Secuela inferior pero que no repite fórmula y se atreve a ser diferente, llena de ideas, conceptos fascinantes e imágenes muy potentes que propone a Scott Derrickson como un verdadero esteta de una posmodernidad ya asimilada por el género. Una sangrienta versión cristiana de A Nightmare on Elm Street: Dream Warriors (1987) rodada al estilo grindhouse, cuyo mayor lastre es un guion sobreescrito con demasiada exposición. Pese a sus imperfecciones, la virtud inesperada de Black Phone 2 es que es toda una adaptación apócrifa del cómic Blood Club (1992) de Charles Burns, cambiando a Big Baby por Gwen, una historia de fantasmas arquetípica que también se reprodujo en El Espinazo Del Diablo (2001).
Convertir a The Grabber en una suerte de Freddy Krueger cuaja muy bien con la mitología e insufla nuevo oxígeno al mundo de Black Phone, pero también podría haberse aprovechado más su esencia sobrenatural para convertirlo en una presencia siniestra, más que en un villano parlanchín. Sin embargo, sí tiene demasiados momentos potentes, extraños en su propia extravagancia, como las apariciones del asesino fantasmal patinando, una relectura del momento del lago helado del slasher de culto canadiense Curtains (1983), así como nuevas configuraciones terroríficas de su máscara a piezas, ahora que es un espíritu desfigurado.
La ambientación 80s de Black Phone 2 es bastante peculiar y distinta a los neones pop de Stranger Things y el aura Amblin, usando canciones bastante oscuras y diferentes como la variación de The Wall de Pink Floyd en una sublime escena nocturna en medio de una tormenta de nieve y, sobre todo, la casi creepypasta Subway Of Your Mind, que fue catalogada como «la canción más misteriosa de internet». Aunque ya se ha localizado a los autores, Derrickson usa la canción como parte del programa Night Flight, considerado una especie de «anti-MTV» donde aparecían grupos más raros. Lo curioso es que en el videoclip aparece su hijo Dashiell, caracterizado como su personaje Gunther Blake, primo de Gwen y Finney, según supimos en el segmento Dreamkill de la película V/H/S/85 que conecta los universos, y que tendría lugar tres años después de esta.
Finalmente, la extensión de la historia de madre da un aura católica a priori cargada de tufo confesional que no resulta del todo extraña en la filmografía de Derrickson aunque él sostiene en el audiocomentario de la película que su interpretación espiritual no tiene que ver con la doctrina, siendo relativamente crítico con los personajes dogmáticos de la institución, al menos en la caricatura de estos de los dos gerentes del campamento, a los que ver morir a manos del grabber habría subido puntos a una película que parece querer evitar a toda costa la estructura clásica de body count, pese a las brutales muertes infantiles que pueblan la primera mitad.
Sinopsis
Ambientada en 1982, cuatro años después de que Finney Blake lograra matar al secuestrador y asesino en serie conocido como «The Grabber». Finney, ahora marcado por el trauma, junto a su hermana menor Gwen, que tiene habilidades psíquicas, comienzan a tener visiones relacionadas con asesinatos ocurridos en un campamento cristiano en las Montañas Rocosas. Decididos a descubrir la verdad, viajan junto con Ernesto, un amigo, al campamento donde trabajó su madre, que también tenía dones psíquicos y fue víctima del asesino.








