Ash (2025) crítica

95 minutos
US
7
Valorado con 7 de 10
Festín visual que cruza el onirismo cósmico de Mario Bava con la estética de Métal Hurlant. Una desacomplejada serie B de parásitos espaciales y mutaciones grotescas donde una imperial Eiza González navega por paisajes lisérgicos dignos de Lovecraft.
Ash - Poster

Terrore nello spazio (1965) de la mano de Flying Lotus, es decir, una especie de alienexploitation con estética de vídeoarte, colorines, criaturas y aspiraciones de ofrecer un poco de la Nekrokosm que Panos Cosmatos no pudo sacar adelante. No para todos los paladares. La trama de Ash es un misterio que podría haber salido de la premisa de naufragio galáctico de Event Horizon o Pandorum, pero es tan sencillo que solo sirve como lienzo para seguir a una Eiza González imperial, perdida entre pasillos y viñetas de un Métal Hurlant entre luces al estilo Mario Bava.

No hay demasiadas ideas originales en cuanto a su síntesis de ciencia ficción, con algunas pautas de Prometheus (2012) por aquí y otras de The Autopsy (2022) por allá, su esencia es una serie B sin pudor hasta de intercalar algo de artes marciales, pero la idea es proyectar estilo sobre sustancia. Aaron Paul hace un papel pequeño pero clave, pero el verdadero protagonista es el juego entre la iluminación irreal y el diseño de arte, con trajes y naves de fantasía, una preocupación estética que amplifica su mínimo presupuesto, al estilo de las viejas «cheapies» de cartón piedra de los 60.

Por otro lado, la inmersión apabullante en el color y la experiencia sensorial se acompaña de música con ecos de una época synthwave ya añeja que ya exploraba Blood Machines (2019) como artefacto visual puro, siendo aquí un refuerzo de la recuperación del onirismo cósmico de Galaxy Of Terror (1981).Pero el plato fuerte de Ash es su alegría para desparramar la sangre y sus momentos de body horror; algunos efectos de criatura son gratamente grotescos, el CGI es puntual pero excelente y en su final se permite alguna mutación que no desentonaría en un reboot psicodélico de The Thing (1982).

La representación de los exteriores y el planeta en el que transcurre la acción apuesta por el mate painting digital y la construcción de paisajes de fantasía, horizontes irreales de un lugar que podría ser el origen del indescriptible color que cayó del espacio que imaginó H.P. Lovecraft. no deja de ser una expansión de un tipo de híbrido de ciencia ficción en el espacio con parásito, una especie de remake vanguardista de Starship Troopers 2 (2004), no menos serie B y exploit que aquella, que pasaba de las guerras con bichos para inventarse una truculenta peli de ultracuerpos. se une, pues, a esa acotación del subgénero de parásitos tipo Shivers (1975), pero de origen espacial, que «poseen» a humanos e incluye títulos tan diversos como The Hidden (1987), The Puppet Masters (1994), Slither (2006) o la locura de Stephen King de The Dreamcatcher (2003).

Sinopsis

En el misterioso planeta Ash, Riya se despierta y descubre que su tripulación ha sido masacrada. Cuando un hombre llamado Brion llega para rescatarla, se desata un calvario de terror psicológico y físico mientras Riya y Brion deben decidir si pueden confiar el uno en el otro para sobrevivir.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

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