Dos años después de que Apocalipsis Z: El principio del fin se convirtiera en la película original internacional más vista de la historia de Prime Video a nivel mundial (solo por detrás de Culpa tuya, según la plataforma), Carles Torrens vuelve a dirigir el apocalipsis español. Apocalipsis Z: Nuevo mundo llega el viernes 30 de octubre a Prime Video, después de su paso por el Festival de Sitges, y ya no es la historia de un hombre solo huyendo de Galicia. Es otra cosa. «Esta película quiere explicar el desarrollo del conflicto a nivel global», nos dice el director en esta entrevista exclusiva, en la que habla también de Romero, de The Walking Dead, de por qué la saga no tiene prisa por ser trilogía y de la «bestia» en que se convirtió el rodaje.
Canarias, la última frontera
Aviso: este apartado cuenta cómo termina la primera película.
Han pasado varios meses desde el final de El principio del fin. Manel (Francisco Ortiz) logró escapar de la península y llegar a Canarias, pero allí no hay paraíso: las islas son el último refugio de Europa, están superpobladas, sin recursos y sin comunicación con el exterior. Sin fármacos, la gente muere de infecciones que serían perfectamente curables, que es el destino que acaba sufriendo el propio Manel. Y a la escasez se suma la superpoblación, que llena las islas de tensión y recelos.
Los responsables al mando deciden entonces organizar una misión a Madrid, tomado por los infectados, para buscar medicinas y suministros. La unidad militar que la lleva a cabo mezcla caras nuevas, como Roberto (Carlos Alcaide) y Marina (Julia Martínez), con supervivientes de la primera parte: el piloto ucraniano Pritchenko (José María Yázpik) y la médica Lucía (Berta Vázquez). No todos eran soldados antes del fin del mundo: muchos han sido reclutados a la fuerza y otros se suman porque quieren ayudar a mejorar la situación en las islas.
El protagonista es Roberto, hijo del político caído en desgracia Enrique Román, cuyas decisiones provocaron la primera infección masiva. Se une a la misión con intenciones dudosas, pero su productora, Núria Valls, lo describe como un viaje de perdón: «Su viaje es el del perdón: tu padre no decide quién eres, sino que tú te puedes sentir en tu propia familia con quien eliges».
La primera parte se estrenó en Halloween de 2024 y, según Prime Video, entró en el Top 3 de países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Brasil, México y Australia el fin de semana de su estreno. Para la continuación regresa el equipo creativo que la llevó a la pantalla: Ángel Agudo como guionista, Torrens en la dirección y Valls como productora en Nostromo Pictures. El planteamiento, dice Valls, fue claro desde el principio: «Hemos trabajado muy de la mano de Manel, y para nosotros era importante decir que es una nueva aventura. Queríamos plantear unos nuevos personajes que se fueran a una nueva misión y, al mismo tiempo, encontrar algo que fuera más realista y más actual».

Fiel al ADN de Loureiro, sin copiar la segunda novela
Le comentamos que la primera película fue de las pocas que se tomaron el género zombi en serio y que recuperó el punto de partida de unas novelas con casi 20 años a sus espaldas. Torrens lo acepta sin rodeos: «Se toma el género un poco en serio, como algo distinto dentro del cine de zombis, y a quienes nos gusta el género nos hacía falta un poco de eso». Y añade: «Hay distintas interpretaciones, pero yo creo que esta, la de la novela de Manel, se había perdido, y es la que le da un toque que a mí es lo que me interesa».
Esa seriedad tiene una raíz muy concreta, que el director explica en el material de prensa: «En la primera película, creo que lo que la hace un poco distinta al género es que nos tomamos muy a rajatabla lo que aprendimos del COVID, que Manel Loureiro, en su primera novela, ya proféticamente más o menos lo adivinó; primero hay un estado de alarma y un toque de queda. Y luego, ¿qué habría? Luego vendría el estado de excepción y entrarían los militares».
Para la secuela, Loureiro sigue cerca del proyecto. «Desde el principio hemos estado muy metidos, tanto Ángel Agudo como yo, junto con Manel Loureiro, desarrollándolo», cuenta Torrens sobre el guion. El resultado es una película de estructura distinta: «La primera es muy episódica; a mí me gustaba, eso sí, pero esta es más compacta: presenta a un protagonista y explica su historia y su arco de una forma más clásica y no tan episódica como la primera». La anterior descansaba sobre el carisma de Francisco Ortiz; esta reparte el peso entre una decena de personajes principales.
¿Y qué queda de los libros? El director lo resume así: «El ADN de la novela de Manel está aquí; anímicamente está aquí. Pero no estamos haciendo la segunda novela, ¿vale?». El matiz importa, porque en Los días oscuros, la segunda entrega de la trilogía, los supervivientes también huyen a las islas Canarias y una expedición viaja a Madrid a saquear el hospital La Paz en busca de medicinas, según la sinopsis de la editorial. Es un esquema que se parece bastante al punto de partida de Nuevo mundo, aunque su director deja claro que no es una adaptación literal.
De un hombre solo a un país entero
La gran diferencia está en el foco. «En vez de centrarnos en un personaje, esta película quiere explicar el desarrollo del conflicto a nivel global», resume Torrens. «Con la primera lo que hicimos, sobre todo, fue tomarnos en serio qué pasaría en España si algo así ocurriera: el punto de vista geopolítico, cómo reaccionaría la sanidad, el colapso. Toda la primera mitad era terror y suspense».
La secuela mira hacia otro lado. «Aquí hemos decidido apostar sobre todo por explicar. Hemos hecho una película mucho más coral, con muchos más personajes y en muchos sitios distintos, y sobre todo contamos qué pasa después: cómo reacciona España y cómo intenta recuperar la normalidad anterior», añade. Al ponerse a ello, cuenta, descubrieron que la historia daba muchísimo más de sí, con un abanico de personajes nuevos. En el material de prensa lo presenta como una evolución natural: «Para mí, la primera acaba cuando el fin llega», y lo que importa ahora «es explicar el virus. ¿Qué pasaría? ¿Cómo reaccionaría España?». Si la primera estaba contada por alguien que lo vive en primera persona, «la progresión natural es que España responda. Es una película casi de catástrofes». Y el crecimiento, insiste, no fue forzado: «Nos creció la película de golpe. Fue una cosa muy orgánica y un paso muy lógico hacia adelante».
Para la productora Núria Valls, la propia historia lo pedía: «No mandas a un único soldado a salvarlos. Todo nos pedía que fuera más coral». En Canarias, recuerda, «no cabe más gente» y no hay comunicación con el exterior, así que la misión del ejército tiene que ser enorme: «no van a encontrarse tres infectados o cuatro, van a encontrarse muchos». En cifras, según Prime Video: si en El principio del fin se veían unos 300 infectados interpretados por figurantes y especialistas, en Nuevo mundo pasan de los 2.000.
La película bebe, además, de lo que ha vivido España en los últimos años. Torrens dice en el dosier que «bebemos mucho de la historia reciente de España. Después del COVID, ¿qué ha pasado en España? Hemos visto la tragedia de la DANA en Valencia, que es un referente aquí», y se pregunta: «¿Era culpa de unos políticos en concreto o simplemente fue que el país no estaba preparado? ¿Cómo entran los militares?». El punto de partida es una Canarias en la que «ya no cabe nadie» y en la que «hay problemas de suministros, no hay comida, no hay medicamentos, los hospitales están colapsados, la gente está muriendo de enfermedades anodinas de las que nadie moría desde hacía dos siglos». Así que se decide, antes de plantearse rescatar a nadie de la península, hacer incursiones con el ejército para conseguir suministros y volver a las islas. «Lo planteamos siempre desde la gestión de un cataclismo, de una catástrofe», resume el director.
Esa lectura política la subraya uno de los intérpretes que repiten, José María Yázpik (Pritchenko): «Ya está establecido un nuevo orden, que nos acerca desgraciadamente a muchas de las cosas que se están viviendo hoy en día, como cuando el político populista, de repente, confronta al gobierno que está a cargo. Nadie realmente toma las decisiones pensando en el pueblo sino en intereses propios, se cierran fronteras o se explota lo que hay sin pensar en que va a faltar para mañana». Ese político tiene nombre en la película: González-Escalona (Javier Godino), un populista encantador y estratégicamente inteligente que llega al aeródromo no para servir a la misión, sino para reclamar su propiedad.

Romero, los infectados y la esperanza de volver a la normalidad
Hay una idea de Romero que Torrens usa para explicar su propio trabajo. «Como decía Romero, para él el zombi no era lo importante: podía ser una tormenta u otra catástrofe; era exactamente el MacGuffin. El zombi en sí no le importaba», recuerda. De ahí su forma de entender el género: «Para mí el cine zombi es un marco, un espacio en el que puedes contar tu historia. Se pueden seguir haciendo películas buenas de zombis, y también malas».
Que el infectado sea un vehículo no quiere decir que se descuide cómo se mueve. Ricardo Roca, coordinador de especialistas, cuenta en el dosier que querían infectados «muy rápidos» y con «una visión como la de un animal que enfoca a la víctima y va por ella sin pensar si tiene que bajar una escalera o subir un obstáculo. Van como un animal». Nada que ver con los muertos que arrastran los pies en el cine de Romero, aunque Torrens insista en que lo de menos es el monstruo.
Donde sí marca distancias es con la otra gran referencia reciente del género. «Para mí esta película no es postapocalíptica. En The Walking Dead los personajes han tomado la decisión, y queda claro, de que no van a volver a la normalidad: tienen otros códigos y se han reinventado para este nuevo mundo. En cambio, nosotros pensamos que esto es pasajero, que se va a volver a la normalidad, y los personajes están siempre luchando por recuperarla».
El debate de las etiquetas no es unánime en el equipo: el asesor militar, el comandante Joaquín Rivera Chamorro, habla en el dosier de «una película postapocalíptica» al explicar las licencias que se tomaron con los uniformes: «nos damos ciertas licencias para que cada uno lleve algo un poco distinto que vaya con su personalidad».
Ocho semanas, 600 planos digitales y «ningún límite»
¿Más grande? Cuando le planteamos que la secuela parece haber subido la escala y los medios, Torrens se muestra prudente: «No estoy seguro, porque en cierto punto nunca es suficiente». En el dosier, su descripción del rodaje es menos tímida: «Ha sido muchísimo más complicado. Ha sido un encaje de bolillos que hicimos todo el equipo, desde el director al ayudante de dirección, al director de fotografía y al jefe de producción. Hemos tenido que trabajar todos muy unidos; pocas veces he sentido tanto el trabajo en equipo, porque es que realmente nos hemos necesitado todos». Y remata: «Esto era una bestia tan grande que, para controlarla, había que estar muy coordinados, ser muy honestos los unos con los otros y estar en comunicación constante y darnos apoyo. Ha sido una experiencia agotadora pero, por otro lado, partía de una muy buena idea y creo que salimos vivos, que es lo importante».
¿Y los límites de la plataforma? Cuando le preguntamos si Amazon les puso alguno en producción, no lo duda: «Para nada. No había ningún límite en ese sentido». Lo que sí había era un calendario justo. Núria Valls dice que «al final son ocho semanas de rodaje. Eso ha hecho que tengamos que pensar de manera muy inteligente todo el diseño desde el propio guion». El rodaje se repartió entre Canarias y Cataluña, con base en el Acuartelamiento de Santa Eulàlia (Ejército de Tierra), en Sant Boi de Llobregat, y localizaciones en los alrededores de Barcelona y Lleida. «El hecho de tener aquí el cuartel, y buscar diferentes localizaciones a su alrededor, nos liberaba», explica la productora.
Varios de esos lugares tenían que pasar por Madrid. La diseñadora de producción, Marina Pozanco, define su trabajo como «un puzzle». El ejemplo más vistoso es una secuencia en una plaza de toros madrileña que se rodó en la Monumental de Barcelona y que en postproducción hubo que disfrazar: «Debes borrar elementos que identifiquen la Monumental, así que la “tuneamos” un poco para que no se reconozca», recoge el dosier. Los efectos digitales dan idea del salto: si la primera tenía unos 350 planos, según el cálculo del supervisor de efectos visuales, Carlos Zaera, esta ronda los 600.
Los infectados son la otra gran obra del rodaje. El equipo de maquillaje y peluquería era de seis personas, pero se reforzó hasta 27 los días con 200 figurantes. El objetivo, según el dosier, era que en vez de 20 o 40 infectados que mueren parezcan 2.000, y que la figuración pase de 200 a 10.000. El resultado se nota hasta entre los propios actores: Berta Vázquez cuenta que durante una escena «estaba tan bien hecho que no sabía distinguir, pasando a su lado, cuál era el muñeco y cuál era la persona». Y sigue: «A uno le dije: “¿Eres real?”. Y me responde: “Sí, sí, no me pises”».
Por último, los soldados. Una semana antes de empezar a rodar, los actores recibieron instrucción militar del asesor de la película, el comandante Joaquín Rivera Chamorro, que lo admite sin dramatismo: «Estaba muy orientada a la película, evidentemente, porque no puedes dar en una semana todo lo que se ve en mucho más tiempo».

¿Trilogía? Partido a partido
¿Habrá una tercera? Torrens se agarra a un lema futbolero: «Partido a partido, como Simeone. En la primera no teníamos pensada una segunda, ni mucho menos. De hecho, mucha gente se tomó el final de la primera como un cliffhanger, y a mí no me extraña. Con esta segunda pasa lo mismo: vamos a contar una historia cerrada».
Le comentamos que, con 28 años después otra vez en la conversación, parece que se adelantaron a un segundo boom del cine zombi, y que la saga había pasado por Telecinco como serie y acumulado muchos intentos antes de llegar a Prime Video. El director cree que se tardó demasiado en comprar la historia, pero asegura que él siempre apostó por ella: «Me encanta hacerlo, por eso escribo». Y defiende que se puede hacer algo fresco «siendo muy riguroso con el género», aunque eso signifique una película más de acción: «y no lo digo en sentido peyorativo».
Cuando le preguntamos si él y Ángel Agudo ya piensan en lo siguiente, no promete nada: «Pues no sé exactamente a dónde ir». De momento, el apocalipsis español llega el viernes 30 de octubre a Prime Video, en más de 240 países y territorios.











