La película de terror tapada del año es un cuento de miedo sofisticado, hermoso y oscuro, mucho mejor de lo que indica su recibimiento tibio. Blumhouse se disfraza de A24 en una apuesta inusual en su estrategia de mercado, quizá por eso llega con seis meses de retraso a España, directamente en formato Blu-ray. El desaire al estreno internacional de una película con recaudación doméstica rentable no es muy comprensible, menos en España, cuando viene firmada por Jaume Collet-Serra, un veterano del terror conocido por House of Wax, Orphan, The River o The Shallows, probablemente el cineasta español más taquillero en su filmografía. The Woman in the Yard es el trabajo más maduro de Collet-Serra, donde sustituye sus habituales movimientos de cámara por un estilo más pictórico y contenido, invocando los terrores a pleno sol del american gothic y la obra de Edward Hooper con un concepto sencillo. Una mujer de negro que de pronto aparece en el jardín.
La premisa de una figura espectral en forma de mujer vestida de negro recoge toda una tradición, pero se ajusta en especial a la terrorífica The Woman in Black (1989), mientras que su acercamiento silencioso «a saltos» evoca relatos de M.R. James como The Mezzotint, adaptado en 2021, y su variación americana por Stephen King en The Sun Dog (1990). La interpretación de TWITW de la mujer de negro podría asociarse a un espíritu maléfico, como la novia de luto de Insidious (2010), pero Blumhouse esquiva su propio legado y evoca aquí la representación de trastornos mentales intangibles al estilo de Babadook (2014), aunque la verdadera inspiración del guionista fue el Reverendo Kane de las secuelas de Poltergeist.
Una premisa que sugiere un misterio interesante que da combustible a la primera mitad del film, con una madre viuda tratando de proteger a sus hijos, pero el acoso, el peligro, no es la clave, sino la idea de lo que representa para su protagonista, donde la intriga se transforma en otra cosa. Sin embargo, sus temas góticos serpentean el relato tradicional de fantasmas y se asimilan a una tradición afín a la literatura de Toni Morrison que cimenta todo el nuevo horror noire y afrosurrealismo, especialmente la obra de Jordan Peele y la idea del doppelganger como encarnación y emisario de la culpa que surge en Beloved (1998) y continúa en Us (2019), incluso en la scifi de They Clone Tyrone (2023). De hecho, The Woman in the Yard entraría en una nueva tendencia dentro del horror noire donde la amenaza sobrenatural codifica las dificultades de las madres afroamericanas solteras, reflejadas en películas como The Deliverance (2024), Never Let Go (2024), Mr. Crocket (2024) o la serie Them: The Scare (2024).
Un primer acto de acecho y la imagen de la figura oscura en medio de un paisaje idílico, soleado, genera un enigma que en los clásicos thrillers psicológicos plantea la típica diatriba sobre la cordura del protagonista ¿Lo imagina o existe realmente?, pero en este caso su familia también lo ve. Conforme va acercándose y conocemos más, la mujer se revela más como un concepto alegórico en línea con «la sombra» de Jung, una zona interior reprimida o negada que hace acto de presencia, una idea con la que juegan otras películas de horror recientes como Nosferatu (2024) o Come True (2020). Como el remake de 2024, la figura avanza como una sombra, y va extendiéndose por la casa como una proyección, la diferencia es que aquí los efectos se hacen de forma práctica, solo con ópticas y juegos de iluminación, y no una pintura digital en postproducción como el film Robert Eggers.
La delicada transición a ese mundo de tinieblas es llevada de forma magistral por el director de fotografía habitual de Ari Aster, Pawel Pogorzelski, que evoca un claroscuro basado en ocres no muy distinto al trabajo del cineasta Pedro Costa, en especial el enigmático sueño febril de Cavalo Dinheiro (2014). Esta progresión tenebrosa va dejando un gradiente de oscuridad que devora la casa y se hace más presente conforme la protagonista va descifrando la motivación de la figura, proyectando su propia angustia interna en el mundo real. Asistimos a la caída de la madre en su escenario más temido. En este momento, TWITY se convierte en una película sin asideros, porque la realidad es tan terrible que la desorientación de la madre es la nuestra, y conforme se sugiere el significado de la mujer con símbolos y sucesos surrealistas, también se resignifica el flashback, y lo que infiere es atroz, irredimible.
Collet-Serra plaga TWITY de reflejos, de superficies que devuelven la mirada, dejando alguna pista como la película que ven en el flashback, un remake de Le Miroir à Deux Faces (1958)—en la que hay un accidente—, jugando constantemente con la imagen especular y la eterna evocación a Alicia a Través del Espejo. Ese juego se apoya también en otros detalles, como la «R» que la niña no es capaz de no escribir al revés, números invertidos o la firma de los cuadros de Ramona, clave para interpretar el final, inicialmente «ambiguo», pero que esconde un significado sobrecogedor. The Woman in the Yard se une a otro grupo de variantes del cine de horror sobre psicosis femenina que trata la depresión en su versión más devastadora, el caso más cercano es The Devil’s Bath (2024), pero tiene más en común con la excelente The Night House (2020), de la que toma algunas pistas que las hermanan de forma más profunda, como esa sutil variación del sentido de las letras en el título.
Sinopsis
Una mujer misteriosa que aparece repetidamente en el patio delantero de una familia, a menudo entregando advertencias escalofriantes o mensajes inquietantes, dejando a los residentes cuestionando su identidad, sus motivos y el peligro potencial que podría representar.








