Un disparo corrosivo al idealismo estadounidense medio en forma de recontextualización del cine de sci-fi horror de los 50 y la nostalgia de los 2000 como puro desencanto, decadencia y desintoxicación del sueño americano, con The Blob (1988) y American Pie (1999) como combustible pop. Joseph Kahn, el director de aquella obra de culto llamada Detention (2011), vuelve a la subversión del cine adolescente a través del caos narrativo, la sorpresa constante, la ocurrencia y los gags rápidos e incorrectos.
Partiendo del clásico escenario del cine de institutos, en el que el que no logra ir a la universidad es un perdedor, Kahn nos presenta al antiguo capitán del equipo de fútbol americano convertido en un loser de categoría, metiéndolo en nuestro bolsillo al ponerle la cara de Brandon Routh, enamorado, como no, de la eterna cheerleader Mena Suvari. Rompe así una serie de tópicos impregnados en una cultura juvenil que no se ha vuelto a replicar, aprovechando la cobertura para disparar a diestro y siniestro bajo la excusa de hacer una comedia de terror.
Nadie sale vivo de su comentario acerca de la muerte de la conexión cultural en un mundo aburrido de sí mismo: los hombres reconstruidos que solo quieren «meter», el neofascismo, los antivacunas, los woke y los antiwoke… Kahn ridiculiza sin permitirse explicar quién tiene razón, tan solo exponiendo un mural de un cinismo y sobreanálisis que impide la conexión sencilla. Para ello, Ick recurre a la metáfora de una «sustancia maldita» que va más allá de las masas devoradoras del cine y se remonta a The Damned Thing, de Ambrose Bierce, al que hace incluso guiños en el nombre de algunas tiendas, un relato adaptado en 1975 y por Tobe Hooper en 2006.
El monstruo en sí funciona como una película de ultracuerpos-zombis al uso, con algunos FX mejorables pero buenos gags. Una película de terror anárquica e imperfecta, pero con un punto corrosivo que se echa en falta y que, en todo caso, no merece la absoluta indiferencia con la que ha sido recibida por el público y el fandom. Seguramente acabe cimentando su culto, aunque solo sea por su banda sonora repleta de los éxitos de los 2000 de pop-punk que definen el color de la época: «Swing Swing» de All American Rejects, Wheatus, Hoobastank, Good Charlotte… todos los sospechosos habituales. Puede convertirse en la avanzadilla de una nueva ola nostálgica, como Super 8 (2011) lo fue para Stranger Things (2016-2025).
Sinopsis
La vida del profesor de ciencias Hank cambia cuando se reencuentra con su primer amor y sospecha que una nueva alumna es su hija, todo ello mientras se enfrenta a una amenaza alienígena en su pueblo.







