y su estupenda secuela en una obra de teatro macabra.

46. L’étrange couleur des larmes de ton corps (2013) de Hélène Cattet, Bruno Forzani

Uno de los movimientos no oficiales que se han convertido en tendencia en el panorama de festivales durante la década es el neogiallo. Si bien Argento ha sido una influencia más o menos evidente en un gran número de autores, de James Wan a Nicolas Winding Refn, el giallo per se, y mucho del terror sobrenatural italiano ha creado una corriente de renovación, entre la nostalgia, el homenaje y la reformulación muy propia de los 2010. Uno de los primeros casos es la reivindicable Les nuits rouges du bourreau de jade (2010), la gore y estilizada Masks (2011) y puede que el más aceptado y elevado por la crítica, Berberian Sound Studio (2012) de Peter Strickland. Pero si hay dos directores que entienden el carácter sensorial de la narrativa italiana y la practican en toda su filmografía son Hélène Cattet y Bruno Forzani, que con esta El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo elevaron su propuesta hasta el delirio experimental de sonidos, montaje, primeros planos, filtros, colores y hasta casi olores.

Programa dobleThe Editor (2014), entre las muchas propuestas más paródicas del género, destaca esta maravillosa regresión a las patillas y cuellos de camisa descompensados lleno de imaginería visual que recuerda lo mejor de Sergio Martino. Una comedia que no se ríe del giallo sino que lo adora.

45. Krampus (2015) de Michael Dougherty

Tras la excelente Trick or Treat (2007), el director Michael Dougherty trató de acercar la leyenda del demonio de las Navidades al gran público como la némesis de Papá Noel, la sombra de Santa Claus e imagen ya icónica de la anti-Navidad. Esta figura terrorífica opuesta a San Nicolás que en vez de repartir regalos, castiga a los niños apenas aparece en la película, dejando protagonismo a todos sus secuaces, es decir, una conjura de muñecos y seres de todo pelaje que convierten la cinta en una comedia de terror que sigue la estela del espíritu de Joe Dante y sus Gremlins (1984), pero que a menudo se asemeja a las películas de muñecos diabólicos de la factoría Charles Band. Con un gran reparto con Toni Collette perpetuando su rol de madre de cine de terror, Krampus es una delicia con fragmentos animados, atmósfera oscura y un tramo final y twist que dejan tiritando.

Programa DobleYou Better Watch Out (2016), tan terrorífica como divertida (si tu idea de diversión involucra el gore y la tortura ocasionales), este home invasion navideño de sorpresa constante y buenas interpretaciones, es en el fondo un trozo de turrón envenenado sobre la vida en barrios privilegiados, las navidades o la masculinidad tóxica.

44. Dude Bro Party Massacre III (2015) de Tomm Jacobsen, Michael Rousselet, Jon Salmon

Los 2010 también han sido un año de vuelta del slasher arquetípico, pero en la mayor parte de las ocasiones que ha tenido éxito ha sido en forma de parodia, homenaje, emulación del estilo de los 80. Lo que hacía ya de alguna manera el remake de Friday the 13th (2009), generó una corriente bastante extendida de regreso a la estética VHS, los carteles y cubiertas retro y una herencia vintage de la cultura Grindhouse aplicada al videoclub. Así, surgieron ejemplos como Lost After Dark (2014), The Final Girls (2015) —y otro buen montón de películas de chicas finales— y series como Scream Queens (2015-2017) o American Horror Story 1984 (2019). Parecida a esta última, pero mucho más graciosa, inteligente e incisiva en la cultura masculina tóxica que destilan los films americanos de la época, es esta Dude Bro Party Massacre III, una muy modesta propuesta tan descerebrada y falta de pretensiones que se atreve con todo, posicionándose por delante del resto de parodias por su sentido del humor con la misma idiotez de aquellas películas adolescentes, pero de forma consciente y subversiva. Gore a raudales, muertes tan absurdas que se convierten en cónicas y estética de videocasete grabado ocho veces por encima.

Programa dobleScouts Guide to the Zombie Apocalypse (2015), aunque no es slasher, sino cine zombie, esta infravalorada comedia adolescente sabe reírse de las convenciones del género teen, haciendo el equivalente descerebrado de un American Pie (1999) con zombies y gore.

43. Vanishing on 7th Street (2010) de Brad Anderson

El éxito de A Quiet Place (2018) ha creado una tendencia de fin de la década en la que se ha recuperado la idea de un apocalipsis asociado a uno de los sentidos, ya sea “no hacer ruido que te comen los monstruos” como esta y The Silence (2019), o no mires que te suicidas en Bird Box (2018). Lo que no se suele comentar es que en la muy incomprendida Vanishing on 7th Street aparecía este concepto de forma original, donde era la oscuridad la que se tragaba al mundo sin dejar rastro, con un pequeño grupo de protagonistas asediado por las tinieblas, sin más defensa que unos fluorescentes y el generador eléctrico de un bar. Esta se apoya más en lo fantasmagórico y el surrealismo asociado a lo metafísico, pero ya proponía los dilemas de los supervivientes que tomaría el resto: la desesperación constante y la extrema dificultad de sus condiciones de supervivencia en la que si falla algo, la muerte es casi segura. Además, visualmente era muy atractiva, llena de sombras expresionistas y un tratado de narración en la oscuridad que el cine digital no ha vuelto a replicar con esta elegancia. El tiempo la ha ido colocando como uno de los “episodios largos de The Twilight Zone” modernos más enigmáticos y fuera de corrientes.

Programa dobleA Quiet Place (2018), John Krasinski logró dar forma a una serie B de concepto llena de criaturas grotescas, invocando a los clásicos y moviéndose modestamente entre la sencillez del cine de terror más accesible y el regusto por la ciencia ficción apocalíptica de ecos dramáticos, heredera de Shyamalan y Spielberg. 42. I am a Hero (2015)

42. I am a Hero (2015) de Shinsuke Sato

El cine de zombies ha vivido una segunda vida en Asia durante los 2010, con un par de grandes ejemplos que superaban la escala de lo que habitualmente habíamos visto en el cine gracias a un gran presupuesto. Mientras la coreana Train to Busan (2016) se compone de un tejido de escenas poco complacientes que prescinden de la sangre y se mueven hacia la acción, la japonesa I am a Hero tiene una escala gigantesca, y un sentido de la diversión que no evita la tragedia, pero mirando hacia el despiporre con un baño de sangre memorable que la deja entre las mejores películas gore de culto de la historia herederas de Braindead (1992). Basada en el manga del mismo nombre, también supuso el reflejo de un fenómeno de esta década en Japón, los live action fieles, grotescos y que a menudo reflejan la violencia descarnada del papel sin reparar en gastos en la acción. Imposible no mentar la versión de Attack on Titan I y II (2015), cuya primera parte es una película de zombies kaiju, Gantz (2010-2011) y Inuyashiki (2018).

Programa dobleParasyte I y II (2015), la adaptación del manga homónimo también conoció un gran anime, pero esta especie de cine de superhéroes de nueva carne con variaciones alienígenas de The Thing (1982) es la más cercana a los diseños grotescos del cine de terror.

41. Don’t Breathe (2016) de Fede Álvarez

Tras su potente debut tras las cámaras en el remake de Evil Dead (2013) el director Fede Álvarez aprobó con nota la reválida con un reciclaje maestro de clásicos vistos mil veces con una receta clásica de tensión constante y giros encadenados mantiene con las uñas clavadas al asiento durante sus noventa minutos. Como una versión inversa de Wait Until Dark (1967), en la que las víctimas son los ladrones, se actualiza con una dirección espectacular, el uso de una fotografía en colores fríos y la tétrica y excelente banda sonora de Roque Baños, consiguiendo una atmósfera de horror validada por las concesiones a la estética de salvajismo heredada por Tobe Hooper y el espíritu torture porn de la década pasada. Da igual si, en el fondo, es casi un remake de The People Under the Stairs (1991) de Wes Craven, o tiene un giro calcado al de Grandmother’s House (1989), todo funciona con precisión, técnica y la pasión propia de un director con hambre.

Programa dobleDream Home (2010), entre el home invasion y el slasher, esta sátira de la dificultad de acceder a una vivienda en Hong Kong sigue siendo relevante y su comentario social no está reñido con su gore exagerado y verdaderamente grotesco.

40. The Nightmare (2015) de Rodney Ascher

Parte documental, parte película de terror, The Nightmare es el reflejo cinematográfico de un fenómeno televisivo que ha acabado convirtiéndose en un subgénero a caballo entre el falso documental, el docudrama y el cine de terror tradicional. Series como A Haunting (2005-) llevan surgiendo y expandiéndose en la televisión americana desde hace tanto tiempo que en los 2010 han alcanzado niveles de producción y edición propios de grandes productos, jugando con el efectismo y la complicidad del público, conociendo incluso su versión Netflix en 2018 bajo el original nombre Haunted (2018). El documental de Ascher es una mirada terrorífica al fenómeno de la parálisis del sueño, bien documentado y registrado, que, a lo largo de una visión global de varias entrevistas, descubre que todos los casos tienen algo en común, lo cual es más terrorífico que las pequeñas piezas que acompañan las descripciones de los episodios de pesadillas que viven los testigos. Hombres de negro, viejas brujas, enanos apoyados en el pecho… ante todo, es una documentación fascinante de una condición del sueño terrible y milenaria.

Programa dobleLa rage du démon (2016), el documental ha dado infinidad de largos reseñables en la década y este francés es una versión mockumentary sobre las películas malditas al estilo Le fin absolute du monde de John Carpenter, que en realidad esconde un estudio y homenaje al aspecto esotérico y ocultista de Méliès y los orígenes del cine.

39. Riddick (2013) de David Twohy

La tercera parte de una trilogía de terror y ciencia ficción con un capítulo intermedio que trató de ser un blockbuster. David Twohy imaginó a un personaje propio de la filmografía de John Carpenter, un asesino peligrosísimo que acaba convertido en héroe por accidente como un psicópata amoral con un mínimo de sentido del honor. Sacado directamente de la idea de Alien 3 (1990), con una cárcel llena de escoria galáctica, esta conclusión es la mejor de la trilogía, evocando las ficciones Metal Hurlant sin ningún tipo de vergüenza ni pudor, con una estructura apasionante que divide una mitad a lo Castaway (2000) con monstruos y perros espaciales, un Vin Diesel primo hermano del Den de Richard Corben y un diseño visual lleno de paisajes sacados de un álbum de Frank Frazetta. Violenta, macarra, gore, juguetona y fantasma, es tan incorrecta en ocasiones que parece de otra época. Su segunda parte es un western virado a noche de los Aliens vivientes y permanece como una mezcla perfecta de horror, acción y ciencia ficción, casi una rareza en el recorrido de la década.

Programa dobleHellboy (2019), como Riddick, este regalo absoluto de Neil Marshall es cine Heavy metal, hortera, grueso, ultraviolento y nostálgico de los tebeos de 2000 A.D., además de la mejor adaptación del gran cómic de Mignola, dando a los fans del terror el blockbuster de acción con superhéroe satánico que nadie tuvo pelotas para financiar.

38. Crawl (2019) de Alexandre Aja

Elegida por Quentin Tarantino en su top 3 de 2019. Esta producción de Sam Raimi es el ejemplo de que una buena idea, con una chica y su padre encerrados en una casa con caimanes en medio de un huracán, bien desarrollada, puede sacar lo mejor del género sin coartadas ni más ornamentos de los necesarios. Aja navega entre el terror de vieja escuela con vestigios del extremismo francés y las soluciones espectaculares de Hollywood sin abusar de cgi. Dejando gran parte del trabajo en la siempre cautivadora Kaya Scodelario, que convierte a una nadadora exigente consigo misma en una heroína survival memorable. Como un menú del día del bar del barrio cocinado por un chef con estrella michelín, Crawl es una película de cocodrilos concisa, eficiente, espectacular y sangrienta. El ejemplo perfecto de cine de horror veraniego que no busca ser más de lo que es, sino que da lo mejor de sí misma a cada minuto, ofreciendo la mejor versión de una cinta de estas características, que no es poco en una época en la que hay algo de saturación de terrores de autor o cargados de mensaje. A veces hace falta saber que aún se pueden hacer películas tan químicamente puras como esta.

Programa doblePiranha 3D (2010), el remake de Aja del clásico de Joe Dante sustituye la gracia serie B por la estupidez y el gore sin mesura, logrando un slasher animal festivo y verbenero cuyo atractivo reside en ver devorados cuantos más jóvenes estúpidos con poca ropa mejor.

37. Overlord (2019) de Julius Avery

Nunca un híbrido de cine bélico y terror había sido tratado a esta escala y nivel de espectáculo. A Overlord se le achaca, con parte de razón, que no desarrolle hasta el final sus elementos fantásticos y de horror, ya que la trama de experimentos y soldados reanimados comienza algo tarde y nunca acaba de explotar como podría, vistos los espeluznantes resultados de sus ocasionales, pero muy efectivas, apariciones mutantes en una especie de laboratorio del infierno. Al final, el terror es un ornamento sobrenatural para apretar las dificultades de una misión inicial que nunca se sale del carril de su condición de historia de guerra, cuyo objetivo principal es contar la peripecia de un grupo de soldados que van a cumplir su misión de cualquier forma, al estilo de un Amazing Stories de los 80, virado hacia el terror. Finalmente, el equilibrio logrado entre producción, personajes, acción y body horror es inédito para el subgénero. Un tebeo de la serie Weird War Tales de DC con ecos de Re-Animator (1985), Day of the Dead (1985) y The Thing (1982) no apto para puristas del cine de la Segunda Guerra Mundial, pero que permanece, de momento, como el mejor film de guerra con horror.
36. Bloody Muscle Body Builder in Hell (2012) de Shinichi Fukazawa

Mejor que cualquier remake de Evil Dead (1981) este film japonés, que logra captar la esencia más barata, de bajo presupuesto y delirante de la ópera prima de Sam Raimi, buscando asemejar su estética y doblando la cantidad de efectos gore y gags de humor splatstick sin ninguna vergüenza a resultar demasiado absurdo o tonto. Una de esas películas de espíritu trash y voluntad de videoclub que, extrañamente logran una estética única, con sus efectos stop motion, sus maquillajes de arcilla y su sangre de consistencia de puré de zanahoria y gores de plastilina. Con grano de film perdido de los 80, en realidad no es ningún filtro ni tratamiento de post-producción sino pura vieja escuela. El secreto es que realmente sí es un incunable. Rodada en super 8 en 1995, Fukazawa tuvo que esperar diez años para tratar todo el material y poder editarlo y posteriormente, al acabarlo en los 2000 otros cuantos años hasta que fue editada y distribuida. Un auténtico trabajo de amor y artesanía, divertidísimo y no para todo el mundo, pero que los amantes del VHS verdadero y no de imitación encontrarán vanguardista y superior a los múltiples intentos de imitarlo que asolan el mercado DVD.

Programa dobleDeathgasm (2015), la sombra de Evil Dead es alargada y este tratado de cultura Heavy Metal juvenil de tono autoconsciente es el equivalente a Kung Fury (2015) llevado a la demonología y los films de bandas y demonios como Trick or Treat (1986).

35. The Reef (2010) de Andrew Traucki

Tras plantear un survival con cocodrilos ultra realista en Black Water (2007), el director Andrew Traucki fue a por el plato fuerte del terror animal australiano. El gran tiburón blanco. Reincidiendo en un estilo de cámara en mano semidocumental e inmersivo, The Reef cuenta la historia real de Ray Boundy, el único superviviente de un incidente real muy similar al de la película, no muy distinto al de la angustiosa Open Water (2003), de la que esta toma la claustrofobia del mar abierto y la mejora con sus terroríficos planos submarinos sin nada a la vista más que sombras. Un film que crea puro pánico y paranoia sin apenas mostrar al tiburón, y cuando lo hace es espeluznante al rodar con el animal real sin jaulas. No solo es la mejor cinta de tiburones de la década sino que sitúa muy bien la cultura australiana relacionada con la naturaleza salvaje y sus lugares no aptos para los humanos, resultando tan plausible como aterradora.

Programa dobleThe Shallows (2016), una espectacular película de supervivencia con la premisa de La Balsa de Stephen King, pero con un gran tiburón blanco. Llena de momentos memorables, y con un gran guion con detalles como una gaviota llamada Steven Seagull, pierde algo de impacto por exceso de irrealidad con un desenlace de blockbuster tosco.

34. Cabin in the Woods (2013) de Drew Goddard

Impulsada por su recordado y alucinante tramo final, esta comedia de terror ha gozado de una fama algo exagerada, dado que el buen sabor de boca que provoca se debe a un clímax fascinante, pero más apresurado y corto de lo que uno recuerda en las revisiones. Pero es imposible no rendirse ante un monster mash llevado a escala épica. Heredera del filón de los reality horror de los 2000, pero llevado al terreno de la ciencia ficción, en Cabin in the Woods hay una organización secreta desconocida que se dedica a engañar y monitorizar a adolescentes para que sean masacrados por criaturas clásicas del cine de terror. En realidad, más que un juego, es una tradición mundial. Cada año, deben ser sacrificados en este ritual varios jovenzuelos de distintas partes del globo para mantener contentos a dioses primigenios. Pero todo es grabado y observado por los funcionarios de la corporación, que entre donuts y chascarrillos apuestan sobre quien muere antes o qué criatura le corta la cabeza a quién. Una sátira de programas televisivos conocidos copia sin rubor a Stay Tuned (1992), que también tenía la misma base argumental con una corporación diabólica que necesita hacer sacrificios y controla cada víctima en un monitor.

Programa dobleEvil Dead (2013), discutida, odiada, amada, esta nueva versión del clásico de Sam Raimi eliminaba los detalles sobrenaturales de casa encantada y se centraba en los poseídos, el body horror y el gore. Más afín a los terrores torture porn de la década anterior que a la ola sobrenatural de la siguiente, es un buen ejemplo de cine de cabaña en el bosque.

33. The Invitation (2016) de Karyn Kusama

La ganadora de Sitges 2015 es uno de los trabajos de tensión insoportable más sólidos del cine de terror de la década. Parte drama de ruptura, parte thriller con trasfondo de sectas, empieza con cierta pereza pero va subiendo el nivel de paranoia de forma exponencial hasta su gran tercer acto. Un engranaje sorprendente del que es mejor no saber nada antes que empiece, con una simple premisa de una invitación a una cena, al estilo de Perfectos Desconocidos (2017) pero a lo loco, con el fantasma de la culpa sobrevolando y un final redondo. A medida que se va transformando en una pesadilla psicológica polanskiana, exige dejarse llevar por la experiencia que propone, un ejercicio de suspense memorable y sorprendente que construye una paulatina sensación de fatalidad irrespirable.

Programa DobleThe Conspiracy (2012), un mockumentary con el tema peliagudo de las sectas y cultos asociados a los illuminati y la investigación de dos hombres que acaban llevando, como no, su investigación demasiado lejos. Un tema recurrente en el found footage de los 2010 con otros ejemplos como V/H/S 2 (2013) o The Sacrament (2013).

32. Everything is Terrible! The Great Satan (2017)

Uno de los fenómenos underground más duraderos desde la época de los VHS son los montajes de mejores momentos de otras películas. Como una especie de documentales sin narrador, las mixtapes se han hecho toda una cultura de foros, venta clandestina de dvds y ahora, en los 2010, como canales de youtube e incluso eventos de interactuación. El colectivo Everithing is Terrible! es conocido por sus clips y montajes delirantes, pero su obra maestra es The Great Satan, en la que a base de todo tipo de material audiovisual, desde películas de serie B, filmografías de David DeCoteau hasta filmes educativos ultracristianos conforman una historia con sentido, enlanzando momentos, gags y respuestas que examinan la historia de satanás en la cultura de forma absolutamente hilarante y visualmente deliciosa. Un delirio que implica horas y horas de trabajo, guion y documentación que lleva el arte de los mixtapes a niveles de gran cine, por supuesto, alrededor de iconografías satanistas, de horror y serie B, trash y directo a vídeo inencontrable.

Programa dobleSkeleton Farm’s Halloween Horrorshow (2010), una mixtape dedicada a la fiesta de Halloween en la que se mezcla el rock’n’roll con el cine de terror clásico, el moderno y el gótico con clips de todo tipo, de viejos filmes de propaganda a números musicales ignotos de los años 40. Tiene continuación.

31. Crimsom Peak (2015) de Guillermo del Toro

Habían pasado demasiados años sin que se hiciera un romance gótico clásico con todos los cartuchos visuales del género dispuestos y Guillermo Del Toro se encargó de elaborar una sencilla historia con pocas sorpresas pero suficiente espacio para remezclar La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe con El Tío Silas de Sheridan Le Fanu y hasta Operazione Paura (1966) de Mario Bava. Es decir, una excusa para desplegar toda una explosión de colores, detalles y excelencia de diseño artístico y una puesta en escena preciosista y plenamente macabra, fantasmagórica. Todo un lujo aderezado por sangre y oscuridad que funciona más como una pequeña obra de arte, un libro pop-up en movimiento preparado para extasiar los sentidos. Un cuidadísimo trabajo de orfebrería estilística en donde la trama arquetípica de barba azul era lo de menos. Quizá la película más honesta de Del Toro, en la que se olvida de tratar de enmascarar sus filias por el horror a base de dramas impostados y prepara cada secuencia para las apariciones de un Javier Botet consagrado como el monstruo cinematográfico de la década.

Programa DobleThe Lodgers (2017), Clásica historia de fantasmas ambientada en Irlanda a principios del siglo XX, también heredera de Poe, que combina una soberbia sensación de descomposición familiar con sombras profundas y tenebrosas para alcanzar una atmósfera de fantasía de otro mundo más que un miedo absoluto.

30. Under the Skin (2013) de Jonathan Glazer

Una película que indignó a bastantes tarugos que la vieron en busca de un desnudo completo de Scarlett Johansson y se encontraron con una silenciosa crónica de una visita extraterrestre, muy atmosférica y en ocasiones rayana al video arte. Nació moderna y aún sigue dando de qué hablar, entre otras cosas por su descripción del espacio negro, una metazona oscura e infinita en la que la extraterrestre embebe a sus víctimas que fue fusilado por Stranger Things en los viajes de Eleven a una dimensión de contacto psíquico. Más allá de esto, el film de Glazer es una vuelta a las formas del cine más gélido y telúrico de Nicolas Roeg y no necesita muchas líneas de diálogo para que entremos en la lógica de una mujer que cayó del espacio que pasa de depredar a hombres a cuestionarse su propia existencia. Las imágenes de piel cayendo en los abismos de obsidiana líquida son como una portada del cómic Black Hole de Charles Burns llenas de lírica horripilante.

Programa dobleAnnihilation (2017), otro híbrido de ciencia ficción y terror etéreo, altamente experimental y con imágenes cercanas al film de Glazer, como esa silueta sin forma definida que es el doble de Natalie Portman. Una versión mutante del Color que cayó del espacio de H.P. Lovecraft, con toques de The Thing (1982) con un oso monstruoso que da miedo.

29. Balada Triste de Trompeta (2010) de Álex de la Iglesia

En Laugh, Clown, Laugh (1928) se establecía una guerra por el mismo interés amoroso entre dos payasos de un circo, que acababa con una amarga visión del lado más triste y oscuro del personaje del circo que se emparentaban habitualmente por la figura de Lon Chaney, un actor habitual de Tod Browning, que protagonizó muchas de sus sórdidas crónicas de ferias de freaks ambulantes, con personajes trágicos que se lanzan a los bajos instintos por pura venganza y amores no correspondidos. No es casualidad que una imagen de Chaney aparezca en los alucinantes títulos de crédito de la kamikaze Balada triste de trompeta, que recuperaba una tradición perdida de cuentos de payasos reales que dan miedo. Curiosamente, el éxito de Joker (2019) le da una nueva dimensión a su idea principal, ya que también un payaso sin gracia se volvía loco e iniciaba una furia homicida en un contexto político convulso, con Raphael en vez Gary Glitter. El film de De la Iglesia salta sin red para describir el corazón podrido de una España en plena división. Grotesca, gore, y hasta con reminiscencias góticas —ese Valle de los caídos de la Hammer— o del Giallo —esa muerte a lo Suspiria (1977) con una bandera de España— la convierten en una granada de dolor, deformidad, esperpento y muerte imprescindible para entender España en los 2010.

Programa DobleEl Bar (2016), ideal para completar la visión de la España mezquina de De la Iglesia, este Ángel Exterminador en el Palentino tiene más de George Romero dibujado por Francisco Ibáñez y sigue siendo un film tan sucio y cabreado que hace una duología idónea para ver una tras otra.

28. The Neon Demon (2015) de Nicolas Winding Refn

Desafiando a los fundamentalistas de la narración convencional con una muestra corregida de sus desvaríos estilísticos menos afortunados, Nicolas Winding Refn nos sumergió en una odisea visual y sensorial que eleva sus referentes formales en una propuesta fascinante y absorbente, una hermosa orgía de surrealismo caníbal que gusta y abusa del uso de colores, iluminación y arquitecturas salidas de Argento, De Palma o Mario Bava proponiendo una experiencia cinéfaga absorbente. Su vocación de videoarte ayuda a abrir la mente sobre lo que debería ser una película de terror más allá de los sustos y las muertes, en una experiencia embriagadora y esotérica que se podría considerar el remake bueno de Suspiria (1977) y en la que caben Kenneth Anger, la condesa Bathory y el David Lynch de Mulholland Drive (2001). Su discurso sobre el narcisismo y depredación en el mundo de la moda, el arte y el espectáculo, vampirizaba a la inferior Starry Eyes (2014) pero ambas son proféticas de lo que se acabó descubriendo en los escándalos del MeToo.

Programa DobleMasks (2011), tosca en las formas y más preocupada en los elementos sangrientos que en clavar el aspecto visual, este otro remake apócrifo de Suspiria no esconde sus referentes y sirve de aperitivo sangriento para el filme de Refn.

27. Last Shift (2014) de Anthony DiBiasi

El mercado de vod ha abierto las puertas a un amplio abanico de ofertas, voces, autores y alternativas al horror mainstream, a menudo con opciones más áridas, rugosas y menos seguras que las que podemos encontrarnos en las pantallas de cine. Algunas veces, incluso aparecen muestras de terror sólidas que van cogiendo categoría de culto con el paso de los años. Last Shift se encuentra entre los filmes que llegan a duras penas a algunos países y resultan ser mejores que muchos de los filmes estrenados en su año. Recuperando la efectiva premisa del turno de noche solitario de un solo personaje frente a terrores desconocidos, el film de DiBiasi aprovecha la atmósfera de una comisaría en la que han ocurrido cosas relacionadas con cierta secta de adoradores del demonio Paimon —ojo a los fans de Hereditary— y, básicamente la última noche del precinto deriva en una pesadilla de silencios, apariciones y trampas psicológicas. Otras nuevas variaciones del mismo tema como The Vigil (2019) o The Posession of Hanna Grace (2018) funcionan pero no replican la atmósfera de aislamiento y misterio de esta.

Programa dobleThe Autopsy of Jane Doe (2016), una noche en una morgue, un misterio y una resolución propia de Tales From the Crypt. Una película de terror sobrenatural tan buena como Last Shift, pero que acaba perdiendo impacto en revisiones, ya que el misterio de quién es el cadáver de Jane Doe, es una de sus grandes armas durante la mayoría del film.

26. Enemy (2013) de Denis Villeneuve

Villeneuve ha logrado, película a película, establecerse como uno de los directores con más personalidad y talento del cine fantástico. Tras un impresionante psycho-thriller tenebroso como es Prisoners (2013) ese mismo año estrenó su película más extraña y menos conocida. Una adaptación de José Saramago sobre doppelgangers y el mito del doble que, en realidad, escondía todo un laberinto psicológico hacia el corazón de la culpa, con visiones surrealistas y simbolismo constante, las arañas monstruosas son uno de sus leitmotif recurrentes apareciendo en los momentos más inoportunos, desde que en una extraña reunión secreta de hombres frente a una stripper aparezca una tarántula sin que podamos descubrir las claves de esas siniestras reuniones. Una elegante pesadilla claustrofóbica llena de enigmas e interpretaciones, con pistas para construir un puzzle que nunca se nos llega a presentar como tal, pero que plantea cuestiones sobre la infelicidad, la soledad, las relaciones y el egoísmo mientras deja gotas de maestría narrativa en 90 minutos inquietantes que se meten bajo la piel para no soltarte.

Programa dobleBilocation (2014), el tema de los dobles ha sido también recurrente en la década pero esta ha pasado bastante desapercibida, al igual que Another Me (2013) de Isabel Coixet, este film está dirigido por una mujer y resulta un complemento perfecto a la de Villeneuve como respuesta a los pánicos vitales de la mujer simbolizados en un doppelgänger.

25. John Dies At The End (2012) de Don Coscarelli

Es una auténtica pena que en los 2010 pocos de los grandes maestros del terror moderno hayan conseguido cerrar sus proyectos con éxito o hayan conseguido hacer algo que trascienda. El único caso destacable es el de Don Coscarelli, por quien parece que no pasan los años cada vez que nos entrega una nueva película. Levantando proyectos con poco dinero, probablemente habría necesitado algunos millones de dólares más para hacer justicia a la escala de la novela de David Wong. Otra cosa es que la película como esté no tenga muchos aspectos superiores al texto que adapta. John Dies at the End es un oasis dentro de la década, sin parecerse a nada en particular, se podría describir como la gran aventura de ácido de Bill y Ted, una road movie de terror surrealista con ecos de William Burroughs y Cronenberg pero con el estilo festivo del tándem Stuart Gordon y Brian Yuzna. Comedia gore de trama impredecible, un Existenz (1999) pop con personajes salidos de una buena película de Kevin Smith que demuestra que antes de las aventuras scifi lovecraftiano-costumbristas del dúo Benson/Moorhead, el director de Phantasma (1979) ya había pasado por allí.

Programa DobleDetention (2011), si algo define el film de Coscarelli es que es tan imposible de clasificar que se ha convertido en una pieza de culto y poco menos ocurre con este slasher con viajes en el tiempo —ejem, Happy Death Day (2017)— que hace una llamada al club de los cinco y acaba siendo una especie de Scott Pilgrim vs the World para fans del cine de terror.

24. Baskin (2016) de Can Evrenol

Aunque internet nos permita tener cada vez más cerca otras filmografías, nuestra burbuja occidental no ha dejado entrar demasiado el fenómeno de la explosión del cine de terror turco de esta etapa con sagas como Siccin, Dabbe, Musallat o Harfliler generando secuelas y secuelas anuales. Al igual que la expansión del horror sobrenatural indonesio, no es fácil encontrar ejemplos que se salgan de las habituales propuestas de exorcismo y luchas contra demonios plagadas de sustos facilones. Sin embargo, el debut de Can Evrenol es una experiencia de horror sobrenatural sin tamizar, que maneja a la perfección sus referentes occidentales para ofrecer una historia de folklore turco de textura infernal y onírica que justifica su tendencia al gore, rozando el torture porn, en una de esas muestras raras y fascinantes que ofrece el género cada mucho tiempo. Desde Clive Barker a Fulci o Argento, pasando por Ze do Caixao, este extraño, exótico, salvaje y realmente escalofriante sueño infernal no está destinado a la discusión en circuitos indies pero muestra un pequeño pedazo de lo pudiera ser el horror absoluto.

Programa dobleTumbbad (2017), una fascinante fábula oscura en tres generaciones sobre el poder de la avaricia basada en el folklore hindú, narrada con brío y compromiso con los ribetes más sórdidos de su ambientación. Hay toques de horror que, como el film de Evrenol, podrían ilustrar un relato de Clive Barker.

23. What We do in the Shadows (2014) de Taika Waititi y Jemaine Clement

Pese a que a muchos les da urticaria asociar la comedia al terror, las parodias, los híbridos y las variaciones de temas clásicos del cine de espantos por medio del humor ha sido también una constante en el género desde el propio Frankenstein (1931), por lo que no iba a ser menos en esta década. Este descacharrante mockumentary de vampiros jugaba con todos los tópicos del monstruo y creaba un magnífico retablo de lo que debe ser una comedia de terror. No sorprende viniendo del gran Taika Waititi, que ha acabado dirigiendo para Marvel. Haciendo equipo con Jemaine Clement esta película ha servido para hacer dos spin offs en forma de serie, la homónima cuya primera temporada no solo igual sino que supera al film y la estupenda Wellington Paranormal (2018-) que ya va por su segunda temporada. Casi nada.

Programa dobleTuck and Dale vs Evil (2010), la otra gran comedia de terror de la década es más un clásico bombazo de sesiones golfas festivaleras, con splatstick demencial y una sátira del modelo hillbilly americano que servía de clavo en el ataúd del revival de horrores de América profunda célebre en los 2000.

22. Stake Land (2010) de Jim Mickle

El descubrimiento de un gran talento del cine fantástico que sacó ventaja a la gran mayoría de directores independientes de su generación, puede que junto a Ti West el único representante de la filosofía de cine fuera del circuitos del padrino del horror al margen de los grandes estudios, Larry Fesseden, con su productora Glass Eye Pix, el verdadero germen del mumblegore y otras escenas posteriores. Y haciendo honor al pionero del horror indie, esta road movie post apocalíptica es la secuela del cine zombie de Romero que podría haber surgido si el director hubiera llevado sus ideas del cine de vampiros a su terreno. Un modesto coming of age salvaje, de fascinante tono de western crepuscular y lleno tanto de criaturas como de monstruos humanos que se adelantaba mucho en tono y soluciones a temporadas posteriores de The Walking Dead (2010-), mientras trataba aspectos candentes en la geografía americana que se han hecho reales en los episodios de Charlottesville.

Programa dobleThe Crazies (2010), los últimos coletazos del primer revival zombie (el siguiente sucedería en la televisión y en Asia) se tradujeron en un espectacular remake del film de George Romero que inventó a los “infectados”, limando mucho de su discurso político pero logrando un gran film lleno de giros, impacto y mirada nihilista.

21. Sinister (2012) de Scott Derrickson

Cuando James Wan aún se estaba limpiando la sangre del muñequito de Jigsaw, preparando sus películas de terror con hálito sobrenatural que tardarían algunos años en llegar, el director Scott Derrickson recuperó el terror satánico al mismo tiempo que las precuelas oficiales de The Exorcist (1973) sorprendiendo a muchos con la estimable The Exorcism of Emily Rose (2005), que fue la verdadera iniciadora de una nueva veda para el cine de posesiones y de raíces satánicas y diabólicas. Con Sinister recibió la confianza de Blumhouse tras el éxito de Insidious (2010), enfocando de nuevo su mirada a lo diabólico, e inventándose a un nuevo hombre del saco que representaba al mal puro, en un drama psicológico que acompaña en la espiral de decadencia a su protagonista con las secuencias de terror dentro de los códigos de casa encantada modernos, logrando uno de los mayores éxitos de Blumhouse, y una de los filmes de su estilo más perturbadores de su década, gracias al uso de grabaciones encontradas dentro de la película que causan escalofríos.

Programa dobleThe Canal (2014), otro descenso a la locura de un hombre influenciado por los demonios y fantasmas dentro de su casa, pero con el factor de la culpa del corazón delator dentro de la receta. El tono y parte de la investigación personal tienen muchos puntos en común con Sinister.

20. Under the Silver Lake (2018) de David Robert Mitchell

El director de It Follows (2014), se alejó del terror para elaborar un complejo viaje al corazón de Los Ángeles suburbano con un artefacto mucho más complejo y tan inclasificable que merece su aparición en la lista antes que su irregular primer acercamiento al horror. Con mimbres de cine negro con ribetes de fantástico casi surrealista, trata de desentrañar el sentido de la cultura pop, con Andrew Garfield como una especie de Gran Lebowski millenial, perdido en un laberinto de paranoia y señales ocultas en el que hay espacio para bastantes escenas inquietantes, leyendas urbanas creepy —esa terrorífica mujer búho— y momentos gore además de constante suspense onírico heredado de Vertigo (1958). La idea de que hay algo detrás controlando todo hace que la conspiranoia se cruce con el humor absurdo. La mirada al reverso oculto y oscuro de la ciudad soleada y brillante como Los Ángeles va por caminos turbios, que la incorporan a un subgénero con la ciudad como protagonista, junto a la inquietante Day of the Locust (1975) o Mulholland Drive (2001) y se postula como la mejor adaptación apócrifa de la novela gráfica Like a Velvet Glove Cast in Iron (1993) de Daniel Clowes, incorporando momento visuales también propios de Charles Burns, lo que automáticamente la hace una imprescindible de género, pese a no entrar en ninguna categoría.

Programa DobleNightcrawler (2014), otro film de culto que no puede ser catalogado como terror, pero que muestra una Los Ángeles turbia, oscura y casi surrealista que la hace imprescindible para los fans del género. Jake Gyllenhaal hace de sociópata amoral y casi perturbado que da más miedo que Norman Bates.

19. Black Swan (2010) de Darren Aronofsky

Uno de los primeros intentos de remake fallido Suspiria, cuya protagonista iba a ser Natalie Portman, dejó como secuela esta maravilla de Aronofsky que transcurría en una escuela de ballet, en la que hay duras sesiones de ensayo cortadas por el patrón del film de Argento. Este lavado de cara a los thrillers psicológicos de Roman Polanski marcaría la tendencia del uso del género en el horror durante la década. Con más de una ayuda del anime Perfect Blue (1997) de Satoshi Kon, de la que toma más de un plano prestado, cuenta la historia de una frágil y joven bailarina que se enfrenta al durísimo entrenamiento para el estreno de El lago de los cisnes mientras se va consumiendo por su alter ego poderoso y la vulnerabilidad inicial del personaje se va transformando en una obsesión que la consume y transforma. Un tour de forcé para Natalie Portman, que va desde la fragilidad a la angustia mientras las alucinaciones a su alrededor se convierten en una pesadilla digna de los pasajes más suntuosos de The Red Shoes (1948), compartiendo un argumento similar a la desconocida y recomendable Etoile (1989) para narrar un descenso a los infiernos, de progresiva degradación y asfixia hasta llegar a convertirse en una cinta de terror con todas las letras.

Programa DobleDarling (2015), las variaciones, reformulaciones y rescates de Repulsion (1965) de Polanski en esta década dan para un estudio y una de las más estimulantes es esta pieza experimental de Mickey Keating que pone imágenes expresionistas pop a un descenso a la locura.

18. Verónica  (2017) de Paco Plaza

La mejor película de Plaza se mete de lleno en las corrientes del terror de la década en una de las muestras más sólidas de los últimos años por su oscura visión del fin de la infancia como un mundo de horrores y fuerzas diabólicas. Su gran triunfo es meternos en la piel de una adolescente de quince años hastiada, superada y en un bucle de tristeza por la pérdida. El corazón de Verónica es la propia Verónica, propia obsesión melancolía y su papel de guardiana roza, en ocasiones, espirales de locura polanskiana que entroncan perfectamente con su vocación sobrenatural y la llevan más allá del mero espectáculo de terror, hasta el terreno de la fantasía oscura y la metáfora de horror llevada a cabo por obras como A Company of Wolves (1984). Una consecuencia de su momento que toma como punto de partida un caso paranormal real, con ambientación de época como elemento conectivo, pero más que una versión castiza de The Conjuring (2013) es un coming of age oscuro, divertido, terrorífico y triste que escarba en algunos clásicos ocultos como The Sentinel (1977) dando la vuelta a escenas ya asimiladas por el público con una personalidad castiza y costumbrista que la colocan en el top ten de las mejores películas de terror que se hayan realizado nunca en España.

Programa doblePyewacket (2017), la versión siniestra y satánica de Ladybird (2017), a medio camino entre el cine de iniciación más áspero y la película de terror contemporánea, es la prima american gothic suburbano de Verónica.

17. The Void (2016) de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski

Otro fenómeno de la década es la producción vía crowfunding de obras independientes. Puede que el mejor ejemplo salido de este sistema, The Void es limitada en recursos, pero logra sobreponerse a las limitaciones de película de amigos con humildad y una traslación de lo que significa el horror cósmico como pocas veces se ha visto en pantalla. Con temas y vestigios visuales de Lucio Fulci y Clive Barker, trata de emular la sobriedad narrativa del John Carpenter de la trilogía del apocalipsis, en su versión más nihilista, sin intenciones de alcanzarle o aportar nada nuevo, pero con voluntad de rescatar un tipo de cine muy concreto con pasión y amor al género en cada fotograma. Una visión ochentera del género inamovible, oscura, árida y sin concesiones, que no juega al guiño kistch, sino que abraza sin concesiones lo insondable e incluso surreal, proponiendo nuevas vías para el género utilizando las mismas bases literarias de donde proviene con algunos de los FX prácticos más alucinantes vistos en años, con diseños pesadillescos y creaciones grimosas. Mientras, logra condensar una atmósfera tensa y lóbrega sobre la que se va destapando su constante ristra de sorpresas Lovecraftianas sin rendir cuentas a nadie. Un milagro de culto hecho por fans, para fans, que nunca habría visto la luz de otra forma.

Programa DobleThe Endless (2017), el espíritu rebelde en el cine de Benson y Moorhead los sitúa dentro de una burbuja aislada de tendencias en la que se acercan a lo lovecraftiano explorando la paradoja de los universos paralelos mediante una ruptura de la lógica entre espacio y tiempo con muy poco presupuesto.

16. I Saw The Devil (2010) de Kim Jee-woon

Otro de los fenómenos del cine de terror de la década es la explosión en cantidad y calidad de cine de género en Corea del Sur, siguiendo la tendencia de la década pasada, muchos de los grandes nombres de aquel momento lograron sus mejores obras en la presente. Probablemente, el mejor director del lote es Kim Jee-woon, quien propuso una demencial historia de venganza con uno de los asesinos más despiadados y terroríficos, por su frialdad, del cine con asesinos en serie. Rompiendo cualquier expectativa de género relacionada, I Saw the Devil es tanto una película de terror, como un thriller de venganza, como un espectáculo gore de grand guignol heredero incluso del chambara de géiseres de sangre. La set piece final es una endiablada construcción del asesinato macabro propio de una secuela de Final Destination (2000) o un episodio de Rasca y Pica que deja clara la caligrafía de la violencia y la sangre con la que Jee-Woon dota a su inigualable visión de los límites de la humanidad y la futilidad de los instintos más básicos.

Programa dobleThe House that Jack Built (2018), el monstruo desde su punto de vista puede ser más terrible, pero también puede dar para comedia negra. Lars Von Trier hizo un manifiesto kamikaze lleno de violencia absolutamente intolerable, estomagante y divertida.

15. Daniel isn’t Real (2019) de Agam Egypt Mortimer

Tras la curiosa Some Kind of Hate (2013), Mortimer sorprende con una adaptación de la novela In This Way I Was Saved (2009) que coguioniza el autor de la misma. Utilizando la idea del amigo imaginario, Daniel Isn’t Real se postula como una revisión en toda regla del clásico silente Der student von Prag (1926) y el mito de Jekyll & Hyde para desarrollar una escalofriante plasmación de la esquizofrenia, que consigue posicionar al espectador en la angustia vivida por alguien que realmente siente un desdoblamiento. Partiendo de, supuesto troncal del cine de terror del super-yo faustiano, reinventa de formas creativas lo que vimos en Fight Club (1999), empapado por la libertad creativa de los espacios mentales representados como universos propios como en Legion (2016-2019) a modo de realidades sacadas del imaginario de Clive Barker o la pintura de Francis Bacon y el Bosco. Mención especial para los tres actores principales, Sasha Lane, Miles Robbins hijo de Tim —en un guiño directo a Jacob’s Ladder (1990), que también se deja notar— y sobre todo Patrick Schwarzenegger, perfecto como reverso oscuro de la personalidad del personaje principal. Creativa, inteligente, divertida y deprimente, un gran tanto de Spectrevision marcando el paso del futuro del género.

Programa dobleThe Hexecutioners (2016), un euro gothic independiente fuera de modas con el sello del inclasificable Tony Burgess, tomando satanismo de la Hammer tardía, plantea un terror contemplativo, psicológico y surrealista que despliega influencias del terror italiano hacia el final.

14. Get Out (2017) de Jordan Peele

La sorpresa de la década es que un film de terror obtuviera un Óscar a mejor guion, pero lo más significativo es que la película haya servido como revulsivo para la cultura afroamericana en Estados Unidos y ahora Jordan Peele sea un nombre clave en el género al hacer cine con contexto racial sin justificar ni exponer temas sociales específicos inspirando la existencia de películas como Sorry to Bother You (2018) o Antebellum (2020). Una película pequeña, de presupuesto ajustado y pocos personajes con comentario social con molde de gran sátira heredera directa de George Romero. Claridad narrativa, dirección de actores precisa y una puesta en escena sencilla pero tremendamente efectiva en la exposición de los elementos con los que juega al suspense hitchcockniano. Una pesadilla en forma de relato moral invertido, lleno de contenido e ironía, pero también con narración casi impoluta y una serie de elementos reconocibles que la convierten en un pequeño clásico lleno de idiosincrasia en un panorama en el que el cine de terror parecía haber perdido su poder evocador, de tuerca efectiva contra la pérdida de la conciencia colectiva.

Programa DobleHorror Noire (2018), además de la estupenda Us (2019) del propio Jordan Peele, la velada puede quedar perfecta con un aperitivo documental, y este recorrido por el papel de la raza negra en el cine de horror estadounidense resulta imprescindible.

13. Possum (2018) de Matthew Holness

Pequeña y oscurísima odisea de horror psicológico puro del autor de la serie de culto Garth Marengi’s Dark Place (2005), quien se aleja de la comedia paródica para adentrarse en los recodos más perturbadores de la psique en una recreación minimalista del sentimiento de culpa en bruto, sin pizca de humor ni concesiones a corrientes actuales. Recuperando una tradición británica propia de los años setenta que absorbía la sordidez de la realidad suburbana, del medio rural, y la vida en colores ocres y apagados, que se reflejaba en macabros vídeos que advertían de peligros cotidianos que dejaban traumas indelebles en los niños de las islas. Holness apuesta por una difícil narrativa fracturada para crear un estado mental casi hipnótico en el que las imágenes se suceden sin prisa, ajenas a las urgencias del espectador, hasta los 90 minutos de viaje sin retorno a los infiernos de la memoria reprimida.

Solo vemos a Sean Harris deambular por diferentes emplazamientos de su pueblo, recorriendo una geografía sacada del imaginario gótico de la Inglaterra profunda, recogiendo la tradición de adaptaciones de M.R. James en la BBC como Whistle And I’ll Come To You (1968), buscando el minimalismo expresionista de Orlacs Hände (1924) para plantear una cinta de horror esencial para fans de Martin (1977), Magic (1978), Spider (2002) o Eraserhead (1977). Su marioneta, una araña con cara de maniquí, es la creación más espeluznante de la década, y sus puntuales apariciones dejarán una semilla en tus pesadillas de la semana siguiente.

Programa dobleThe Antenna (2019), una impenetrable alegoría ballardiana con ecos de Clive Barker a Shin’ya Tsukamoto, para acercar al espectador a la Turquía oprimida de Erdogan a través de bucles kafkianos de ritmos pausados tan exigentes como los de Possum.

12. The Witch (2015) de Robert Eggers

Cuando el cine de terror consigue llevar a los intelectuales, o con aspiraciones de serlo al cine, no hay que repudiar al mensajero, sino más bien lo contrario. El género, normalmente vapuleado por producciones miméticas, merece que se rescaten otros referentes, ni mejores ni peores, que estaban instalados en su historia desde principios del siglo XX, para evitar que se anquilose y se reivindiquen cuando no se le toma en serio. Uno de los hallazgos de este esfuerzo indie, entre otras muchas virtudes, es que asusta sin utilizar trucos baratos.

El debut de Robert Eggers consigue transportar a una granja de Nueva Inglaterra en 1630, con la represión puritana como telón de fondo y un cuidado por el detalle escrupuloso. Explora la naturaleza del mal, real e imaginado, y consigue crear un nuevo icono del horror en esa cabra, Phillip el negro. Una película bella como un cuento de los hermanos Grimm contado por el Bergman más tenebroso, tan consciente del Dreyer de Dies Irae (1943) como heredera de The Shining (1980), Goya, Blair Witch Project (1999) y el horror satánico tradicional.

Programa dobleNovember (2018), el film de Eggers creó tendencia con variaciones pastorales como la alemana Hagazussa (2017), pero esta fábula en el medio rural de Estonia, que recupera la mitología del país eslavo en una exuberante recreación en blanco y negro de muchas de sus leyendas, es la mejor muestra de verdadero folk horror europeo.

11. Goksung (2018) de Na Hong-jin

Más conocida como The Wailing, esta es, probablemente, la película de terror oriental más importante de esta década. Comienza como un procedural al estilo de Memories of Murder (2003), con todos los ticks del thriller y el cine policial coreano y su trama se va enturbiando con elementos de fantástico y terror satánico clásico, mezclando la tradición europea judeocristiana del mismo con el desconocido pero muy rico universo cinematográfico del chamanismo coreano. The Wailing significa una recuperación inaudita, seria y espectacular de un subgénero de magia negra relegado en los 70 a la explotación hongkonesa de los hermanos Shaw.

Durante sus dos horas, su atmósfera se va enrareciendo a medida que abraza lo sobrenatural y llega a su final incendiario y estremecedor, todo un recital de miedo teosófico oscuro, serio y terrorífico con notas del mejor William Friedkin, que pese a sus escarceos con el humor se toma muy en serio el horror y el dilema de fe que plantea en su siniestro clímax. Una obra maestra hipnótica que reclama paciencia, llena de detalles que decodifican su ambigüedad y dejan en el aire su mayor regalo: el verdadero misterio aparece cuando comienzan los créditos finales.

Programa dobleKuru (2018), o It Comes, la vuelta a la forma del horror sobrenatural en Japón no toma forma de mujer de pelo negro sino que mira a Insidious (2010) y sus demonios parásitos y lo lleva a terrenos sintoístas de chamanes de los Shaw Bros, pero con lógica de manga y estética de Argento o Bava.

10. The Evil Within (2017) de Andrew Getty

En el olimpo de las películas de culto, deberían abrir una categoría especial para incluir esta película, el equivalente moderno a aquellas que solo podías lograr una copia si algún amigo la tenía en VHS grabado. Ahora es más accesible pero la oferta salvaje de los tiempos digitales la harán perderse en el limbo de los títulos que nadie recuerda, con tan mala fortuna que además se llama igual que un famosísimo videojuego de terror. Su historia fuera de la pantalla da para libro, o historia de terror. Imaginen estar trabajando en la película durante 15 años (se rodó en 2003) y no lograr verla acabada nunca.

Es lo que le pasó a Andrew Getty, nieto del magnate del petróleo que murió tristemente y su película queda como un testamento a su propia vida problemática y sus experiencias con las drogas. The Evil Within es un viaje mental abrupto y accidentado, lleno de fugas oníricas inquietantes, efectos especiales tradicionales, artesanía Stop motion, una Nightmare on Elm Street (1984) perversa con lógica de pesadilla psychosexual que oprime, atrapa y crea un estado de hipnosis que está por encima de las decenas de fallos técnicos o de guion que pueda tener. Un accidente sin precedentes, un caramelo envenenado para seguir redescubriendo en años venideros.

Programa dobleOculus (2013), los espejos malditos también han tenido su momento en la década y, además de The Evil Within hay que destacar la película con la que Mike Flanagan sorprendió en la escena del terror sobrenatural, con un espejo que ha tenido cameos en el resto de su filmografía.

9. Mandy (2018) de Panos Cosmatos

El cine de explotación y venganza como delirio psicotrópico de colores, sangre y excesos, que se construye sobre una concepción de cine sensorial, una experiencia con Nicolas Cage en su mejor trabajo en una década. El director, Panos Cosmatos, hijo de George Pan Cosmatos era conocido por su extraña epopeya de video-arte de ciencia ficción y terror retro Beyond the Black Rainbow (2010). Algo más accesible que su primera obra, Mandy usa la trama como macguffin para ir ornamentando su viaje surrealista e hiperviolento con una guarnición en la que caben la Empire, Dario Argento, los duelos de sierras mecánicas de Texas Chainsaw Massacre 2 (1986), los cenobitas de Hellraiser (1987), los paisajes infernales en la tierra de Sorcerer (1977), el onirismo enfermizo de Phantasma (1979), el mesías extraterrestre de God Told Me To (1976) o los fragmentos animados de Ralph Bakshi, muy bien integrados en su atmósfera de años 80 alternativos, como somatización iconoclasta de la tristeza, ideas y nostalgia que van más allá del homenaje vacío. Una catarsis insondable, una indescriptible experiencia de pura épica de horror fantasmagórico, con Barker y Jorodowski en plena orgía de sangre, LSD y Heavy Metal que acaba en éxtasis lisérgico y gore.

Programa dobleBliss (2019), la hermana pequeña de Mandy es una performance exploitation, llena de neones, explosiones multicolor y vampirismo afín al celuloide punk de los años ochenta, cerca de las pesadillas urbanas sobre la adicción de Frank Henenlooter.

8. Take Shelter (2011) de Jeff Nichols

No todo el cine de terror va de sustos, monstruos o pasar miedo instantáneo. Hay películas que trabajan durante sus dos horas sólo para transmitir sensaciones que quedan bajo la piel mucho tiempo después de verlas, a veces mostrando en pantalla unos pocos minutos de impacto ante lo sublime y lo terrible. Como una versión moderna y actualizada de The Last Wave (1977) de Peter Weir, Take Shelter enfrenta al hombre frente a lo desconocido en su máxima expresión, una concepción de horror cósmico sin tentáculos ni invocaciones, tan solo por una premonición inexplicable que transforma tu vida. Si las pesadillas del personaje principal entran de lleno en el cine de terror más clásico, el tono que se construye alrededor de las consecuencias es el de un drama familiar de atmósfera ominosa, realista pero con una constante sensación de inquietud.

Nichols fabricó el film perfecto para la crisis, transmitiendo la idea de un cambio social a partir de una alegoría de lo que se nos viene encima, un “no hay futuro” en la idea del apocalipsis de pequeñas señales como bandadas de pájaros concibiendo formas casi rituales antes de caer muertos. La idea persistente de crear un refugio frente a lo que viene como cruel metáfora del desconsuelo del americano medio frente a la indefensión. Una brillante interpretación de Michael Shannon para disfrutar gesto a gesto y un tramo final entre lo reconfortante y lo absolutamente sobrecogedor, la convierten en un clásico sin excusas.

Programa Doble10 Cloverfield Lane (2016), superior secuela de Cloverfield (2007) en forma de thriller de tensión irrespirable, con John Goodman interpretando a un tarado solitario que ha construido un búnker por si hay un ataque marciano. El juego del gato y el ratón con la sobresaliente Mary Elizabeth Winstead crea paranoia constante sobre si Howard es un loco o no hasta su final, una versión más Twilight Zone de Take Shelter.

7. IT: Chapter 1 y 2 (2017-2019) de Andy Muschietti

Es injusto juzgar por separado las dos mitades de esta adaptación de Stephen King porque ambas forman un todo que no debería escindirse. En conjunto, el actor Bill Skarsgard captó la naturaleza no humana del payaso Pennywise, y en sus transformaciones, en su variedad de formas e ilusiones, es en donde Muschietti ofrece lo que la miniserie de los 90 no pudo conseguir. Con ricas influencias de imaginería, inéditas en el cine más comercial, que van desde Modigliani a Junji Ito, deja piezas que serán recordadas en el género en años venideros, como la tremenda escena inicial, de Georgie y el barquito. Además, el argentino supo exprimir la razón de ser de los perdedores, tanto a nivel individual como grupal, logrando una consistencia poco habitual en un producto destinado a las masas. En su parte adulta está más desmesurada y frenética, como una matrioska grandilocuente en donde caben una secuela inédita de A Nightmare on Elm Street (1984), las películas italianas de los ochenta, homenajes a The Thing (1982), e inframundos mitológicos del Mario Bava peplum y la fantasías oscuras de Jim Henson. Una aventura fantástica sobre la superación de los traumas, el poder de la imaginación de la infancia y la amistad como energía para el resto la vida. Convertida en un fenómeno global, es ya la película de terror más taquillera de la historia y, en conjunto, una la experiencia épica de cinco horas sin igual en la historia del cine de terror.

Programa dobleSuper 8 (2011), olvidada por el efecto Stranger Things, esta recuperación del sentido de la maravilla y los niños contra monstruos de J.J. Abrams ha marcado el pulso de la nostalgia de los ochenta de toda la década, incluida IT. Bicis, luces y fantástico de herencia Spielberg, todo estaba aquí.

6. The Babadook (2014) de Jennifer Kent

Un cuento infantil más oscuro de la cuenta consigue que un niño se obsesione y balbucee en posición fetal pensando en un personaje parecido a un hombre del saco típico. Sin embargo, Babadook decepciona al que la aborda con esperanza de encontrar un ser pesadillesco como Freddy Krueger, un nuevo icono del terror como Candyman o cualquier otro personaje de leyenda urbana. No sólo es una visión estéticamente alucinante de los terrores infantiles sino que encierra una valiente, casi subversiva, disertación sobre la maternidad atípica y un horror psicológico cercano al Polanski de la trilogía de los apartamentos o los filmes sobre mentes femeninas fracturadas de Robert Altman.

Una bestial mirada a la depresión, encarnada en un monstruo fantasmal que lleva a la pérdida del control y la identidad, con una estética grisácea, azulada y de puesta en escena casi expresionista, revisaba Shock (1977) de Mario Bava de forma original y con imágenes icónicas en el género como ese libro de ilustraciones que todos queremos tener en casa. El film seguía la estela de otros como Dark Water (2002) o Babycall (2011) pero creó toda una babadooxploitation con títulos como Lights Out (2016) o Under The Shadow (2016).

Programa DobleLovely Molly (2011), la interesante carrera de Eduardo Sánchez tras The Blair Witch Project (1999) ha dejado más de una joya, pero esta necesita más reconocimiento. Un terror psicológico que adelantaba muchos temas vistos en Hereditary y en The Babadook como el concepto de la creación de un monstruo a partir de una emoción oscura.

5. Doctor Sleep (2019) de Mike Flanagan

Mike Flanagan ha ido construyendo, poco a poco, un cuerpo de trabajo sólido y coherente, dentro de la artesanía y logrando en cada nueva película fabricar un todo más elegante. Aunque su obra maestra siga siendo la serie The Haunting of Hill House (2018), la patata caliente de la secuela de The Shining (1980) es resuelta con una narración clasicista y sencilla, de música atmosférica y grandísimas actuaciones que elevan de manera inaudita el material de partida para convertirlo en una de las más hermosas y melancólicas adaptaciones de Stephen King como no se veía desde The Mist (2007). Planteada como una ejemplar aventura psíquica de horror, que solo recurre al film de Kubrick como reverencia, se acaba revelando como un ejercicio poético de reparación a la obra original, dentro de la carcasa de un film fantástico inmaculado. Con más en común con el Shyamalan de The Sixth Sense (1999) que con el film de Kubrick, sirve de prueba fehaciente de que los límites del cine de terror van mucho más lejos que el cine de sustos y nos recuerda que aún hay muchas historias complejas, profundamente melancólicas y luminosas, que tan solo pueden explicarse a través de los tonos tenebrosos y funerarios, los demonios internos y externos, los lugares macabros y los monstruos. No solo es una de las mejores muestras de horror de la década, sino una elegante suma de las virtudes del director y el autor de la novela original.

Programa dobleGerald’s Game (2017), la otra gran adaptación Flanagan-King demuestra lo bien que se entienden y se postula como una de las grandes producciones originales de Netflix. Consiguiendo hacer trepidante un punto de partida minimalista, su única pega es que no se atreva a limar el decepcionante epílogo de la novela.

4. The Conjuring 1 y 2 (2013-2016) de James Wan

Hablar del universo Conjuring o el Warrenverso es hablar de un nombre definitivo para el cine de terror del siglo XXI: James Wan. No se puede elegir entre estas dos películas porque si la primera ofrecía una mejora de sus anteriores acercamientos al terror sobrenatural a través del virtuosismo de la puesta en escena, la segunda elevaba sus hallazgos a través de los movimientos de cámara imposibles y el cine de terror concebido como un auténtico espectáculo. Del nunsplotation diabólico, cine de fantasmas y la demonología al tebeo de la colección Creepy con dos personajes recurrentes—ya icónicos Patrick Wilson y Vera Farmiga— que están basados en dos cazademonios reales, ninguna película de terror sobrenatural moderna puede ya entenderse sin esta dupla que se miraba en los clásicos de los setenta, Friedkin, Fulci, o Mario Bava como extensión de la influencia del horror japonés moderno en el cine americano. Pese a retirarse del género de cuando en cuando, Wan sigue siendo una parte activa de su serie de spin offs muy inferiores a sus aportes pero con algún capítulo reseñable como Annabelle: Creation (2017).

Programa DobleInsidious (2010), puede que más importante a medio y largo plazo que la saga Conjuring, este remake apócrifo de Poltergeist (1982) tiene todo lo que hizo importante la resurrección del cine de sustos y entidades sobrenaturales que ha marcado la década, con viajes dimensionales y fantasmas salidos de cine de Mario Bava.

3. Lords of Salem (2012) de Rob Zombie

Aquí tienes el texto solicitado, sin modificar el contenido y manteniendo la negrita implícita de los títulos:

El rockero Rob Zombie se hizo un nombre como cineasta de culto con sus primeras películas de terror, pero su carrera es tan irregular como fascinante, ya que, por cada obra seminal como House of 1000 Corpses (2003) vio tropiezos como su decepcionante remake de Halloween (2007). Su estilo más reconocible pertenece más a una visión más tangible y física del horror, heredero de Tobe Hooper y rarezas de explotación, sin embargo, esta exploración del satanismo y la brujería de corte casi experimental es su obra más madura. La historia sobre una drogadicta en rehabilitación que trabaja como DJ en una estación de radio de Salem y un día, recibe un disco de una banda llamada The Lords of Salem que deja a sus oyentes en trance y les provoca visiones inquietantes para derivar en una versión psicodélica de Rosemary’s Baby (1968), ofrecía un óleo en blanco en donde caben la casa de horror británica Tigon, y un estilo onírico que baila entre el Ken Russell más irreverente y lisérgico al Fulci de su trilogía de Eibon.

Abucheada en festivales y cuestionada por sus fans, su colección de imágenes de pesadilla, con un juego de colores y visiones, en ocasiones, muy deudor de Argento, su ritmo cocido a fuego lento y su malignidad latente, la convierten en su mejor película. Teniendo en cuenta la deriva del género en la década, se sitúa como un precedente claro de filmes como The Witch (2015) y, pese a ser una obra controvertida, ha resultado ser una de las más influyentes de esta década, especialmente en lo que se ha venido llamando por algunos críticos como horror elevado.

Programa dobleCherry Tree (2015), el mercado de vídeo on demand de vez en cuando ofrece sorpresas como esta verbenera cinta de brujas llena de scolopendras, rituales, venta de alma y hechicería turbia en la adolescencia. Es tosca pero grotesca y con efectos gore pertinentes que la convierten en un digno entretenimiento para adictos.

2. A Cure for Wellness (2017) de Gore Verbinski

El director de The Ring (2002) afronta la tarea titánica de resucitar el cine gótico europeo de los sesenta a través de referentes literarios, desde Poe a Lovecraft, para esculpir una exuberante epopeya de terror alucinógeno de factura preciosista. Con la perversidad de Polanski y la obsesión visual por el detalle de Kubrick, esta apuesta suicida de dos horas y media de duración, coloca la narración visual como objetivo y cada plano, cada encuadre, está pensado, embellecido y cuidado. Un laberinto cada vez más asfixiante cuya estética y actitud se deleita y descansa para recrearse en símbolos, pistas y visiones, en una sintaxis sensorial que explota en un clímax perfecto, en donde su artillería de clasicismo se desata en el delirio más Felliniesco, de influencias visuales del Corman más elegante, Ricardo Fredda y otros héroes del gótico italiano menos revisitado.

Una película-experiencia para degustar sin prisas, con una copa de vino amargo en la mano, para dejarse sorprender con su atmósfera malsana, su catálogo de retorcidas imágenes de textura atemporal y perderse en un universo de perfidia inédito estos días. El hecho de que una gran productora esté detrás de esto es prácticamente un milagro. A Cure for Wellness es uno de los genuinos futuros clásicos del cine de terror de la década y es una pena que las ediciones en vídeo hayan perdido su imprescindible ratio original de 1:66, por lo que exige un tratamiento Criterion con urgencia.

Programa dobleShutter Island (2010), hasta el protagonista de A Cure for Wellness parece el reverso perverso de este acercamiento de Martin Scorsese al terror psicológico con influencias de Val Newton y una relectura lujosa de The Ninth Configuration (1980) vía Caligari.

1. Hereditary (2018) de Ari Aster

El debut del director Ari Aster es una de esas óperas primas que marcan toda una carrera y aparece como consecuencia o colofón del movimiento de terror independiente y sobrenatural que ha ido transformando la década en un género maduro y adulto. Hereditary puede ser la mejor muestra del gran terror desarrollado en los 2010, en el que los referentes recogen obras como Don’t Look Now (1973) y The Shining (1980). Con actuaciones de oro como la de Tony Colette, que puede mostrar seriedad, introspección, dolor o histeria a su antojo o Alex Wolff, lo que atrapa es su narración a base de pistas dosificadas, de puesta en escena elegante, con suaves movimientos de cámara, o el sutil planteamiento de algunos encuadres. Una dimensión visual que nunca expresa virtuosismo hueco de un director demasiado preocupado en demostrar sus habilidades.

Agobiante, enervante y escalofriante, no concede un solo centímetro a la complacencia industrial y eso que podría definirse como la versión tenebrosa y desquiciada de Ordinary People (1980). Una misa negra en la que participan el Argento esotérico, Friedkin, Wan, Altman, Kubrick, Polanski, Nicholas Roeg, Kiyoshi Kurosawa, el Michael Winner de La Centinela (The Sentinel, 1977), o el Bergman más gótico, encontrado su propia voz dentro de su contexto, revelándose como la obra maestra de terror más espeluznante e impactante la década.

Programa dobleMidsommar (2019) – Una vuelta al folk horror vía remake apócrifo de The Wicker Man (1973) con algo del humor negro de Tobe Hooper y 2000 Maniacs (1964) que ya apuntaba Aster en su debut, funciona como la cara b, luminosa y aún más grotesca de aquella.