Netflix estrena por sorpresa Lilim (2025), nueva y buena muestra del resurgir del cine de terror filipino dirigida por el especialista Mikhail Red, quien, tras las estupendas Deleter y Nokturno afronta el nunxploitation sobrenatural en un orfanato con secretos siniestros. Red no inventa la rueda del cine de terror moderno ni está a la altura de otros nombres constantes del género en el sudeste asiático como Joko Anwar, pero poco a poco, logra que sus modestas películas adapten tropos a la realidad y folklore filipino, rodando con una sobriedad contenida pero elegante.
En esta ocasión, Red vuelve al planteamiento religioso de Eerie (2018) y su emplazamiento en un colegio católico, pero cambiando el escenario en plena ley marcial de las desapariciones de la dictadura de Marcos, en 1983, ubicando el desamparo de dos hermanos huérfanos en un monasterio de monjas. No es diferente a propuestas de género de la corriente post James Wan pero con un presupuesto limitado, a pesar de ello consigue ir construyendo una mitología propia y separarse del modelo para plantear un «misterio de monasterio» relativamente habitual pero con sorpresa.
Un espíritu de mejunje de saldo de ideas cosechadas de Suspiria (1977), con algunos intentos de llevar la banda sonora por allí, recogiendo también la rigidez católica de conventos a lo Hermana Muerte (2023) o The First Omen (2024) sin cortarse en invitar a la fiesta a la niña Medeiros. Pero su subtrama de cultos herméticos dentro de una institución católica, con la protagonista encontrándose un lugar aislado que ha establecido sus propias reglas, y la presencia de seres ancestrales recuerda sobre todo a una joya olvidada del terror italiano y lovecraftiano como Dark Waters (1993).
Lilim tampoco va esparciendo muertes en su metraje, sino que se apoya en un clasicismo tan puro e ingenuo, que casi es contracorriente, donde sus enigmas ni siquiera son elaborados con disimulo, pero siempre crea interés en sus planos de situación de largos pasillos con puertas que crujen al fondo. Red también va desperdigando pistas de lo que acontece en las sombras del convento a través de visiones y cuadros de mitología afín, usando todos los trucos conocidos del cine clásico de mansión gótica maldita: lienzos agujereados desde donde se espía, pasadizos secretos y habitaciones prohibidas.
Pero cómo es habitual en el cine de Red, la paciencia tiene recompensa y lo mejor aparece en su delirante tramo final, una explosión de violencia con algunos detalles gore, pero que, como Nokturno (2023), no compromete su idea principal en una coda oscura, valiente e inesperada.
Sinopsis
Para escapar de la policía, Issa y su hermano Tomás buscan refugio en un orfanato aislado en el bosque. Pero el refugio de los hermanos pronto se revela como un auténtico infierno controlado por una secta sacrificial sometida a una temible deidad nocturna.








