Weapons y Sinners son los grandes éxitos de terror de Warner Bros este año, pero su producción más espeluznante de 2025 es Kinki, la gran confirmación de K?ji Shiraishi como el gran maestro del J-Horror en activo en su obra definitiva junto a Noroi (2005). Estrenada en festivales como TerrorMolins, Kinki adapta la novela online viral Kinki Chihou No Aru Basho Ni Tsuite (Sobre un lugar en la región de Kinki, 2023) del autor Sesuji, una colección de historias de horror en diferentes formatos «documentales» que hizo pensar a muchos que eran verdaderas.
En 2024 tuvo una adaptación al formato Manga de Tsukasa Usui, que trasladaba a narración gráfica las citas de artículos de revistas viejas, relatos de lectores y publicaciones de foros de Internet que son tratadas como incidentes separados pero que tienen puntos de conexión. No es de extrañar que Shiraishi se haya encargado de esta adaptación ya que el autor original, Sesuji, le cita como su principal influencia. Sin embargo, aunque provenga de material ajeno, el director de Noroi lo hace suyo, y si aquella era la representación de su estilo en estado puro, esta sería la versión «de estudio» del mismo. Realmente una de las mejores películas de terror de 2025, sí, otra con Wb detrás.
Shiraishi parece estar uniendo sus universos de falso documental, especialmente Karuto (2013) y Okaruto (2009), con sus trabajos de narrativa convencional como Carved (2007) o la reciente (y también muy destacable) Sayuri (2024), usando su dominio de los formatos del mockumentary de horror y la narración cuasi antológica de leyenda urbana moderna. En Kinki da rienda suelta a su sensibilidad analog horror, que él mismo ya estaba practicando mucho antes que se hiciera tendencia en YouTube, con la realidad captada en capas de filtros VHS y transmisiones defectuosas idóneas para la sugestión a través del grano, las tomas aparentemente despistadas y las siluetas informes al fondo del plano.
Siguiendo la obra original, Kinki es ?un banquete de vídeos malditos, ya que, al fin y al cabo prácticamente toda su primera mitad es casi como una condensación de varios microcasos de la serie Senritsu Kaiki File Kowasugi (2012-2023) del propio Shiraishi en menos de dos horas. En esa ensalada de clips radica la esencia del director, capaz de adecuarse a distintas variaciones del formato found footage y aledaños Creepypasta. Uno de los vídeos es como Signs (2002), otro Deadstream (2022), otro un anime perdido de los 70, como su propio Candle Cove (2016), otros como la saga Paranormal Surveillance Camera (2012).
Los diseños de sus entidades acercan su visión a la imaginería de Junji Ito más que ningún otro director, aunque también hay rastros de otros autores de manga de horror como Masaaki Nakayama y su obra maestra Fuan No Take, guardando no pocas similitudes con su adaptación al cine, Pet Peeve (2013). Con ecos folk horror rural y la omnipresente huella del fenómeno Higurashi, lo que demuestra Kinki es la sublimación de la capacidad de Shiraishi para invocar horrores lovecraftianos, esta vez rodados con ciertos medios y buenos FX, lo que hace que parezca una versión pulida de muchos de sus típicos clímax de sus trabajos previos.
Sinopsis
After an editor of an occult magazine suddenly vanishes, his friend Chihiro and his co-worker Yusei set out to discover the reason behind his disappearance.








