Shelby Oaks (2025) crítica

91 minutos
US
7
Valorado con 7 de 10
El esperado debut de Chris Stuckmann, Shelby Oaks, se revela como un sólido artefacto de horror que destaca por su atmósfera fatalista y su aura maldita. A medio camino entre el found footage y el thriller de investigación clásica, la película compensa su naturaleza derivativa y un cierre apresurado con una encomiable puesta en escena de serie B.
La maldición de Shelby Oaks - Poster

Este año ha habido muchos ejemplos de cine found footage con buenas ideas pero que no han acabado de consumar sus premisas. Hay un par de ejemplos como House Of Eden (2025) y Man Finds Tape (2025) que plantean ideas parecidas sobre las que se cimenta Shelby Oaks (2025): los investigadores paranormales que se encuentran con elementos diabólicos y cultos extraños, y la idea de un vídeo que se encuentra y desde donde sale toda una historia. El debut de Chris Stuckmann no ha tenido el éxito que se le presuponía tras su campaña de crowdfunding y su historia de éxito de cómo llevar adelante una producción, pero es un sencillo pero bastante sólido artefacto de horror sobrenatural puro, cuyos escarceos con el mockumentary son su mejor activo.

Se mueve a medio camino entre el found footage y la narración tradicional y quizá su mitología prometía algo más, pero su apuesta por la atmósfera lúgubre la sitúa por encima de la media de estrenos dirigidos a video on demand. Aunque no da la vuelta al género, consigue una gran atmósfera fatalista, impregnando de algo diabólico cada fotograma, lo que, eso sí, igual no es suficiente para haberla engalanado como nuevo proyecto de Neon, haciendo que sus ingeniosas estrategias de marketing le vengan grandes, lo que a la postre ha dañado el crédito de la compañía.

Poco más o menos con la producción de Mike Flanagan, que salvo detalles que recuerdan a sus primeras películas (representación de ojos iluminados incluida), no tiene mucha presencia. Pero esto no significa que no haya muchos detalles que funcionan, por ejemplo, Stuckmann tiende a un estilo de thriller de otra época, lo que se traduce en una sobriedad inquietante que recuerda a The Mothman Prophecies (2002). Más allá de las referencias a Blair Witch Project (1999), o un enfoque en ocasiones a lo Lake Mungo (2008), Shelby Oaks tiene la virtud de dotar a sus imágenes de un aura maldita; la sensación de que la maldad verdadera transita por todos los lugares por los que una mujer va buscando a su hermana desaparecida.

Tiene también una capacidad de hacer click en todos los resortes de terror reciente: cintas analógicas que esconden figuras blurry, sótanos chungos, dibujos de niño turbios, momentos Google que explican el lore, parques de atracciones fantasmas, bosques de niebla y sombras. Todos los hace bastante bien, es a lo que venimos, pero no deja de ser derivativa y da la impresión, eso sí, de que el montaje tiene trasquilones para meter la tercera marcha y deja un anticlímax algo apresurado que pedía a gritos otra bobina extra (o la vuelta al falso documental), un postre-interruptus que desluce aciertos como las muy tenebrosas dirección de arte y fotografía.

Su imperfección deja una convergencia inesperada; en su dominio del estilo sobre la sustancia (y su trama de mínimos) recuerda a veces al Fulci de Paura Nella Città Dei Morti Viventi (1980), no solo por su simiente común proto Silent Hill, sino por cómo Camille Sullivan canaliza la energía de Catriona MacColl. Y es que, entre su vampirización de tropos, y los reshoots incluidos para añadirle gore, hay algo que no deja de tener un toquecito exploit que seguramente su creador no buscaba, pero que la plebe abrazamos con alegría.

Sinopsis

Cuando un documentalista descubre una nueva pista perturbadora, la búsqueda desesperada de una mujer por su hermana perdida hace mucho tiempo se convierte en obsesión al darse cuenta de que el demonio imaginario de su infancia puede haber sido real.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

Fotogramas