Explorando The Terror (2018), una exquisita ficción histórica sobrenatural de terror naval y supervivencia

Ridley Scott produce esta adaptación de Dan Simmons que tiene mucho del tono áspero de sus pesadillas espaciales y, a falta del resto de capítulos, los primeros acordes de esta nueva serie de AMC son una mezcla perfecta de terror adulto y sofisticado, a fuego lento y sin exabruptos, que solapa el clasicismo de sus referentes literarios con la perspectiva de ejemplos modernos en el hielo como La Cosa (The Thing, 1982) o The Last Winter (2006). Si no se desvía, se unirá a la sobresaliente etapa dorada del género televisivo que estamos viviendo.

Tras los primeros signos de marchitamiento de su serie estrella, The Walking Dead, el canal por cable americano AMC se ha propuesto ampliar sus horizontes más allá de los zombies con una apuesta por el terror adulto de etiqueta negra. Para ello, nada más prestigioso que contar con la marca Ridley Scott y adaptar una novela de un autor consagrado como Dan Simmons. También hay una inversión importante y bastante mimo en el proyecto, por lo que el resultado tiende más a parecerse a una miniserie con matriz cinematográfica, o un serial que limita al máximo su carácter episódico y planifica su arco completo como una película dividida en diez fragmentos. Aunque no hay información sobre las siguientes temporadas, se ha calificado el proyecto como una antología, lo que significaría que, más allá de la adaptación homónima del best-seller, no hay ni una pista sobre el posible tema de una segunda temporada.

En lo concerniente a la presente, los primeros capítulos no pueden ser más prometedores. El material de partida es un hecho real. Entre 1845 y 1848, dos barcos de la Royal Navy británica, el HMS Terror y el Erebus, viajaron por el Ártico con la intención de explorar el Paso del Noroeste, un territorio que les resultaba totalmente desconocido e ignoto. La misión concluyó cuando ambas embarcaciones desaparecieron. Se especula con la alta probabilidad de que quedaran atrapadas por el hielo, pero hay incontables teorías que se mueven entre certezas y leyenda. La novela The Terror introdujo esquemas sobrenaturales, con la inclusión de una criatura desconocida, que la desplazan del terreno histórico al de la literatura de terror clásica. Y es que, aunque lo primero que le viene a uno a la cabeza al ver la serie es que se ha buscado hacer un Master and Commander (2003) con monstruo, lo cierto es que hay muchas raíces literarias de las que beben tanto la novela como el programa.

Orígenes de tinta y papel

Sin ir más lejos, una de los primeros textos de la literatura  de horror, Frankenstein (1818) tenía un clímax ártico con una persecución del creador y criatura que ya va dando alguna pincelada a la atmósfera gótica en la que The Terror bucea. Pero su estructura de slasher marino, con un monstruo diezmando a la tripulación de un barco, estaba ya dibujada en el diario de bitácora del Demeter, el capítulo de Drácula (1897) de Bram Stoker dedicado a la desaparición de los pasajeros del barco en el que el vampiro viaja de Transilvania a Inglaterra. Había intenciones de realizar una película del conde que solo narrara dicho pasaje, The Last Voyage of the Demeter, pero no llegó a salir adelante pese a tener nombres como David Slade asociados al proyecto. Siendo así esta adaptación funciona, en cierta forma, como la versión extendida y enriquecida de la misma historia, ya que sabemos de antemano que ninguno de los marineros sobrevive.

La serie empieza con un pequeño prólogo que sirve a su vez de epílogo, es decir, una partida británica preguntando a un viejo esquimal por los desaparecidos, y a partir de ahí, se va desarrollando la historia que nadie ha visto o registrado nunca. Francis Crozier, Capitán del barco HMS Terror y segundo al mando de la expedición y el Capitán James Fitzjames, interpretados respectivamente por Jared Harris y Tobias Menzies, son los principales protagonistas, señores de aventura reales, no demasiado simpáticos pero con los que poco a poco vas empatizando. Y es que The Terror es una historia de hombres recios, su tono es agrio, rasposo y sin demasiada música ambiental, lo que le da un cariz realista a un retrato ya árido de por sí. Cuando aparecen las primeras notas son gélidas, no tanto de música de época sino más bien variaciones de partituras clásicas o continuaciones del tema principal de la cabecera, que recuerda a una versión menos envolvente de la intro de Masters of Horror. Tampoco falta metraje para describir lo que es el día a día en un barco dividido en jerarquías muy bien establecidas, con algunos montajes paralelos de las comidas de los mandos superiores frente a la de los grumetes y otros detalles similares que van dejando rastros de migas sobre el funcionamiento de una misión de esas características, la época en la que sucede y el contexto sociocultural que llevaba a Inglaterra a esas expediciones.

Jared Harris y Tobias Menzies en The Terror

Los episodios se van tomando su tiempo. No es que no ocurra nada, pero si uno va esperando acción y gente devorada por monstruos cada poco rato puede que esta no sea su serie. Cada bloque de la historia va desarrollando cómo los barcos encallan, qué serie de decisiones llevan a ello, y el progresivo deterioro de las condiciones, por lo que la atmósfera se va haciendo de por sí amenazante, pese a que no tenemos conocimiento de ninguna criatura hasta el segundo episodio. Sin embargo, pese a que a veces se esté vendiendo la serie como un drama o un thriller con elementos de terror, estos están presentes de principio a fin. No solo la atmósfera helada es utilizada con ánimo atmosférico y las texturas son convenientemente opresivas, sino que el tono abraza plenamente su condición, a pesar de cuidar cada detalle realista. Hasta tal punto que utiliza escenas como las visiones de un marinero enfermo para crear momentos de horror alucinógeno muy consciente.

Heredera de la literatura y el cine de terror

Merece especial reconocimiento la sencilla escena de inmersión con escafandra, en la tradición de la clásica escena de la lancha de Ben Gardner de Tiburón (Jaws, 1975), que con pocos ingredientes consigue transmitir escalofríos. Para cuando la amenaza real hace su aparición, el clima de superstición y los parajes fríos, desolados, han creado el emplazamiento necesario para que todo recuerde inevitablemente a La Cosa (The Thing, 1982) —de hecho la novela estaba dedicada al equipo de El Enigma de otro mundo (The Thing from Another World 1951)— o la propia Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) de Ridley Scott. No llegamos a saber, sin embargo, qué es lo que persigue a los tripulantes, aunque se deja ver parte durante unos instantes en uno de los episodios. Quizá este detalle sea el más decepcionante del conjunto, puesto que, pese a que toda la producción tiene un nivel de cuidado espectacular, lo poco que se deja ver de la criatura es suficiente para apreciar un CGI pobre, o al menos lejos del nivel esperable en un producto casi perfecto en el resto de niveles técnicos. Especialmente cuando el gore exhibido y los efectos especiales prácticos relativos son de gran categoría.

Con suerte, el elemento intrusivo apenas se muestra, por lo que el problema quedará relegado, es de imaginar, para los episodios en los que lleguemos a verlo a plena luz del día. El hecho de esconder al culpable de las muertes, ayuda a darle un aura mítica, que, junto a las pequeñas notas de misterio ancestral que da el aspecto folclórico de la cultura inuit, lleva la ficción casi al terreno de la criptozoología. En ese aspecto recuerda, por su emplazamiento congelado, a la manera con la que Val Guest jugaba con la leyenda del yeti, creando una atmosfera de omnipresente terror invisible en su El abominable hombre de las nieves (The Abominable Snowman, 1957). Pese a que no se juega con ninguna mitología conocida en esos parajes, el aspecto sobrenatural tiende a ese tipo de criaturas “explicables” y no tanto a figuras lovecraftianas. Se ha llevado a comparar, lógicamente, con la única novela del de Providence. Y en efecto, En las montañas de la locura (In the Mountains of Madness, 1936) tiene en común la expedición al ártico el encuentro con seres desconocidos en el hielo, lo que inspiraría también el relato de Campbell que adaptaron Nyby y Carpenter, pero tanto por el desarrollo de supervivencia como el progresivo tono decadente en la embarcación, se emparenta más con el diario ficticio que inspiró al propio Lovecraft, La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket, 1838) de Edgar Allan Poe.

The Abominable Snowman / The Terror

El maestro incluía detalles de canibalismo y un final alucinado y enigmático que también se inspiraba, a su vez, tanto en historias reales, del estilo de la de la expedición del Paso del Noroeste, como en los relatos de terror marítimo que más tarde cultivó William Hope Hodgson. También otro caso real, esta vez posterior a Pym, es la fantasmagórica desaparición del bergantín Mary Celeste, encontrado desierto y navegando a la deriva en el océano Atlántico, frente a las islas Azores en 1872. Su historia, como el caso de The Terror, fue ficcionalizada por la Hammer en la película El barco fantasma (The Mystery of the Mary Celeste/Phantom Ship, 1935), en la que también se reconstruía el proceso por el que la tripulación fue cayendo una a una en estructura protoslasher.

Relato de supervivencia bajo cero

Independientemente de sus elementos de horror, los guiones de la serie están construidos sobre los personajes, sus conflictos y su paulatina confrontación, según las luchas de poderes son arengadas por el frío y la desesperación. Los libretos de Soo Hugh y David Kajganich (guionista de la nueva Suspiria, de Luca Guadagnino) hacen un buen trabajo al desarrollar los primeros episodios como un primer acto, sin grandes clímax en cada cuarenta minutos, para conectarlos de modo que, si no hubiera títulos de crédito, pudieras asimilar el montaje de una sentada. Cada nuevo elemento que va apareciendo va torciendo la situación, mientras el libreto va tomando un cariz de relato de supervivencia puro. Algunas escenas de flashbacks rompen deliberadamente la atmósfera para hacer un contrapunto cálido sobre la lejanía del hogar, el estatus de estos aventureros en su hogar y el precio que deben de pagar por ello, o quizá el balance que les hace plantearse cuál es su realidad ¿Personalidades de alta sociedad rodeadas de lujo y reconocimiento o náufragos que pasan la mayor parte de su vida rodeados de racionamiento y condiciones inhumanas?

Y es que los efectos del frío en la tripulación no son cosa de broma. Además, en la serie no se nos priva de ver cómo pueden dejarte los dedos las bajas temperaturas o qué pasa cuando no te das cuenta de que el catalejo que usas está helado. Provisiones cada vez más escasas, trabajos bárbaros, todas las condiciones se asemejan al de un relato de aventuras marinas clásico, con la diferencia de que en esta ocasión los barcos están encallados. Como un viaje al corazón de las tinieblas sin viaje, en realidad también tiene parte de ficción conradiana, aunque con más similitudes a La línea de sombra (The Shadow-Line, 1915) en la que un grupo de marineros debía afrontar la supervivencia en un viaje estático, lleno de calamidades, en la que había detalles sobrenaturales y un estudio de la camaradería y masculinidad.

En la novela de Simmons, la presencia del monstruo acaba siendo una especie de obsesión para el capitán Francis Crozier, que se refiere al mismo como Leviathan, y se hacen varias alusiones al mito del hombre frente a la adversidad de la naturaleza representada por Moby Dyck. Curiosamente, el relato de Melville también había inspirado el último acto de la muy reivindicable Orca, la ballena asesina (Orca, 1977), en la que un capitán Acab moderno se enfrentaba, en su tramo final, a una orca con sed de venganza que iba acabando con toda su tripulación, cuando su barco acaba atascado en el hielo. La némesis del cetáceo estaba interpretada por Richard Harris, quien resulta ser el padre de Jared Harris, es decir, el actor que interpreta a Crozier en de The Terror. Sin embargo, el hálito sobrenatural de la bestia, denominada por los esquimales Tuunbaq, recuerda más bien al Wendigo del folklore de los indios norteamericanos y sus bosques. El origen del mito está asociado al síndrome de paranoia conocido como la ‘fiebre de la cabaña’, un fenómeno que crea un estado de inquietud, depresión e irritabilidad por una estancia prolongada en lugares confinados áreas remotas y surge como salvoconducto místico para las historias de canibalismo que se daban para sobrevivir a los duros inviernos la zona norte de Estados Unidos. Esta relación enlaza con la historia original, en la que se encontraron muchos indicios (huesos con marcas, ollas con restos) de que se había consumido carne humana en los barcos.

Una versión del Wendigo en ambiente ártico fue desarrollada por Larry Fesseden en The Last Winter (2006), en la que se jugaba con la ambigüedad de la muerte por locura y frío o posesión del espíritu como venganza por la intromisión del hombre. Un ángulo de ecohorror y relato moral que también azota al beligerante colonialismo británico que representan las dos embarcaciones. Si ya Fesseden avisaba cuando todo no estaba tan avanzado, es significativo que se estrene una serie con elementos paralelos cuando, ahora, el Paso del Noroeste es perfectamente transitable en estaciones cálidas. Con todo, The Terror juega más cerca de muestras modernas de terror y supervivencia con aventura de películas “realistas” como Infierno Blanco (The Grey, 2011); en televisión, quizá lo más parecido a la mezcla de aventura con elementos de terror que propone ha sido la serie The River (2012) y hasta cierto punto Helix (2014).

The Grey / The Terror

Todo el que esté interesado en los relatos navales de hálito épico, con conflictos de mando, tormentas, motines, situaciones desesperadas y atrezzo histórico minuciosamente detallado, encontrará en la serie de Scott una cita fundamental con inmensidad del Ártico y el hielo implacable teñido de rojo a una media de cadáver por episodio. Es de ese tipo de aventuras que encontrábamos en las estanterías de nuestros padres pero con mucho del tabasco misterioso, inquietante y ultraviolento que no solía aparecer en ellos. Todo rodado con flema, clase y puntualidad británica. Narración fría para una primavera bajo cero. Coge una taza de chocolate caliente y una copa de Brandy para adentrarte en la que puede ser la serie de terror del año.