Una de las pocas películas de terror de este año que realmente logra poner los pelos de punta. Además, es la primera del género hablada completamente en gaélico, un ejemplo híbrido de folk horror en simbiosis con la tradición sobrenatural irlandesa pura. Aislinn Clarke vuelve tras The Devil’s Doorway (2018) e incorpora de nuevo los fantasmas de la represión católica en la sociedad irlandesa como epicentro de su historia de miedo, aquí con mujeres en el limbo de la locura que podrían haber sido supervivientes de las lavanderías de la Magdalena.
Clarke da un salto de elegancia y tino en la dirección y sella el camino de uno de los fenómenos del fantástico reciente más desapercibido: la explosión de directoras británicas de terror con multitud de obras muy diseñadas para incomodar mientras establecen un abanico de diálogo social amplio, entre las que destacan Censor (2021), Amulet (2020), The Power (2021), A Banquet (2021) o You Are Not My Mother (2021), con la que esta comparte una actualización terrorífica de las leyendas locales. Esta comienza como una variación del subgénero del horror geriátrico de las cuidadoras, como si fuera otra Relic (2020) o La Abuela (2021), pero se distancia de él con una historia en 2º plano sobre demonios del pasado que no han acabado de enterrarse del todo y la maldición familiar típica de horror clásico.
Pese a no tener una producción suntuosa, está llena de pequeños detalles que hacen eco y la directora maneja extraordinariamente bien los inquietantes silencios nocturnos o las tardes solitarias en las que los seres extraños acechan, se acercan y llaman a la puerta de formas engañosas. Aunque reincida en el imaginario de festividades ancestrales rurales al estilo The Wicker Man (1971), en Fréwaka se exploran las entidades malévolas de leyenda como los Na Sídhe, hadas y elfos casi diabólicos de un mundo paralelo que representan una forma subconsciente de autocastigo para los irlandeses.
La proyección de la amenaza mágica se retroalimenta con las heridas ocultas de la psique, los recuerdos encostrados durante el crecimiento, la semilla de un mal que no acaba de definirse como amenaza externa o condena interna por una autopercepción severa, condicionada por herencia e inescapable. Clarke usa ángulos de cámara alternativos para sus elementos más fantásticos y primeros planos para reflejar las fugas paranoicas, espacios como el sótano como portal son escalofriantes, mientras que dispersa su subtexto con símbolos y estampas que no necesitan verbalizar sus dardos a la religión.
Sinopsis
Shoo es enviada a una apartada aldea para cuidar a una mujer agorafóbica que vive obsesionada con que Na Sídhe, un ser de la mitología irlandesa similar a las hadas, la secuestró durante su noche de bodas.








