Velvet Buzzsaw (2019) review

113 minutos
Estados Unidos - Canadá
Más que una sátira sobre el mundo del arte, Dan Gilroy ofrece una pataleta con poco del ingenio que cree poseer, utilizando las formas del slasher sobrenatural de forma vaga, sin ganas. Una película decepcionante que pedía a gritos una puesta en escena de terror italiano y luce y camina como un inane producto de terror directo a vídeo de los 90.
2019
5
Valorado con 5 de 10
velvetbuzzsaw

Velvet Buzzsaw, el nombre con el que Dan Gillroy ha titulado su nueva película, define un poco sus intenciones en cuanto a expresión vía pieza de arte. La motosierra de terciopelo, o el lienzo como arma para atacar. El arte tiene que ser agresivo, inconformista y nunca venderse a los designios de la industria que hacen compraventa de la opinión para convertir todo en un mercado.

Efectivamente, la cinta tiene el filo de un punzón y sus intenciones son como tirar un cóctel molotov en medio de una convención de curadores de galería de arte por lo que, en cierta forma, es una continuación espiritual de su espectacular Nightcrawler (2014), que exponía el mismo conflicto pero en el ámbito del periodismo poco ético y la demanda de los consumidores de noticias espantosas empaquetadas como entretenimiento.

La premisa básica de Velvet Buzzsaw es simple. Una vendedora de arte que se encuentra con un tesoro lleno de pinturas extrañas después de que su vecino, el artista Ventril Dease, muera. Obviando su voluntad escrita de destruir su obra, vende su trabajo a las hienas que pueblan el mundo del arte en Los Ángeles. Obviamente, tiene un gran éxito hasta que los cuadros comienzan a matar a todos los involucrados uno a uno. El punto de partida no se diferencia mucho al que pudiera tener algún episodio perdido de Tales From The Crypt (1989-1996) y tiene bastante que ver, irónicamente, con la serie antológica Night Gallery (1969) en la que cada episodio explicaba el pasado oculto de una pintura maldita, con una historia de muerte asociada a ella.

En realidad, lo que más se parece a este tipo de antologías es que sus personajes solían ser personas antipáticas, y la distancia con los protagonistas solía tener la función clara de evitar la empatía para disfrutar un poquito cuando presenciáramos sus finales (normalmente estos episodios acababan con un giro que dejaban un sabor de boca amargo).

Pero el mayor problema de Velvet Buzzsaw es que, en sus formas, tampoco ha avanzado mucho con respecto al estilo televisivo de muchas de ellas. Hay algo en la fotografía y la puesta en escena que se ve barato —algo común en muchas películas directas de Netflix—, pero no de ese barato de falta de medios, sino de hacerse deprisa y corriendo, de encuadrar para que luzca bien en una pantalla de ordenador o de móvil, sin la ambición estética que pudiera tener las anteriores cintas de Gilroy. A esto hay que sumarle la banda sonora más genérica que pueda recordar en una película de horror de los últimos años, llena de compases de intriga que parecen enlatados.

Y es una pena este descuido de empaque porque la historia, alrededor del mundo del arte pedía una propuesta de estilo, no solo tomando las fugas surrealistas del giallo, sino algo incluso grandilocuente, loco, algo parecido a lo que dejaba intuir su tráiler. El mundo que presenta Velvet Buzzsaw tiene, además, un trasfondo de leyendas urbanas y mitología deliciosa. El tropo de la obra de arte que vuelve a la vida puede rastrearse desde las adaptaciones de El retrato de Nikolai Gogol al corto con el primer papel de David Bowie, The Image (1967), pero parece que han tenido en cuenta algunos de los casos reales más cercanos al mundo creepypasta.

No solo Ventril Dease tiene un pasado con padre abusivo parecido al de Edvard Munch —que tiene en su currículum un cuadro maldito llamado La madre muerta— sino que su obra se parece al estilo de la mítica The Hands Resist Him, una pintura cuyo comprador, galerista y curador tuvieron en su haber y acabaron muriendo poco tiempo después. Gilroy, además de incluir referencias a artistas actuales o fotógrafos como Gregory Credson, utiliza otros detalles de otras obras de arte malditas como El hombre angustiado —pintada con sangre del artista como las de la película— o el hecho de que determinados retratos sigan con los ojos, un clásico que afirman experimentar los que se exponen a estos cuadros.


Y en todos esos aspectos, los relacionados con la pintura, las muertes y demás, es en donde Velvet Buzzsaw tiene algo de interés. No hay ninguna muerte especialmente sangrienta pero hay que reconocerle que el homenaje a Phantasma (1979) con esa esfera plateada es un acierto que se corona con el genial sketch del día después. Pinturas que vuelven a la vida, y que se aparecen, son momentos que podrían estar en un slasher sobrenatural pero incluso estos están faltos de algo de garra, y algunos parecen descartes de una película de imitación a Wes Craven directa a videoclub. Ni están rodados con un crescendo de suspense especialmente memorable ni Gilroy parece interesado en hacer set pieces que jugueteen con las expectativas o la tensión como lo hacen las películas tipo Destino Final con la que, inexplicablemente, se la está comparando.

El plantel de actores competentes hace su trabajo, pero ninguno acaba de dejar huella en personajes que resultan parodias que se supone que deben resultar divertidas y tan solo se quedan en bosquejos de seres humanos abominables, con los que el director no tiene ninguna simpatía, pero a los que no logra dar un perfil más allá de la caricatura burda. Parte de la culpa la tiene su guion, lleno de frases estridentes, y exabruptos misántropos escritos sin profundidad, del tipo “no soy un hombre de habilidades primitivas” o “escucha a mi mente inteligente”, que se suma a subrayados constantes de la alegoría general como “todo el arte es peligroso”.

Es como si Gilroy quisiera reírse del absurdo del mundo que rodea al mercado pero en vez de hacer chistes con ingenio se dedicara a intentar ridiculizarlos de la forma más tosca imaginable, logrando que lo que debiera ser divertido se alargue en sus innecesarias casi dos horas. Demasiado plana para ser una parodia brillante y demasiado vaga para funcionar como comedia de terror, Velvet Buzzsaw es otra lección de que quizá los directores de prestigio que quieren hacer una película de miedo no saben cómo manejarse dentro del género.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

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