Companion (2025) crítica

97 minutos
US
7
Valorado con 7 de 10
Drew Hancock subvierte los tropos de la comedia romántica y la ciencia ficción en un ingenioso thriller que dispara contra la cultura incel y el narcisismo moderno. Aunque hereda los vicios efectistas de Barbarian, triunfa como un caótico y disfrutable antídoto contra el romanticismo.
La acompañante - Poster

Quizá demasiado dependiente de los giros y los trucos de guion que hicieron que Barbarian fuera acogida con una efusividad desmedida, la nueva producción de sus creadores, esta sencilla película de terror y ciencia ficción subvierte tropos con una muy divertida variación de de una aparente comedia romántica yendo un paso más allá de Her (2013), completando la funcionalidad de Alexa con una real doll con cara de Sophie Thatcher que es utilizada como arma contra su voluntad.

La actriz lleva una carrera ascendente cada vez más sólida, pero lo que hace aquí la debería consagrar como Scream Queen definitivamente. Toda la película carga sobre sus hombros y nos lleva a donde quiere, con una mezcla entre candor, vulnerabilidad y fuerza irresistible. La premisa, a priori manida, de un grupo de parejas pasando un fin de semana en una casa de campo está cargada de sorpresas, falsas asunciones y una refrescante huida de la plantilla perezosa de thriller whodunit de estos años, con inesperados estallidos de violencia sangrienta.

Además de Thatcher, el reparto, con Harvey Guillén, Jack Quaid, Lukas Gage o Megan Suri está sembrado, jugando con estereotipos que no son lo que parecen, o al menos, resultan ser estereotipos diferentes que a primera vista, siempre en cuerda con la ligereza de la propuesta, con un tono atolondrado que no invalida algunas afiladas reflexiones sobre el control, el utilitarismo de las parejas, el narcisismo y cultura incel, proponiéndose como una profundo antídoto contra el romanticismo, disparando contra todas las posibilidades y permutaciones del mismo.

Hay películas recientes como M3GAN (2023) o Subservience (2024) que juegan a lo mismo, pero precisamente al compararla con ellas, la opera prima de Drew Hancock resulta una ingeniosa puesta al día de The Stepford Wives (1975) que sabe reflejar nuestra dependencia a la tecnología, la falta de ética de ciertos usos de esta y el utilitarismo sexual y romántico de las relaciones humanas. Sin embargo, su planteamiento no puede ser más diferente a aquellas, es como si Carnage (2011) y Bitter Moon (1992) de Polanksi se volvieran tan locas como un episodio «de herencias» de Tales from the Crypt, solo que introduciendo elementos tecnológicos del presente para rozar una palpable sobre los límites éticos de ciertos usos de los avances.

Mientras, se permite homenajes a Terminator (1984) y cierta fantasía de liberación femenina a través de una defensa ambivalente de las IA que conecta tanto con Don’t Worry Darling (2022) como con The Creator (2023), quizá haciendo un apunte que se nos escapa cuando se nos hincha la vena con la tecnología, y es que la culpa de su uso no es suya, sino de la naturaleza humana. Sin emabago, esos malos vicios heredados de Barbarian, como apostar todas sus cartas al impacto de trama o esos flashbacks que se alargan de más, acaban rompiendo el momentum secuencial, haciendo que sea una experiencia muy disfrutable pero envuelta en cierta cualidad perecedera.

Sinopsis

La muerte de un multimillonario desencadena una serie de acontecimientos para Iris y sus amigos durante un viaje de fin de semana a su finca junto al lago.

Curiosidades sobre la película

Dentro de poco tendremos algunas curiosidades

Fotogramas