Dead Mail (2024) crítica

102 minutos
US
7
Valorado con 7 de 10
Genial y angustiosa chifladura indie que imagina qué pasaría si Misery estuviera protagonizada por ingenieros de sonido de los 70. Una joya de texturas analógicas y suspense fragmentado que combina el falso true crime televisivo con el fetichismo por las tecnologías perdidas.
Dead Mail - Poster

Falso true crime dentro del mundo de los sintetizadores vintage por el que nadie preguntó pero que a alguien brillante se le ocurrió hacer. Dead Mail es imaginar cómo sería Misery (1990) si fuera protagonizada por señores ingenieros de instrumentos eléctricos de los 70 y con detectives funcionarios de correos salidos de páginas de American Splendor, una genial chifladura post-vaporwave de crudas texturas vintage y narración fragmentada que presenta a los directores Joe DeBoer y Kyle McConaghy como una voz singular en el panorama indie USA actual.

La trama parte desde un investigador de correos que recibe una carta sospechosa y decide investigarla. Se basa en las «dead letter office» reales, una parte de las oficinas de correspondencia que gestiona envíos que no pueden entregarse, generalmente porque la dirección no es válida o falta el remitente. La función es entregar o devolver las cartas, y para ello, los empleados pueden abrirlas para buscar pistas, y esa es una de las dos caras de la historia; la otra es un secuestro para la fabricación de un sintetizador de forma obsesiva por la mente de un perturbado.

Esto genera dos líneas de narración paralelas que, además del punto común argumental, tienen un nexo temático fascinante: la especialización en tecnologías casi perdidas, sea la comunicación por papel o la música creada por aparatitos reales que casi parecen de ciencia ficción. Más que un thriller de época, Dead Mail es una fantasía detectivesca analogpunk, donde todos sus personajes se relacionan a través de lost media lofi, y esta está presente de una forma u otra: desde teléfonos de cable, correo postal, fax o pianos de circuito electrónico.

El fetichismo de la era VHS se transmite en la propia puesta en escena, imitando recreaciones dramatizadas de un viejo programa de TV de crímenes reales, jugando con la idea del falso documental, pero rodado como una producción videográfica de bajo presupuesto de esos años, con grano 16mm y texturas de cinta casi estropeada. Pero, que su estética retro y weird, casi de comedia camp, no despiste de su angustiosa experiencia, no solo por un suspense bien llevado o instantes de horror próximos a Saw, sino porque incluso tiene en la fantástica interpretación de John Fleck un psicópata muy bien construido.

Sinopsis

Una nota de ayuda inquietante llega a una oficina de correos de los años 80, lo que vincula a un investigador de cartas sin destinatario con un técnico de teclados secuestrado.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

Fotogramas