7 cortos de terror de culto que dan más miedo que muchas películas (Vol I)

De un ballet con la Muerte rodado el mismo año que Nosferatu a un infierno animado en la Estonia soviética. Repasamos siete cortometrajes de terror nacidos en los rincones más insospechados, de la vanguardia de los años veinte a la televisión pública británica al cine educativo cristiano, que en menos de veinte minutos consiguen lo que a muchas películas les cuesta dos horas. Y casi todos se pueden ver gratis en internet.

El cortometraje suele vivir en los festivales o los extras de los DVD y, últimamente, en el perfil de youtube, pero casi nunca en las salas, lo que es una pena, porque si hay un género que se entiende de maravilla con la duración corta es el terror. Planteamiento, nudo y desenlace es idóneo para el género y Hollywood ha pescado tantas veces en ese caladero, desde Mamá (2013) de Andy Muschietti, originado en un corto de tres minutos a David F. Sandberg, que pasó de rodar Lights Out (2013) en su casa a dirigir la versión larga, Nunca apagues la luz (2016), con James Wan de productor, por no hablar de Parker Finn y su Smile (2022).

Hoy YouTube y TikTok están llenos de ellos, pero antes de internet el formato mini estaba presente en canales mucho más extraños. Ninguno de los siete títulos de esta lista se hizo para verse por recomendación de algoritmo, y su origen es dispar, desde la vanguardia estadounidense de los años veinte, al cine experimental sueco de la posguerra, un estudio de dibujos animados famoso por sus comedias, anuncios del Gobierno británico, relleno de la televisión por cable, el circuito educativo cristiano o la animación de la Estonia soviética. Una parca que toca el violín, un sacrificio pagano, Poe, maniquíes vengativos, o máscaras de catequesis de 1922 a 1983, vamos a por ellos.

(Selección originalmente curada por Jorge Loser para la presentación de la Web Horror Losers en el Fotomatón de Madrid el 30 de octubre)

1. Danse Macabre (1922)

En 1922, mientras F. W. Murnau estrenaba Nosferatu en Alemania, en Estados Unidos Dudley Murphy rodaba en un estudio un ballet de ocho minutos sobre la Danza macabra de Camille Saint-Saëns. La idea fue del bailarín Adolph Bolm, que también lo protagoniza. Juventud (Bolm) y Amor (la bailarina Ruth Page) intentan esquivar a la Muerte en una España arrasada por la peste negra, quien, sobreimpresionada como un fantasma de celuloide, los acecha tocando el violín. Amor enferma por su cercanía, y cuando todo parece perdido canta el gallo, sale el sol y la Muerte se desvanece. Nos suena. Una pareja, epidemias, un ser oscuro acechando y el amanecer redentor. De Murnau tiene la enfermedad y el final, pero es que parece aún más un resumen exprés del Nosferatu (2024) de Robert Eggers.

Básicamente, el director trató de enfocar su remake como una representación de este tema constante de “la muerte y la doncella”, que este corto representa tan bien. Es una preciosidad tenebrista y las escenas con la muerte son muy reveladoras. Lo divertido es que bajo el maquillaje de la Muerte se esconde Olin Howland, actor de reparto que 36 años después sería el viejo que encuentra el meteorito en The Blob (1958), la primera víctima de la masa devoradora en su último papel. Dos años después Murphy codirigió con Fernand Léger Ballet mécanique (1924), una de las piedras angulares de la vanguardia, y más tarde rodaría la única aparición en cine de Bessie Smith.

Dónde verlo: Youtube

2. Midvinterblot (1946)

Mucho antes de The Wicker Man (1973), Midsommar (2019) o de que a nadie se le ocurriera ponerle la etiqueta de folk horror a nada, en Suecia ya estaban rodando sacrificios humanos en la nieve. Gösta Werner creó Midvinterblot (El sacrificio de pleno invierno) en la primavera de 1944, de madrugada y de noche, extendiendo a doce angustiosos minutos el calvario de una víctima entregada a la promesa de que vuelva la primavera. El “sumo sacerdote” es Gunnar Björnstrand, más de una década antes de convertirse en el escudero de Det sjunde inseglet (1957) y en uno de los actores fetiche de Ingmar Bergman, aquí uno de rostros que emergen de la oscuridad, en un claroscuro lúgubre muy potente. Lo que llama más la atención es lo durísimo que resulta para la época, por lo explícito del sacrificio humano y un final que es un bautizo de sangre delirante, con salpicadura en tetas, bebés y caras, todo ello con una música de tambores que no da tregua.

Se presentó en un congreso de cine en Basilea en 1945 y, en mayo de 1946, ganó el premio Charlie al mejor cortometraje del año en Suecia sin haber pasado por un solo cine. Sin embargo, un diario de Estocolmo la despachó como “el mejor corto del año, una prueba de oficio nazi”. Werner acabaría siendo un pionero de los estudios de cine en Suecia, pero esta es la pieza que se le recuerda, y que puede encontrarse en el ADN también del The Northman (2022) de Robert Eggers, o en el final, igual de tarumba, de The Devil’s Bath (2024).

Dónde verlo: en YouTube, con subtítulos en inglés.

3. The Tell-Tale Heart (1953)

Si había un estudio del que nadie esperaba un clásico del horror era UPA, la casa de Mr. Magoo y, sin embargo, dentro de su serie Jolly Frolics se sacó de la manga la adaptación más angustiosa de Edgar Allan Poe que ha dado la animación. El productor Stephen Bosustow quería hacer El cuervo, pero el director Ted Parmelee y el diseñador Paul Julian se empeñaron en el relato del asesino que no soporta el ojo de un anciano. Que el estudio de un señor casi ciego acabara contando una obsesión con un ojo tiene una retranca que habría agradado a Poe, pero el resultado, de humor más bien poco. Julian convirtió la casa del crimen en un decorado expresionista, y se acompañó de James Mason con una voz cavernosa que sobrecoge desde el primer “¿por qué decís que estoy loco?”.

En plena fiebre de las gafas 3D, casi se hizo en relieve pero Columbia obligó a abandonar la idea, y aun en dos dimensiones, en uno de los pases previos un espectador sufrió un ataque. En el Reino Unido se convirtió en el primer dibujo animado con certificado X, solo para adultos, y en Estados Unidos fue nominado al Oscar, que perdió frente a Toot, Whistle, Plunk and Boom (1953), un Disney sobre instrumentos musicales bastante olvidado. La historia le ha dado la razón: en 2001 entró en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso y acabó—cosas de Guillermo del Toro—como extra en la primera edición en DVD de Hellboy (2004). Siete minutos de horror en estado puro que logran recrear las sensaciones de la lectura del de Boston mejor que los ocho capítulos de La caída de la casa Usher (2023) de Mike Flanagan,

Dónde verlo: en YouTube

4. Lonely Water (1973)

Hubo un tiempo en que el Gobierno británico decidió que la mejor manera de que los niños no se ahogaran era acojonarles hasta el tuétano. La Central Office of Information, el organismo que producía los public information films que se colaban entre programa y programa infantil, encargó a Jeff Grant un anuncio de minuto y medio sobre los peligros de jugar en ríos, estanques y charcas, dirigido a niños de siete a 12 años. El guion de Christine Hermon le pareció tan bestia al propio director que pensó que estaba escrito para asustar y no para convencer. El resultado es Lonely Water, que todo el mundo recuerda como The Spirit of Dark and Lonely Water, y quedó en el imaginario de Reino Unido como un trauma generacional. Y la cosa no tiene mucha complicación, hay una figura encapuchada y sin rostro cerca del agua brumosa y va presentando a sus presas favoritas, un niño incauto, un fanfarrón y un tonto, mientras se acerca a ellos. Y la voz es la de Donald Pleasence, sí, el doctor Loomis de Halloween (1978), que cinco años después avisaría a medio mundo de que el mal andaba suelto.

Si aquí nuestras abuelas nos avisaban del temible corte de digestión; los británicos hicieron lo mismo, pero con presupuesto del Estado. El remate tenía a un grupo de niños sensatos rescatando a un compañero, haciendo que la túnica de la Parca se desplome, mientras su voz promete “I’ll be back… back… back” (volveré), once años antes de que Schwarzenegger lo convirtiera en la frase lapidaria de Terminator (1984). Se ha llegado a comparar con Don’t Look Now (1973), estrenada ese mismo año y con el agua como tumba infantil, y en una encuesta de la BBC de 2006 quedó cuarto entre los anuncios públicos favoritos del país. Pedagogía del miedo en 89 segundos

Dónde verlo: Youtube

5. Living Dolls (1980)

Melvin trabaja en una tienda de vestidos de novia, rodeado de mujeres que no paran de darle órdenes, y se refugia en un almacén lleno de maniquíes donde se desahoga de maneras que es mejor no detallar, y esos, como era de esperar, deciden que se acabó. Living Dolls es un trabajo de estudiante de la Universidad de Nueva York escrito, dirigido, fotografiado y montado por Todd Coleman. Nueve minutos con aspecto de estar rodados en un desván que ganaron nueve premios internacionales, entre ellos uno en el festival de Badalona. Pero su verdadera vida estuvo en la televisión por cable. De 1980 a 1993 se emitió en HBO, Cinemax o USA Network como relleno entre película y película, también en el bloque nocturno Saturday Nightmares, y una generación entera de insomnes se lo topó sin saber siquiera cómo se llamaba.

Tanto es así que, si hoy se puede ver, es gracias a alguien que grabó en vídeo una emisión de 1992. Mucho antes de Annabelle (2014), aquí ya había muñecas terroríficas, que funcionan como un aperitivo de Maniac (1980), estrenada el mismo año, o muy afín a Tourist Trap (1979). Pero por su tono de fábula moral con castigo final, podría ser perfectamente un relato de El umbral de la noche de Stephen King y, por tanto, haber entrado en Creepshow (1982) de George A. Romero, aunque a lo que más se parece es a un episodio de su serie Tales from the Darkside (1983-1988).

Dónde verlo: en YouTube, y hay también una versión con entrevista al director.

6. Face Value (1981)

Un corto educativo cristiano de nueve minutos y medio, rodado en 16 mm por Fred Carpenter para Mars Hill Productions y la organización juvenil Campus Life, con un objetivo claro: aleccionar a los adolescentes sobre lo vacío de dejarse llevar por las apariencias. Una lección de catequesis suavecita, de no juzgar a nadie por lo que parece, que decidieron ilustrar poniendo a los personajes unas caretas de plástico transparente que dejan ver la cara justo lo suficiente para entrar en el valle inquietante, convirtiendo unos diálogos acartonados en algo extraño, digno de Lynch.

Un corto primo hermano de One Got Fat (1963), que usaba rarísimas máscaras de mono para enseñar seguridad vial a niños ciclistas, y un icono compartido en su máscara inexpresiva, que ya había adelantado Alice, Sweet Alice (1976) y que también aparece en el filtro de videollamada de la presencia invisible en Host (2020). Se estrenó el mismo año que el debut en solitario de Phil Collins del mismo nombre, lo que lo hace más difícil de encontrar de lo que habitualmente ya es, y, al menos en 2016, la única biblioteca del mundo que conservaba una copia en 16 mm era la de la Regent University, la universidad en la que estudió Tony Hale, el Buster de Arrested Development.

Dónde verlo: está incluido en el recopilatorio en DVD Temptations of a Christian Teenager, de A/V Geeks, pero podéis ver una copia en condiciones regulares en Youtube.

7. Põrgu (Hell, 1983)

Cerramos en el averno, con Põrgu (Infierno), la obra más celebrada de Rein Raamat, considerado uno de los padres de la animación estonia, que la creó para el estudio Tallinnfilm en plena época soviética. Diecisiete minutos sin diálogos que dan vida a tres grabados que el artista Eduard Wiiralt hizo en París a principios de los años treinta, El predicador, Cabaret e Infierno, con música de Lepo Sumera. Una estampa de la sociedad, ebria de placer, que baila febrilmente, directo a las puertas del infierno, entre cuerpos grotescos que parecen escapados de un aguafuerte. Es surrealista, carnal y bastante sexual, lleno de un body horror que llega décadas antes que La sustancia (2024) y que buena parte de la carne mutante del terror reciente, y si buscamos parientes de su época, Society (1989) de Brian Yuzna cabría perfectamente en la misma fiesta.

Tres años antes, Raamat había hecho Suur Tõll (1980), una leyenda con tintes nacionalistas que no gustó nada a las autoridades soviéticas, y con Põrgu acabó ganando premios en festivales de la propia URSS, incluido el de mejor dirección de animación y mejor música en el festival de cine de la Estonia soviética de 1986. Cada cual que decida a quién señalaba ese infierno de cabaret. Para una sesión doble de castigos dantescos, conviene verla junto a Jigoku (1960) de Nobuo Nakagawa, otra de las grandes representaciones del infierno que ha dado el cine.

Dónde verlo: En YouTube.