28 years Later (2025) crítica

115 minutos
GB
8
Valorado con 8 de 10
Danny Boyle y Alex Garland dinamitan las expectativas en un espectáculo borrachuzo, anárquico y radical que funciona como una rave cinematográfica. Con una violencia gráfica desatada, un brillante Ralph Fiennes y una propuesta visual tan errática como hermosa, la película aborda el duelo, la involución británica del Brexit y la mitología infectada desde una libertad formal insólita para una superproducción.
28 años después - Poster

Una secuela suicida que parece una alucinación de los personajes de Trainspotting. Danny Boyle ha echado un órdago al cine zombie y al espectador vainilla en una película absolutamente borracha, un viaje al corazón de las tinieblas donde caben Conrad, Kipling y Chimo Bayo. Es tan libre que no tiene vergüenza, capaz de caer en el disparate de humor involuntario y ofrecer algunos de los planos más hermosos vistos en el subgénero. El montaje está tan al límite que parece editado en medio de una rave, una propuesta formal de extremos, de sacudir butacas.

Las decisiones de narración visual son anárquicas y su tono oscila entre el cine de iniciación tradicional y la exploitation de caníbales italiana, en cierta forma su argumento y matrioskas de ideas y situaciones recuerdan a la macedonia de la secuela apócrifa de 28 Days Later y Mad Max: Doomsday. Es una obra sobre el futuro de los hijos del Brexit, una fantasía medievalista británica, la involución de un mundo congelado en el año 2002 que se retrotrae incluso a raíces folk, pero también un totalmente impredecible primer capítulo de una historia mucho más grande.

El templo de huesos, un osario que recuerda al legado genocida de Pol Pot en Camboya, tiene un significado totalmente inesperado, haciendo una mórbida reflexión sobre la mortalidad tan impactante como emocionante, un alegato tremendamente subversivo en un blockbuster de 75 millones de dólares. En ese pasaje, el personaje de Ralph Fiennes se perfila como el gran descubrimiento inesperado, un anti-Kurtz que revela el verdadero corazón humanista de la película, de la saga, dentro de un lienzo de plaga y barbarie, por cierto mostrada sin reparos, con violencia gráfica y el gore subido al 11.

Aunque han pasado dos décadas y pico, los infectados de este universo siguen dando bastante miedo, mientras hay planos que aún homenajean al clásico de Dawn Of The Dead (1978), hay algunos ejemplares evolucionados, con momentos que, ojo, compiten en ocurrencias locas con Army Of The Dead (2021). Pero más allá de violencia o zombies, lo que hace esta secuela un artefacto radical es su lenguaje desquiciado, plantado ya desde la primera escena con los Teletubbies en la TV, cuyas imágenes dadaístas, psicotrópicas, parecen definir el extrañísimo estado de ensoñación del resto de la película.

Un reflejo en paralelo del comienzo de Warfare, con soldados reaccionando al videoclip de «Call On Me» de Eric Prydz. Ambos guiones son de Alex Garland, la TV analógica distrae a un grupo en tiempos de conflicto. El mayor ejemplo de este enfoque onírico es la escena de la persecución, en la que en vez de un corte musical frenético se usa el armonioso ‘Das Rheingold’ de Wagner que usó Herzog en Nosferatu (1979), con un cielo irreal que parece pintado y bandadas de cuervos, como en una fantasía mágica. Boyle remezcla imagen y música aleatoriamente, como si fuera un DJ, con ideas introducidas de forma intuitiva.

El momento más memorable es la inclusión del poema antibélico «Boots» de Rudyard Kipling (1915) leído por Taylor Holmes, no por casualidad cuando un padre lleva «al frente» a su hijo. Un germen sobre el Brexit que Boyle explicita con insertos de la película Henry V (1944), rodada para animar el sentimiento patriótico ancestral en GB en la 2ª Guerra Mundial, al igual que la isla dentro de la isla o la bandera de San Jorge, resignificada hoy como símbolo por la extrema derecha. También vamos siguiendo un misterioso hilo secundario de mensajes con el nombre «Jimmy», relacionado con el prólogo y que suponemos tendrá más peso en The Bone Temple, con una extraña convergencia con grupos independientes de #TheWalkingDead y una turbia conexión con el depredador real Jimmy Savile. La idea que representan «los Jimmies» es la de unos niños de nunca jamás que lo último que vieron en la TV fueron Teletubbies o Power Rangers, presentados como drugos de A Clockwork Orange (1971), también llevan el mismo chándal que Cillian Murphy en 28DL, cuyo personaje se llamaba… Jim.

Sinopsis

Años transcurridos tras los sucesos de «28 semanas después», el virus de la ira ha regresado y un grupo de supervivientes debe sobrevivir en un mundo asolado por hordas de infectados. Realizada con un iPhone 15 Pro Max y con la ayuda de numerosos accesorios especializados.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

Fotogramas