Clayface (2026) ya es la película de body horror más taquillera de la historia. La producción dirigida por James Watkins no será quien salve de DC Studios, pero ya suma 89 millones de dólares en todo el mundo, según Box Office Mojo, y deja atrás los 77,3 millones que recaudó el icono en el que se están mirando muchas otras, The Substance (2024). Lo ha conseguido en unas dos semanas de carrera, desde su estreno en Estados Unidos el 23 de octubre.
Pero vamos a poner un poco de cloroformo a la euforia y medir el récord sin venirnos arriba. Su fin de semana de debut fue de 24 millones en Estados Unidos y 43 en todo el mundo, con un presupuesto que se sitúa entre 30 y 44 millones, así que hablamos de cifras que quedan lejos de lo que mueven los estrenos superheróicos más populares. Pero para un body horror arquetípoco, con el eco de Cronenberg bien cerca, con una calificación R bien ganada y una criatura de pringue y viscosa, el resultado es más que digno.

Y llega justo después del batacazo de Supergirl (2026), que dejó al DCU de James Gunn como un tentetieso, con lo que cualquier buena noticia ahora mismo es una cataplasma para el estudio. Por otra parte, el contraste con el éxito de Fargeat sigue siendo clave. The Substance se plantaba con 141 minutos de sátira repugnante sobre la industria de la belleza, y sacó hasta cinco nominaciones Óscar y la estatuilla a mejor maquillaje y peluquería. En Rotten Tomatoes mantiene un 89 % de críticas positivas frente al 78 % de Clayface. Dicho de otro modo, el récord de dinero se lo queda el villano de Batman y el de prestigio sigue en casa de Fargeat.
De cualquier manera, que el body horror bata su techo de taquilla de la mano de una marca conocida, y no de una rareza de autor, es un poco el ciclo de cómo el mainstream absorbe siempre el underground, y el público de los superhérores es capaz de aceptar hasta remixes clásicos como The Rejuvenator (1988) si viene empaquetadito con una franquicia. La sangre con pasta (y publicidad) entra.













