Missing Child Videotape (2025) crítica

104 minutos
JP
8
Valorado con 8 de 10
Producida por Takashi Shimizu, traslada el premiado cortometraje de Ryota Kondo al largo, ofreciendo una de las obras japonesas más estimulantes de la década. Con un ritmo pausado heredero de Kiyoshi Kurosawa, la película funde la tradición del kaidan clásico con las corrientes modernas del analog horror y los espacios liminales.
Missing Child Videotape - Poster

Ya avisaba Ryota Kondo en sus cortos y segmentos de antologías de lo que iba a presentar en su puesta de largo en el cortometraje, una alternativa a las gastadas fórmulas de yureis de pelo negro que se apoya en las vanguardias online en las que el J-Horror siempre ha sido pionero a través de cintas de vídeo. Pero en Missing Child Videotape pasa de cintas con grabaciones crípticas y plantea la idea de un chico que recibe un tétrico VHS con la desaparición de su hermano pequeño 13 años antes. Aunque es de digestión muuuy lenta, resulta una de las mejores películas de terror surgidas de Japón en esta década.

Esta producción adapta el premiado corto homónimo de 2022 que acerca el terror local tradicional (está producida por Takashi Shimizu) a la nueva corriente YouTube de analog horror, también basada en las grabaciones vintage malditas y corruptas que las propias Ringu (1998) o Ju-On (2002) inspiran. De hecho, pese a referentes autóctonos como Vanished: Age 7 (2011), el argumento y su aproximación vía VHS a un hecho traumático relacionado con la desaparición de un niño, dentro de un pasado relativamente reciente, conecta mucho la peli a otro grupo de películas de terror recientes como Censor (2021) o The Moor (2023).

Con películas como Marui Video (2023), el cine asiático se estaba aproximando a nuevas tendencias alrededor de investigaciones de metraje encontrado, pero MCV tiene más que ver con la escuela templada de Kiyoshi Kurosawa, dando una vida extra a la moribunda industria japonesa de género actual. Sin embargo, del maestro capta un compás al ralentí pero no acaba de asimilar del todo el potencial o misterio que cada imagen podría evocar, dentro de una historia relativamente simple con un ritmo pausado duro como opción estética pura, pero sin una capa de información interna en los detalles.

Sí que recoge de películas como Cure (1997) su capacidad de plasmar la alienación urbana y las consecuencias del aislamiento social a través de un duelo impermeable, relaciones humanas frías y el fantástico como representación inquietante de una nada que nos devora desde dentro. CV apenas tiene cuatro momentos de terror explícitos (aunque muy sutiles), pero principalmente su apuesta es por la atmósfera y el VHS en texturas para degustar sin prisa, dentro de su enfoque kaidan fascinado por el analog horror y los espacios liminales que se va construyendo como un creepypasta. Hay momentos en los que parece que no pasa mucho, pero más allá de su propia entropía, prestando la atención suficiente, se captan serendipias y sutiles ecos que se reconectan a lo largo del metraje, a menudo dejando más preguntas que las posibles soluciones que uno va buscando.

Sinopsis

Keita encuentra a un niño desaparecido en el bosque y, al poco tiempo, recibe una misteriosa cinta de vídeo de su madre, con la que no se habla.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

Fotogramas