Las 41 mejores películas de terror de 2025

El 2025 ha echado el cierre toca hacer balance de lo que ha dado de sí el cine de terror en estos doce meses de montaña rusa. Seleccionamos nuestras películas favoritas estrenadas comercialmente durante el año 2025 —ya sea en la gran pantalla o asaltando los catálogos de streaming— y  comentamos por qué creemos que merecen estar en una selección de imprescindibles

Si el 2024 tuvo una representación del cine de género marcada por la proliferación de títulos, 2025 se ha confirmado como el año de la madurez de una tendencia dentro de una nueva era de saturación. Tras el estallido previo, este año no solo hemos asistido a una cantidad ingente de estrenos, sino a una sofisticación de ciertas fórmulas que ha llevado de nuevo el género al camino de los premios. El terror ya no es solo un salvavidas para la taquilla, sino que los grandes estudios, las productoras medianas y el talento emergente están reconocidos de cierta forma por la industria, tanto en las visiones personales de clásicos por directores consagrados en proyectos como el Frankenstein de Guillermo del Toro o el misterio del éxito de Sinners y Weapons.

Pero los Óscar son solo un reflejo, o más bien una cara de las muchas que están sucediendo al mismo tiempo. Pocas veces hemos asistido en este siglo a la proliferación de un ecosistema tan vibrante. Desde el rescate de clásicos, a parodias brillantes como The Parenting, hasta la consolidación de secuelas de alto presupuesto como 28 Years Later, Black Phone 2 o Final Destination: Bloodlines, el año ha sido un bazar que va desde nuevas fórmulas de terror animal, el anticine romántico, el folk-horror internacional de obras como Fréwaka, o el nuevo brillo del J- Horror, donde incluso las propuestas que carecen de grandes campañas de marketing tienen bastante. Sin más dilación, entremos de lleno en este repaso por las joyas que nos ha dejado un 2025 sembrado, violento y bastante sorprendente.

42. Halabala (2024)

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Frente a la deriva amable e higienizada que la franquicia espacial ha tomado recientemente, Halabala rescata el verdadero espíritu de Predator (1987): testosterona autoconsciente, tensión física y criminales impregnados de sudor en entornos hostiles. Lo que arranca como una brutal persecución policial tras un criminal en la jungla tailandesa no tarda en retorcerse hasta convertirse en un angustioso y sangriento descenso a los infiernos. A medio camino entre el thriller de bandas, la aventura de supervivencia y el horror sobrenatural, destaca por su rica imaginería folclórica y una contundente dosis de violencia gráfica. Su gran baza reside en el brillante uso de unos efectos prácticos y artesanales, desplegando criaturas de diseño grotesco en claustrofóbicas localizaciones subterráneas. Aunque su ritmo resulta caótico y acusa algún flashback melodramático innecesario, se consolida como una propuesta salvaje, exótica y divertidísima.

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Programa doble: Osiris (2025)

Terror en el espacio modesto pero lleno de carburante y actividad; hay más tiros en esta película que en toda la carrera de Chuck Norris. Monstruos de Todd Masters, aparición de lujo de Linda Hamilton… Si hubiera tenido algo de gore podría haber sido la serie B del año. Una del subgénero de abducciones en la que, como en Predators (2010) los aliens secuestran… ¡A todo un equipo de militares!, convirtiéndose en una película de evasión por pasillos oscuros, con estrategia propia de una entrega de Doom y la actitud macho-testosterona del cine-torrezno nuestro de cada día. Con una producción similar a aquellos estrenos de los 90 facturados directamente para videoclub, pero no desde la nostalgia, sino con un continuismo, lógico para la era streaming, de un modelo donde lo importante no era tanto la trama como un acabado digno y escenas de acción al peso.

41. The Parenting (2025)

The Parenting - Backdrop 1

La comedia de terror se ha asentado con fuerza en el audiovisual reciente y esta propuesta de HBO Max supone una pequeña gran sorpresa que no ha entrado en los recuentos. La premisa reúne a un reparto estelar de actores veteranos de la televisión de prestigio, que se lanzan sin complejos a una orgía de chistes escatológicos con un espíritu muy cercano a la saga Scary Movie. La trama cruza el choque cultural de un encuentro familiar con una experiencia sobrenatural dentro de una casa encantada. Así surgen apariciones fantasmales, posesiones hilarantes y rituales con un dinamismo absurdo y contagioso que funciona gracias al compromiso de sus intérpretes, destacando a una Parker Posey brillante en su vis más estrafalaria. El filme recupera la tradición de las comedias macabras corales de antaño, tipo Carry on Screaming (1972), donde intérpretes ilustres se autoparodian entre gags de mal gusto y fluidos. Con unos efectos y diseños de demonios convenientemente tenebrosos, The Parenting logra ser una propuesta mejor de lo que debería.

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Programa doble: Anaconda (2025)

La última película de terror del año es un atolondrado metarremake del clásico de horror animal de los 90 que Paul Rudd y Jack Black han rescatado para hacer la divertidísima gran parida de 2025, casi accidentalmente uno de los reboots más frescos de la era de la obsesión con los reboots y secuelas. Vibrante, estúpida y ligera, en realidad es más bien el autorremake no autorizado de tres hitos de la trilogía de Jack Black: King Kong (2005), Tropic Thunder (2008) y Be Kind Rewind (2008), con ideas de Jay And Silent Bob Reboot (2019) de Kevin Smith. Una inesperada sorpresa navideña para freaks orgullosos. Una idea genial que parte de la fascinación bizarra por el título de Jennifer López para parodiar la obsesión de Hollywood con las marcas y jugar con la comedia autoconsciente, el humor idiota y el terror animal de forma que no hay un momento en el que no haya un gag divertido, un momento hilarante o un giro inesperado.

40. Companion (2025)

La acompañante

Aunque acusa la evidente dependencia por los giros e impactos de guion propia del sello de sus productores, Companion (2025) logra consolidarse como una ingeniosa e hilarante variación de la comedia romántica dentro del terror y la ciencia ficción. La trama arranca con la premisa manida de un grupo de parejas pasando un fin de semana en una casa de campo para subvertir tropos de forma constante, construyendo un ácido antídoto contra el romanticismo, el narcisismo, la cultura incel y el utilitarismo en las relaciones. Toda la propuesta se sostiene sobre la brillante interpretación de Sophie Thatcher, quien combina candor, vulnerabilidad y una fuerza arrolladora para encumbrarse como nueva scream queen. Apoyada por un reparto en estado de gracia, dialoga con referentes tan dispares como The Stepford Wives (1975) o Her (2013) para reflexionar sobre la dependencia tecnológica y la moralidad, ofreciendo un carrusel de violencia sangrienta y humor atolondrado.

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Programa doble: Match (2025)

Si Companion fue vendida como “lo nuevo de los creadores de Barbarian”, aunque luego no tuviera mucho que ver, esta Match puede considerarse una exploitation en toda regla del éxito de Zach Cregger en miniatura, aunque también conecta con el film de Hancock por su continuación de la tendencia de anticine romántico que contesta a la del romántico también presente en las corrientes de terror de 2025. También jugando con la idea de las citas de apps que salen mal (no deja de ser la versión perversa que habría hecho Tobe Hooper de Drop), este es el precedente perfecto para hacer tiempo mientras llegan Fuck My Son y Dolly: barata, gore, grotesca y llena de mal gusto; la trampa para ratones en el miembro es de esos gags que perduran en la memoria.

39. Strange Harvest (2024)

Strange Harvest

El falso documental de terror vive un sugerente resurgir y Strange Harvest (2024) destaca al reproducir la investigación sobre los sangrientos crímenes de un asesino conocido como Mr. Shiny. Su premisa evoca la atmósfera críptica de Longlegs (2024), pero sustituye el satanismo por un misterio cósmico. Su gran acierto es apropiarse de los clichés y el sensacionalismo del true crime televisivo de plataformas, combinando entrevistas sobrias con un evidente tono amarillista. Aunque el formato de cabeza parlante peca de monótono y delata sus limitaciones presupuestarias, supone una de las formas más puras de abordar un relato lovecraftiano a través de un puzle oral. En este sentido, conecta sin disimulo con la narrativa de K?ji Shiraishi y obras como Occult (2009), basando su eficacia en una minuciosa dosificación de la información donde hechos deslocalizados revelan una amenaza cósmica superior que se oculta tras la realidad.

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Programa doble: Project MXHEXE (2025)

Estamos ante el candidato a llegar a haber sido el mejor found footage visto en muchos años, pero se queda a las puertas y muere al llegar a la orilla, arrastrado por su propia ambición y complejidad. Quiere mezclar cinco leyendas urbanas a la vez con Lovecraft, analog horror y el drama familiar de Lake Mungo (2008). La ejecución es digna de los mejores segmentos de V/H/S —por algo produce Cineverse—, pero también abusa de sus trucos de montaje y glitches agresivos. Demasiados gritos, demasiado enrevesado y demasiados minutos de más para una falta de escenas de terror tan decepcionante como su anticlímax estroboscópico. En el fondo, es una obra paralela a la superior Banshee Chapter (incluso ocurre al mismo tiempo cronológicamente) pero enfocada como un documental tipo Butterfly Kisses (2018). Con todo, el resultado es superior a la media y merece bastante la pena asomarse, pero es una lástima que no acabe de cuajar su fascinante desarrollo.

38. Lilim (2025)

Lilim

Netflix estrenó por sorpresa Lilim (2025), una estimable muestra del resurgir del cine de terror filipino dirigida por Mikhail Red. La trama nos traslada a 1983, en plena dictadura de Marcos, para seguir a dos hermanos huérfanos en un orfanato envuelto en secretos siniestros. Aunque no inventa la rueda y trabaja con un presupuesto limitado, Red demuestra una sobriedad contenida y elegante al adaptar tropos clásicos de la mansión gótica al folclore local y al contexto político de su país. Lejos del impacto fácil, la película se apoya en un clasicismo puro a través de pasillos interminables, pasadizos ocultos y misterios conventuales. Su entramado de cultos herméticos y presencias ancestrales evoca el misterio de Dark Waters (1993) o la atmósfera de The First Omen (2024). Como es habitual en el director, la paciencia se recompensa con un desenlace delirante: una explosión de violencia gráfica que remata un nunsploitation modesto, oscuro, valiente e inesperado.

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Programa doble: Host (2025)

Llegada a Amazon Prime Video, esta nueva película de terror asiática en un reformatorio femenino en el que ocurren sucesos paranormales. La diferencia con Lilim es que se centra más en el bullying entre compañeras que en el misterio en sí, aunque este también es parte troncal de la trama. Tiene un comienzo paciente, pero su desarrollo es absorbente y destaca en su aspecto formal respecto a la producción de otros países como Indonesia, con jumpscares bastante efectivos y un final que sabe ir siempre a más. Tailandia es más regular en este aspecto, y junto a la nada desdeñable Attack 13 (2025), ofrecen una alternativa al cine de terror dirigido al sector young adult de occidente.

37. The Other (2025)

Infancia Sombría

Más allá de las listas convencionales de lo mejor del año, The Other (2025) se consolida en el top por ser un descarado e imprescindible monumento al exceso. Dirigida por Paul Etheredge, funciona como una relectura chabacana y subversiva del cine de niños malévolos, abordada con el desparpajo camp y la falta de prejuicios de quien filma un telefilme melodramático pero inyectado de mal gusto de categoría premium. Lo que verdaderamente la convierte en un hito indispensable del año es su capacidad para encadenar situaciones absurdamente inapropiadas e incorrectas sin pedir perdón. La película esquiva la corrección política del terror moderno y culmina en un tramo final tan rematadamente chiflado que deja el desmadre de Malignant (2021) o las sorpresas de Orphan (2009) a la altura de un juego infantil. Una joya chalada, defectuosa e imperfecta, pero con el valor suficiente para coronarse como la masterpiece trash más salvaje y divertida de la temporada.

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Programa doble: The Fetus (2025)

Tras su presencia en la saga Terrifier, Lauren LaVera se ha hecho un hueco en el mercado sumergido de la serie Z en una envidiable regularidad de cine grasiento y tras su divertida The Well (2022), una vuelta a los últimos coletazos del gótico italiano de los 80, vuelve con una producción que realmente podría salir del videoclub principios de los 90, donde se juntaban títulos como The Suckling (1990), The Unborn (1991), Progeny (1998) y otras olvidadas de la época. The Fetus es una divertidísima majadería con embarazos tróspidos, tentáculos saliendo de la entrepierna y bebés-monstruito diabólicos que alterna entre el thriller sexual y el combinado ocultista con pactos con el diablo y portales al infierno, todo regado con sangre y efectos especiales ricos en látex, logrando de forma espontánea lo que otras imitan deliberadamente.

36. The Man With the Black Umbrella (2025)

The Man with the Black Umbrella

En un año marcado por la saturación de found footage independiente, The Man with the Black Umbrella (2025) sobresale en el top por rescatar la efectividad pura del formato: infundir terror real a base de sustos impecables y miedos atávicos. Dirigida por Ricky Umberger, el film captura como ninguna otra la esencia perturbadora de la saga V/H/S (2012), funcionando como una brillante expansión a largometraje de sus mejores segmentos. Lo que la consolida como una pieza clave de la temporada no son sus recursos técnicos, sino la maestría para administrar la tensión sin efectismos ni estruendos. Explotando la figura de una criatura al estilo de Slender Man (2018), la película sostiene un ritmo aterrador jugando con el fuera de campo y la paranoia subjetiva. Es un ejercicio de horror áspero, atmosférico y fatalista que remata con una recta final contundente, demostrando por qué se ha ganado un puesto entre lo más destacado del año.

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Programa doble: V/H/S/ Halloween (2025)

Cada nueva entrega de la saga found footage es una gran tradición de Halloween para los fans del terror, pero la dedicada a la fiesta suprema del género decepciona y no tiene mucho de especial a pesar de algunos buenos segmentos. Quizá una al año es demasiado. Ut Supra Sic Infra, la historia dirigida por Paco Plaza, es la única que genera miedo de verdad e intenta hacer algo con el formato, como combinar distintas líneas temporales; es una lástima que sea la más corta, porque da indicios de vida en un estilo que él mismo resucitó (y explotó) con Rec. Aunque la estrella de la función es Home Haunt, la última historia y la que mejor refleja el espíritu de Halloween del conjunto, un tren de la bruja literal con un montón de muertes creativas y hasta un cameo del maestro de los efectos especiales Rick Baker. Una que entra de lleno al top de la saga. Sin embargo, el resto de historias son repetitivas y muestran el desgaste de una marca que, aunque resucitó con fuerza en Beyond, empieza a dejar ver sus trucos y limitaciones con frecuencia anual, del shaky cam a filtros de glitch o su pobre falta de recursos de tensión. Todo se ha reducido al gore. No hay ninguna idea nueva como Storm Drain, To Hell And Back o Total Copy, el interludio que esta entrega imita. Pero lo que más pesa es la oportunidad perdida para ofrecer un homenaje cuidado a la fiesta de difuntos, al estilo de Wnuf Halloween Special (2013), el mockumentary de analog horror de culto.

35. Ick (2024)

Ick

Dentro de las propuestas más singulares e incomprendidas del año, Ick (2025) exige un puesto de honor en el top por su disparo corrosivo al idealismo estadounidense y su deconstrucción de la nostalgia. Dirigida por Joseph Kahn, esta comedia weird propone una recontextualización del cine de ciencia ficción y terror usando a The Blob (1988) y American Pie (1999) como combustible pop para filmar el puro desencanto y la decadencia de la cultura juvenil. Lo que la convierte en una gema imprescindible del año es su caos narrativo, su sorpresa constante y una absoluta falta de filtros para ridiculizar las guerras culturales modernas sin explicar quién tiene razón. A través de una sustancia maldita que actúa como metáfora de la desconexión social, el guion despliega gags políticamente incorrectos, cinismo puro y una electrizante banda sonora de pop-punk de los años 2000, que reafirma su naturaleza anárquica e imperfecta que clama por su mordisquito de culto.

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Programa doble: The Toxic Avenger (2023)

Si Ick tiene en su núcleo una historia de padre e hija disfuncional, la celebración de la mugre del clásico de la Troma de Macon Blair introduce un conflicto muy similar para ampliar su mirada. Un remake de un clásico que opta por dulcificar a su protagonista deforme para hacer un manifiesto por lo marginal y lo diferente. Salvada del limbo gracias a Cineverse, la distribuidora de Terrifier 3 estrenó el trabajo de Macon Blair en cines sin calificación de la MPA, es decir, manteniendo toda su locura gore de principio a fin. El resultado es arbitrario, más Super (2010) de Gunn de lo esperado, pero concebido desde el cariño con un aire gamberro que funciona mejor cuando se entrega al absurdo y sus gags gore, pero no tanto en los de humor afín al indie contemporáneo. Hay buenos maquillajes, FX y guiños al tromaverse, aunque conecta más con el espíritu tierno de la serie de dibujos que con la suciedad de la obra original, también hay algo de revisionismo pop y bromas internas desiguales, pero sus estallidos espontáneos tienen algo fresco no habitual en otros artefactos nostálgicos.

34. No me sigas (2025)

No me sigas - Backdrop 4

La pequeña gran olvidada del género de la temporada es No me sigas (2025), una modesta producción mexicana de Blumhouse que acumula tropos a granel pero los resuelve con gracia y sin despeinarse. Esta sorpresa navega entre el found footage y el terror sobrenatural moderno, utilizando la cultura streamer, los espacios decrépitos y las tendencias de redes como caldo de cultivo para un relato juguetón que ofrece efectivos momentos macabros sin perdonar el ritmo en sus escasos 83 minutos. Lo que verdaderamente justifica su presencia en lo mejor del año es su capacidad para mutar hacia terror de espacios con algo turbio, incorporando incluso imaginaría propia de Trevor Henderson sin perder frescura. Apoyándose en referentes como Deadstream (2022) o El llanto (2024), la película se sostiene sobre el notable trabajo actoral de Karla Rodríguez Coronado, logrando un largometraje sin altibajos, honesto y entretenidísimo que demuestra las enormes posibilidades del cine de género mexicano actual.

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Programa doble: Cuento de Pescadores (2024)

Un cuento de pescadores es una pequeña película de folk horror mexicano que adapta la leyenda de La Miringua, un espíritu que adopta la forma de una mujer para atraer a pescadores a las profundidades del lago. Tragedia rural lorquiana salpicada de superstición en forma de antología oscura conectada por historias de folklore y pasiones orquestadas por la siniestra presencia de una leyenda acuática maléfica. Gran fotografía y dos escenas bastante potentes, una de ella sumamente perturbadora que recrea el Saturno devorando a sus hijos de Goya de forma directa.

33. Clown in a Cornfield (2025)

Cosecha sangrienta

Ejemplo de slasher juvenil arquetípico y redondo, Clown in a Cornfield (2025) se corona como una de las piezas más divertidas del año al alejarse de juegos metas, remakes y franquicias. Dirigida por Eli Craig, autor de la comedia de culto Tucker & Dale vs. Evil (2010), la película adapta la novela de Adam Cesare sabiendo concentrar lo bueno de un body count generoso, repleto de sangre y muertes cafres que no escatiman en excesos hemoglobínicos. Su gran acierto para destacar en el top reside en abrazar una fórmula clásica y académica de killer on the loose con personajes adolescentes bien escritos y reales. Incorporando la tradición del horror en los maizales heredera de Children of the Corn (1984), combina la coulrofobia con la lucha generacional y el aislamiento rural, ofreciendo un ejercicio gamberro, honesto y sin complejos que se convierte en una relectura del folk horror rural americano tan pendiente de cosechas y sacrificios de los hijos.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: The Jester 2 (2025)

La onda Art the Clown ha calado y hasta tiene su minisaga paralela en el mercado directo a vod. Si bien la primera The Jester (2023) no lograba levantar más allá de su condición de mockbuster de saldo, en su segunda parte hay una mejora en todos los aspectos que sabe aprovechar la idea de partida de su personaje clónico: hacer trucos de magia que acaban de forma calamitosa para sus víctimas. Quizá con ese punto de muertes creativas que tenía la saga Wishmaster (1997), pero a una escala casera, aunque no menos generosa en gore. Entre su máscara y sus artimañas, Jester tiene su propia personalidad y su mitología funciona para mantener sus casi 90 minutos en movimiento.

32. Dead Mail (2024)

Dead Mail

Falso true crime dentro del mundo de los sintetizadores vintage, Dead Mail (2025) se presenta como una genial chifladura post-vaporwave de crudas texturas de celuloide y narración fragmentada. Dirigida por Joe DeBoer y Kyle McConaghy, su curiosa mezcla propone imaginar cómo sería Misery (1990) si estuviese protagonizada por ingenieros de instrumentos eléctricos de los 70 y detectives de correos extraídos de American Splendor (2003), consolidando a sus creadores como una voz singular del indie estadounidense. Su interés radica en armar una fantasía detectivesca analogpunk alrededor de tecnologías casi perdidas y el fetichismo de la era VHS. Apoyada en grano de 16mm y la estética de recreaciones televisivas de bajo presupuesto de la época, la película no se queda en lo retro ni en la comedia camp: sostiene una angustiosa experiencia de suspense con instantes de horror y una fantástica interpretación de John Fleck como un psicópata muy bien construido.

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Programa doble: Push (2024)

En la linde entre el thriller y el horror hay muchos ejemplos como Dead Mail, pero quizá uno de los más interesantes sea este demasiado desapercibido nuevo esfuerzo de los directores de The Boy Behind The Door (2020) quienes siguen perfeccionando sus juegos del gato y el ratón, esta vez en una suntuosa mansión que impregna a su home invasion arquetípico con ribetes góticos, citando de Il Telefono (1964) de Mario Bava a A L’interieur (2007), con una mujer embarazada escapando de un asaltante incansable. No ofrece absolutamente nada nuevo, pero es en su simplicidad en donde reside su fuerza; rodada con lo mínimo, tiene esa rara virtud de que se entendería todo sin necesidad de diálogos. Manejando los espacios y la geografía como pocos, este dúo no tiene intención de cambiar el género pero demuestran que no es tan sencillo hacer las cosas bien, logrando una caligrafía limpia, directa y con múltiples abrazos al cine de terror clásico en su puesta en escena, aunque lo sobrenatural no tenga espacio. Una pequeña adición a una filmografía cada vez más prometedora.

31. Deathstalker (2025)

Deathstalker

Steven Kostanski vuelve a apelar a la memoria del videoclub de los años 80 con Deathstalker (2025), un remake de la exploitation de espada y brujería de bajo presupuesto que utiliza el título original como excusa para desplegar una colección de criaturas grotescas. El director subvierte el sexo gratuito y el salvajismo del género tras el éxito de Conan the Barbarian (1982) para transformarlo en una comedia feel good con el combustible infantil de las series de dibujos animados de la época. Su gran valor reside en la concepción minuciosa de sus monstruos asimétricos y su oda al látex viscoso, los trajes de goma, el animatrónico y el stop motion. A pesar de una fotografía digital limitada, la película respira una autenticidad gamberra en la línea de PG: Psycho Goreman (2020), con un desfile inagotable de engendros y criaturas del pantano que la coronan como una de las propuestas de terror y fantasía más disfrutables de la temporada.

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Programa doble: Harvest Brood (2025)

Y si hablamos de artesanos de los FX caseros, uno de los descubrimientos de este año es el último trabajo de Joe Meredith, un artesano del horror SOV que destaca por su habilidad para fusionar las atmósferas de pesadilla analógica cercanas al found footage con los bichitos de efectos prácticos y las narrativas de los vídeos más marginales de los 80. En Harvest Brood (2025), Meredith plantea los efectos de una infestación biológica en una investigación claustrofóbica, visualmente pegajosa y llena de marionetas húmedas y dibujos de las mutaciones avistadas, como si fuera un creepypasta integrado en la historia. Tienen sus películas un toque de cinta de VHS maldita encontrada en un sótano, pero lo cierto es que el trabajo de los actores es demasiado amateur para pasar por alto algunos tramos “dramáticos” que erosionan el gran trabajo de atmósferas y planos fijos de calles y lugares semiabandonados.

30. Sayuri (2024)

House of Sayuri - Backdrop 1

El creciente interés por la figura del cineasta K?ji Shiraishi tiene en Sayuri (2025) un verdadero motivo de celebración para un año en el que hace doblete. Distanciándose momentáneamente del estilo de metraje encontrado que lo encumbró con su obra maestra Noroi (2005), el director japonés adopta aquí una narrativa mucho más tradicional para sumergirse en el film de casas encantadas arquetípico, pero resolviéndolo a través de una aproximación impredecible, psicotrónica y completamente demencial. El gran valor por el que esta película merece destacarse este año es su capacidad para dinamitar el subgénero de fantasmitas vengativo. Lo que arranca con la apariencia de una sátira de comedia de terror se transforma de golpe en un slasher sobrenatural, sangriento, cruel y repleto de una mala hostia que sorprende. Aunque al revelar su misterio pierda algo de tracción, Shiraishi encuentra la manera de conectar la historia de fantasmas con su terreno cósmico de seres inexplicables.

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Programa doble: Dead Talents Society (2024)

Si Shiraishi no se acaba de tomar en serio su revisión del cine de fantasmas de su país, esta película taiwanesa no duda en deconstruir tropos de horror oriental a través de la comedia pura. Partiendo de la idea de Monsters, Inc. llevada al kaidan eiga, esta simpática gamberrada salpicada de sangre realiza el exorcismo definitivo a todos los clichés del terror asiático, satirizando la nueva obsesión social media con el éxito. Puede considerarse una auténtica parodia de cine de espectros con pelo largo, rozando casi el ultramundo organizado de Beetlejuice con misiones post-mortem afines a las del mundo de Tim Burton. Dead Talents Society tiene algunos gags alrededor de la exposición online bastante inspirados, aunque peca de alargarse demasiado con ciertas bromas y recursos que acaban siendo repetitivos. Para compensar, tiene dosis de gore que uno no se espera en una obra de tono tan tontorrón.

29. Shelby Oaks (2025)

La maldición de Shelby Oaks - Backdrop 2

Dentro de la corriente del found footage y el falso documental, Shelby Oaks (2025) se presenta como un sencillo pero sólido artefacto de horror sobrenatural puro. El debut tras las cámaras del crítico Chris Stuckmann se mueve a medio camino entre la narrativa encontrada y la tradicional, siguiendo a una mujer que busca a su hermana desaparecida tras la perturbadora pista de unos investigadores paranormales que chocaron contra un culto diabólico. Su mayor interés radica en su capacidad para impregnar los fotogramas de un aura maldita y una atmósfera lúgubre, con una sobriedad inquietante que recuerda al estilo de The Mothman Prophecies (2002). Apoyándose en el uso del falso documental al estilo de Lake Mungo (2008), la película activa los resortes del género con cintas analógicas y sótanos oscuros; un ejercicio derivativo que, entre sus imperfecciones de montaje, acaba abrazando un agradecido toque exploit que seguro que no buscaba.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Traumatika (2024)

Hay poco en común a priori con el cuidado formal de Shelby Oaks y el terror de cazalla y espíritu de cine para vídeo exploit de esta especie de historia épica fragmentada en varios puntos de vista, pero ambas aúnan traumas infantiles y demonios. El director de Two Witches (2021) contraataca con una ambiciosa historia que mete en la olla objetos malditos, demonios, true crime, abuso infantil, incesto y una especie de encarnación de Nieves Herrero que da más miedo que los poseídos. Con gore generoso, trazo grueso y dislates narrativos de cronología voluble, tiene un espíritu de reencarnación trash italiana, al estilo del cine retroeuropeo de Andreas Marschall, que la convierte en un torrezno tan problemático como disfrutable.

28. Tormento (2025)

Tormento

Enmarcada en el resurgir del género en su país, Tormento (2025) mantiene las pautas de un cine sencillo y de bajo presupuesto con alta carga de lección moral católica. Dirigida por Olallo Rubio, la película parte de la típica premisa de vigilante nocturno en un depósito de cadáveres para alejarse del gran espectáculo sobrenatural y virar hacia un terreno minimalista, psicológico y centrado en el remordimiento de culpa de su protagonista. Su principal interés radica en una rotunda Natalia Solián —evocando la fuerza de Huesera (2022)— y en una puesta en escena de pulcritud inusual. A través de un uso maestro de lentes anamórficas, juegos de perspectivas y líneas paralelas, la puesta en escena encierra al personaje en una cárcel virtual mediante un lenguaje visual hipnótico que evoca el espacio opresivo de Last Shift (2014). Un ejercicio rotundo que convierte la morgue en un espacio infernal en escasos 75 minutos.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Turno Nocturno (2024)

Turno Nocturno actualiza una leyenda como la planchada para hacer otra clásica película de trabajadora de hospital en turno de noche perdiendo la chaveta. Aquí el espíritu es un catalizador de presiones inherentes a la situación laboral precaria, el abuso sexual en el trabajo y otras tensiones sobre la mujer en México, que se traducen en un baño de sangre. No es aquí el trasfondo social importante como en La mano (2023) de Michelle Garza, ni está rodado con la precisión de Tormento (2025), pero resulta un disfrute desprejuiciado lleno de sangre y momentos de esperpento que sabe aprovechar su sitio de producción de serie B cubriendo su base de exploitation J-Horror con un topping de slasher sobrenatural generoso.

27. Ash (2025)

Ash

Con su apabullante inmersión sensorial, Ash (2025) se consagra como un fascinante artefacto visual que no renuncia a ser una desvergonzada serie B de lujo. Dirigida por el músico Flying Lotus, su experimento proyecta estilo sobre sustancia para ofrecer una alienexploitation galáctica con estética de videoarte, luces neón al estilo Mario Bava y la ambición de capturar el espíritu que Panos Cosmatos no pudo materializar en su proyecto cancelado Nekrokosm. Lo que justifica su puesto no es la originalidad de su premisa de ciencia ficción precisamente, sino su arrebatadora experiencia estética y su alegría para desparramar la sangre mediante un body horror grotesco y de FX prácticos. Recuperando la imaginería lisérgica y el onirismo cósmico de referentes como Terrore nello spazio (1965) o las mutaciones de The Thing (1982), la película se sostiene en una imperial Eiza González para entregar una fantasía espacial psicodélica, libre y puramente sensorial.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Distant (2025)

La tendencia de terror romántico es definitivamente el gran tema del 2025, esta réplica comercial a Ash es cute, naif y casi juvenil, un producto por encima de similares para streaming. Una serie B con un ritmo envidiable, se merienda en 80 minutos lo que otras plantan en dos horas, juega con escenarios y pantalla verde con Terror en el espacio en un ojo y una secuela barata de Starship Troopers en la otra. Pura diversión PG-13 extrañamente reconfortante y un diseño de bichos que mola más de lo que parece a primera vista. Ah, y con Naomi Scott certificando su camino de Scream Queen de lujo.

26. Dark Nuns (2024)

Monjas Oscuras

Dentro de la inagotable corriente del cine de exorcismos, Dark Nuns (2025) se alza como una valiosa alternativa oriental que logra insuflar frescura a un subgénero agotado en Occidente. Concretada dentro del universo de The Priests (2015), la secuela tiene la particularidad de centrar prácticamente toda su segunda mitad en el desarrollo de los propios rituales, creando un híbrido que fusiona el nunxploitation con el chamanismo surcoreano mientras cuestiona el sexismo implícito dentro de la institución católica. Su mayor acierto reside en la solidez de su factura técnica, los detalles de imaginería blasfema y la ejecución de la batalla espiritual en su tramo final. Apoyándose en el subtexto cultural de referentes como The Wailing (2016), la película ofrece una inmersión que combina iconografía cristiana con símbolos budistas, sosteniendo la sobriedad y pulcritud del thriller coreano con un acabado francamente superior a la media.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: The Carpenter’s Son (2025)

Era muy fácil que una película de terror sobre la infancia de Jesucristo con Nicolas Cage como San José, el Carpintero fuera más bien frustrante, pero la presencia del actor está lejos se corresponderse con sus típicos trabajos alimenticios de serie z, es más, hace un trabajo serio, contenido y sin sus clásicos momentos de desbarre. Hay un presupuesto más o menos ajustado, sí, pero también una consistencia visual que hace esta adaptación del evangelio apócrifo de la Infancia de Tomás una curiosa variación del terror religioso reciente. Sin decirnos nombres, tan solo muestra la historia de una familia escondida en el Egipto romano cuyo hijo es llevado a la duda por otro niño misterioso, revelando poderes y un destino importante. Aunque quede corta en momentos de horror, que básicamente son una especie de explotación estética de los de The Passion (2004) de Mel Gibson, mantiene la consistencia gracias a un acotamiento de sus historia a las tentaciones de Jesús por el demonio, como una especie de precuela de Last Days in the Desert (2015) que también valdría para como flashback de alguno de los The New Mutants (2020).

25. The Rule of Jenny Pen (2024)

La ley de Jenny Pen

Recuperando la esencia de la hagsploitation nacida con Whatever Happened to Baby Jane? (1962), The Rule of Jenny Pen (2024) propone una siniestra muestra de horror geriátrico basada en el juego grotesco de la vejez, solo que traslada el conflicto clásico hagsploitation a un asilo donde un psicópata anciano (John Lithgow) aterroriza al resto de residentes apoyado en una inquietante marioneta, sumiendo en la tortura psicológica a un juez ingresado (Geoffrey Rush) que recuerda, de nuevo, al calvario de Misery (1990). Su mayor logro reside en transformar la parsimonia y la pérdida de autonomía en un ejercicio de impotencia agónica. Adaptando un ritmo parsimonioso a la velocidad de un taca-taca, la película se adentra en momentos nocturnos de duermevela instalados en el horror puro e iconografía surrealista alrededor de la muñeca, para retratar la indefensión y los terrores nocturnos de la terera edad. Un duelo interpretativo memorable que ofrece un perverso status quo y un tormento insoportable.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Night Silence (2024)

Bubba Ho-Tep (2002) también podría ser el referente de Night Silence, solo que esta sería la versión polaca dirigida por un Guillermo del Toro deprimido. Cambia momias y humor por monstruos bizarros y un existencialismo bajonero en la cuenta final de la vida. Una rareza inclasificable que invierte los ritos de paso del «coming of age» en «coming of dead», describiendo los sinsabores de la soledad del asilo y la decadencia de la salud como una batalla heroica contra el olvido. No es precisamente divertida de ver, pero se agradecen ejemplos de cine que se atreva a exponer lo que la gran mayoría afrontaremos en la línea de meta. Otra sorprendente variable de la ecléctica carrera en el género de Bartosz M. Kowalski tras la genial Hellhole (2022), ahora ofreciendo algo que podría describirse como post-horror geriátrico.

24. Vicious (2025)

Regalo maldito

Nuevo trabajo de terror de Bryan Bertino, Vicious (2025) se erige como un sólido ejercicio de horror psicológico llevado en todo momento por una rotunda Dakota Fanning. Lejos de ofrecer asideros claros, la película utiliza un objeto maldito como mera excusa para materializar las emociones internas de la protagonista, convirtiendo un hogar en una trampa claustrofóbica y un laberinto de suplicios que bordea la escenificación surrealista, marcando una alternativa a la pesadilla doméstica que ya exploró el director en The Strangers (2008). Su valor radica en un lenguaje visual sofisticado y una atmósfera de silencios apabullante que no cede ante la exigencia de abstracción ni busca entregar un final explicado. Planteando un calvario en forma de demonios interiores donde la adicción actúa como una caja que exige sin parar, Bertino ofrece un rompecabezas opaco próximo a obras como 1408 (2007), resistiéndose a la resolución fácil para construir una alegoría aterradora e impregnada de sugerencias.

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Programa doble: The Surrender (2025)

Tras crear cierto Buzz positivo en el SXSW, esta “Bring Him Back” propone otro ritual de hora y media que incide en el duelo y lo agita con horror sobrenatural. La comparación con A Dark Song (2016) de nuevo es pertinente, aunque su grueso responde a otra variable de Viy (1967), o The Devil Rides Out (1968), con un interesante tercer acto que hace una buena reinvención del círculo mágico y la amenaza externa, acumulando alguna imagen potente en su minimalista aproximación a la oscuridad y la luz como elementos de la puesta en escena. En este caso podría mejorar en formato de antología televisiva, o incluso pequeña obra de teatro, pero como largometraje le viene un tanto grande, con un interminable camino hasta el plato principal. Demasiado drama de enfermedad e inyecciones de morfina en un desarrollo que tiende a reincidir en los mismos resortes una y otra vez. Puede que haya llegado el momento de dejar morir a los viejos en pelotas en el cine de terror. En el subgénero de pata de mono aplicado al duelo familiar y experimentos esotéricos que salen fatal, la mejor recientemente sigue siendo Anything For Jackson (2021).

23. Black Phone 2 (2025)

Black Phone 2

Secuela que rechaza repetir fórmula, The Black Phone 2 (2025) propone una sangrienta versión cristiana de A Nightmare on Elm Street 3: Dream Warriors (1987) rodada al estilo grindhouse. Scott Derrickson expande la mitología convirtiendo a The Grabber en una suerte de Freddy Krueger y transformando la propuesta en una adaptación apócrifa del cómic Blood Club (1992) de Charles Burns. Pese al lastre de un guion sobreescrito y con demasiada exposición, la película destaca por la potencia de sus imágenes y sus momentos de extravagancia siniestra. Alejándose de los neones de la nostalgia Amblin, Derrickson construye una atípica ambientación ochentera que incluye pasajes memorables al ritmo del tema de culto Subway Of Your Mind. Un ejercicio imperfecto pero lleno de ideas que insufla nuevo oxígeno a su universo sin someterse a las estructuras clásicas del body count.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: The Gorge (2025)

Lo nuevo de Scott Derrickson para Apple TV es un decente pastiche de terror, romance y acción demasiado lastrado por un largo tramo de espectáculo CGI genérico, pero no todos los días puedes ver a Anya Taylor-Joy bailando los Ramones ni un blockbuster con BSO de Ross/Reznor. Sigue una premisa de romance improbable entre francotiradores en una frontera fantástica, a ambos lados de una brecha en donde deben contener a las criaturas que habitan al fondo. No están autorizados a hacer contacto, pero surge una particular relación a distancia. La premisa principal de la primera mitad de The Gorge es un collage sin disimulo de distintas ideas previas, principalmente hay una mezcla entre la contención de monstruos desde lo alto de The Great Wall (2016) y la relación con prismáticos entre francotiradores de Dawn Of The Dead (2004). Pero según cambia de bobina, la película pasa a un tono de aventura survival horror que conecta con viajes a centros de la tierra más oscuros, como The Lost Continent (1968), pero con distintos retazos de The Mist (2007), The Dyatlov Pass Incident (2013) o incluso The Lair (2023).

22. Weapons (2025)

Weapons

Sólido cuento de hadas suburbano narrado mediante una ambiciosa estructura fragmentada, Weapons (2025) confirma el talento de Zach Cregger tras Barbarian (2022). Dividida en capítulos según el punto de vista de sus personajes, la película juega al despiste mientras reconstruye el misterio alrededor de la desaparición de unos niños, alternando la sintaxis del thriller sobrio con un planteamiento sobrenatural más cercano a la comedia de terror que al enigma inquietante que sugerían sus tráilers. Más allá de un misterior tramposillo, su mayor interés reside en la actualización siniestra de relatos clásicos como El flautista de Hamelín en los barrios residenciales, alimentada por el cinismo hacia el vecino propio de The ‘Burbs (1989). Pese a perder tiempo en ramificaciones superfluas que frenan el terror, Cregger compensa los desvíos derivando hacia un desatado splatstick al estilo de Sam Raimi, desembocando en un tramo final alocado que consolida su propuesta como una experiencia sumamente entretenida.

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Programa doble: Night of the Reaper (2024)

El horror en la suburbia es un elemento recurrente del cine de terror moderno, pero hay películas que se retroalimentan del escenario para convertir los adosados en un personaje más, amén de la mística de los carriles desérticos iluminados por farolas que generan incontables recodos de penumbra entre las noches de silencio sepulcral. Esta Nigth of the Reaper vuelve a la primera película culpable de esta visión gótica de las urbanizaciones, Halloween (1978) y rescata la idea de las niñeras a merced de un asesino enmascarado, introduciendo las grabaciones en VHS y la ambientación estilo House of the Devil (2009), añadiendo un capítulo más a la construcción del vecindario tranquilo americano como lugar de pesadillas y amenazante.

21. Keeper (2025)

Keeper

Obra de transición para Oz Perkins entre Longlegs (2024) y The Monkey (2025), Keeper (2025) demuestra la habilidad del director para erigir una buena propuesta de terror con apenas dos actores y una sola localización. Su nuevo trabajo parte de la premisa de una cita con sorpresa para derivar hacia un retorcido relato de cabaña encantada, convirtiendo el material propio de un episodio arquetípico de Tales from the Crypt en una refinada delicatessen de horror de autor. Su principal interés reside en su libertad de experimentación formal y en un tramo final espeluznante con seres que dan muy mal rollo. Conectando con el folk horror feminista y la suspensión del tiempo vista en I Am the Pretty Thing That Lives in the House (2016), Perkins no rehúye los elementos macabros: abraza la imaginería alucinógena y las influencias del terror japonés —con guiños a la danza butoh, Junji Ito, o los yokai tradicionales— para ofrecer una experiencia atmosférica, esquiva y repleta de sugestivas fugas oníricas.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Eye For An Eye (2024)

El horror sobrenatural de raíces ancestrales y bosques de Keeper no es la única muestra del año, y en esta poco comentada Eye For An Eye también se juntan leyendas urbanas rurales con el gótico sureño, un relato que introduce el discurso sobre el bullying dentro de una plantilla de venganza, presentado con fotografía superior a la media y sin ratear en el gore ocular. Una pena que no rematen su final, porque esta revisión de la concepción del hombre arena de E. T. A. Hoffmann, partiendo de la interpretación del mito de la novela gráfica Mr. Sandman de la coguionista del film, Elisa Victoria, merece ser tenida en cuenta. Manteniendo a un boogeyman del mundo de los sueños, que en este caso saca los ojos a los que obran con maldad, la película parece una temporada de Channel Zero comprimida y tiene cierto aire a la rareza Pumpkinhead (1988), pero nunca llega a explotar todo su potencial para llegar a esas cimas, aunque cuenta con animaciones deliciosas sobre la mitología de su criatura e interesantes secuencias de pesadillas.

20. Animale (2024)

Animale

Hija perdida de As Bestas (2022) y Grave (2016), Animale (2025) aborda la supresión mental del trauma femenino en un entorno rural de terratenientes, polvo y sudor. La historia sigue a una mujer que lucha por destacar como recortadora en un mundo dominado por hombres, mientras un toro asesino ronda las fincas. La película rescata la tradición ganadera de la course camarguaise con realismo para introducir elementos de body horror y leyendas locales de bovinos antropomorfos. Su principal activo reside en la interpretación de Oulaya Amamra, quien sostiene el relato reflejando el contraste entre dureza y vulnerabilidad a través de cambios físicos y psicológicos. Una pequeña sorpresa que se inserta en la tradición de un fantástico reciente que trata de canalizar la presión social sobre las mujeres mediante la expiación sobrenatural y la transformación física, sirviendo el elemento fantástico tanto de combustible para la venganza como de potente encarnación visual de su discurso.

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Programa doble: La Chose derrière la porte (2023)

Los estrenos franceses nos siguen llegando con cuentagotas, pero hay logros que merecen una parada en boxes pese a haberse estrenado con años de retraso, como esta especie de versión extendida y de época del mítico corto Kitchen Sink (1989) a través de otra especie de variación de La Pata De Mono que cambia la garra por mandrágoras y conjuros. Su primera media hora es un planteamiento romántico arquetípico con la base de Poe a la inversa, el drama de los maridos yendo a la guerra que también vemos en The Girl With The Needle, solo que aquí se resuelve con una segunda mitad inesperadamente increíble, con un asedio de clones como zombies-ultracuerpos telarañosos de Fulci rodado casi sin diálogos, lo que hace que la película sea como un cuento macabro oscuro para adultos con un toque arty que Francia tiene muy asimilado.

19. Bugonia (2023)

Bugonia

La alianza entre Yorgos Lanthimos y Ari Aster cristaliza en Bugonia (2025), una brillante y retorcida versión de K-PAX (2001) según la relectura oficial de la surcoreana Save the Green Planet! (2003) ambientada en la América post-pandemia. Moviéndose entre el thriller paranoico, el horror post-torture porn y la comedia negra, la historia del secuestro de una ejecutiva farmacéutica a manos de dos conspiranoicos sirve para armar una afilada sátira sobre la precariedad, la white trash y el analfabetismo científico. Fiel al estilo del director griego, su remake alterna lo grotesco con lo sublime, recordando la tensión de 10 Cloverfield Lane (2016) combinada con una crueldad sin edulcorar digna de Martyrs (2008). Sostenida por una interpretación soberbia de Emma Stone, la propuesta trasciende la ciencia ficción para revelar un angustioso drama humano, desembocando en un tramo final de gore desatado y un epílogo visualmente mórbido que la sitúa entre lo mejor de la filmografía de Lanthimos.

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Programa doble: Descendent (2025)

Otro experimento de ciencia ficción costumbrista de la factoría Benson-Moorhead que explora la ansiedad de la paternidad a través de un síndrome postraumático por abducción que puede, o no, ser real. Un híbrido doméstico de Fire In The Sky (1993) y Take Shelter (2011). Juega bien con la paranoia del hombre blanco americano de clase obrera, con sutiles reflejos de estigmas sociales reales: desde la obsesión por las armas y la seguridad al cuestionamiento de la identidad masculina como protector familiar, bajo la mirada desquiciada de un gran Ross Marquand. La ansiedad creciente plantea un conflicto matrimonial aderezado de horror psicológico y progresivas alucinaciones (o regresiones) en pequeños fragmentos abstractos que acaban demasiado disueltos en el drama de salud mental. Correcta, habría mejorado entregándose a su lado más Communion (1989).

18. Frankenstein (2025)

Frankenstein

Adaptación turbogótica y melodramática del clásico de Mary Shelley, Frankenstein (2025) acusa el efecto Netflix en una propuesta cargada de dilemas existenciales sobre padres emocionalmente inmaduros. Guillermo del Toro vuelca su interés en el tramo de la creación desplegando un torrente visual steampunk, toques enfermizos y charcutería cenobita, con un monstruo encarnado por Jacob Elordi que evoca un ángel infernal en la línea de Hellraiser (2022). Su mayor valor reside en una factura artística milimétrica que compite en vestuario y diseño de producción con el Dracula (1992) de Coppola, inspirándose visualmente en las míticas ilustraciones de Bernie Wrightson. Aunque el vínculo con el personaje de Mia Goth resulta más desdibujado que su ambientación afín a Crimson Peak (2015), la adaptación brilla en su vertiente de ciencia ficción, salpicada de guiños al cine de James Whale y destellos que confirman el inconfundible sello del director mexicano.

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Programa doble: Soy Frankelda (2025)

Pese a que el nombre tiene un juego con Frankenstein, la relación tiene más que ver con Mary Shelley y su periplo de escritora, aunque sea levemente, porque lo que relaciona esta joya absoluta del cine de animación con Guillermo del Toro es la vinculación de este en su promoción. Básicamente es una historia de una artista enfrentándose a sus creaciones, una colección de monstruos y seres extraños en un mundo fantasmal que son un estallido de colores y delicadísimo stop-motion, con diseños que parecen primos hermanos de las creaciones del cine de Del Toro. Con un enfoque infantil, con canciones y humor, no deja de tener una serie de estampas fantasmagóricas alucinantes—esos montes con manos espectrales—, que a menudo dan espacio a lo tenebroso y se erigen como un verdadero hito en el subgénero del terror animado.

17. La valle dei sorrisi (2025)

La sonrisa del mal

Gran sorpresa del terror italiano reciente, La valle dei sorrisi (2025) plantea una novedosa vuelta de tuerca al horror religioso y a los “malos milagros”. Paolo Strippoli dirige una suerte de anti-coming of age en la Italia rural que evoca lo que ocurriría si Pupi Avati adaptase un relato de Stephen King: la llegada de un profesor al pueblo permite explorar el impacto de un adolescente capaz de eliminar la tristeza con abrazos, ocultando un trasfondo oscuro y nada sagrado. Con ecos a la atmósfera de Saint Maud (2019) y a la tensión soterrada de Midnight Mass (2021), la película rehúye el impacto barato mientras retrata la coerción en masa en la línea de Village of the Damned (1960). Strippoli se toma su tiempo para cocinar una trama de superstición que aborda el bullying y un atrevido enfoque queer, desembocando en un brutal tercer acto malévolo y visceral que lo consolida como una voz imprescindible para el cine de género transalpino.

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Programa doble: Funerallies (2025)

Glorioso regreso de Antonio Bido con una rareza oculta a contracorriente, de la siempre fascinante factoría underground italiana de viejos maestros, aquí fabricando un pesadillesco psycho drama de abuso infantil, trauma, culpa, maltrato, y ruptura mental que parece una Repulsion (1965) o Dementia (1955) por Argento o el Martino de las escenas iniciales de Tutti i colori del buio (1972). Completamente anacrónica, es como un thriller perdido de los 70 que es capaz de rozar lo sublime y lo ridículo con un presupuesto y aspecto digital de episodio de La promesa. Pero qué juegos de luces y sombras, qué trucos visuales viejunos y colorines, aunque nunca llegue a desatarse del todo, porque por supuesto se toma muy en serio la odisea mental-onírica de su protagonista. Una delicia con escenas extrañas de fetos, menstruaciones e identidad sexual cambiante, que parece aparecer de la nada. La mejor película que no verás en ningún top de terror del 2025.

16. Jurassic World: Rebirth (2025)

Jurassic World: El renacer

La mejor entrega de la saga desde el 97, Jurassic World: Rebirth (2025) propone una aventura de mundos perdidos donde Gareth Edwards despliega su mirada en gran angular para devolver el peligro de los colmillos antediluvianos en la pantalla. Dibujando las secuelas de la colonización de saurios con la maestría de su célebre Monsters (2010), esta entrega funciona como una mezcla de reboot y secuela con unos efectos digitales portentosos, reestructurando la tensión marina de Jaws (1975) con Scarlett Johansson como una suerte de Quint moderna en una magnífica primera mitad. Edwards convierte los dinosaurios en una amenaza aterradora, guiñando al universo de Alien (1979) en su vertiente de ciencia ficción y experimentos genéticos. Con un body count inusual y el D-Rex como mutación grotesca, la propuesta recupera la fascinación pulp y la fiereza de las historias en tierra extraña, consolidándose como un deslumbrante survival de cacería y huida que devuelve lustre al gran cine de monstruos, especialmente con su engendro final, digno de puro terror de criaturas.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Primitive War (2025)

Apreciable, divertida y competente, este cómic de 2000 Ad en movimiento hace posible una magia que todos querríamos ver: una guerra de Vietnam alternativa con dinosaurios. Se aprecia un gran esfuerzo e ingenio para hacer pasar una pequeña producción en una serie B a gran escala con buen diseño de producción, dinosaurios solventes (esos velociraptores «gallina» que Spielberg no se atrevió a usar) y efectos muy trabajados (salvo en algunos planos generales). Sin embargo, aunque es disfrutable, sufre lo que me gusta llamar el «Síndrome Mutant Chronicles«, de grandes esfuerzos conceptuales al margen de los estudios que se preocupan más en hacer parecer una idea de Asylum en una película solvente, imitando planos familiares, reproduciendo momentos establecidos (helicópteros y Fortunate Son incluidos) y dejando un envoltorio que justifique el cuidado puesto, pero sin tener claro por qué funcionan los modelos que intenta imitar; es decir, sin un guion coherente, personajes atractivos o capacidad de síntesis. En resumen, un proyecto de estudiante caro que logra ser entretenido pero no acaba de proyectar lo que busca. Entre otras cosas porque una serie B de dos horas y cuarto tiene que tener más claro qué teclas marcan el ritmo para no pedir la hora. Además, tiene menos gore del que promete y su escena de los espinosaurios demuestra que Jurassic World: El Renacer sería mejor incluso con menos medios. Que no os engañen con que «esta es la buena».

15. Maldoror (2024)

El dosier Maldoror

Monumental thriller criminal inspirado en el turbio caso real de Marc Dutroux en la Bélgica de los noventa, Maldoror (2025) se consolida como una de las obras más rotundas de Fabrice Du Welz. Su mejor obra aborda la sórdida red de pederastia, la torpeza burocrática y la corrupción institucional para narrar la obsesión y el viaje al corazón de las tinieblas de un policía noble, componiendo un complejo marco policíaco que soporta la comparación con Memories of Murder (2003). Con ecos a la desesperanza de Citizen X (1995) y al proceso de paranoia de Serpico (1973), Du Welz diluye las fronteras del género rozando el horror puro mediante un uso aterrador del fuera de campo y la magistral interpretación de Sergi López como antagonista. Respaldada por una fotografía naturalista rica en sombras y una tenebrosa banda sonora electrónica, la película erige un desolador fresco sobre la impunidad del poder en un ejercicio perturbador y magistral que tiene al menos dos secuencias dignas del más espantoso horror de psicópatas de Thomas Harris.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Detective Kien: The Headless Horror (2015)

Si hablamos de procedurals oscuros, de investigaciones de asesinato que rozan con el terror, hay que contar con una de las propuestas más inquietantes del cine vietnamita reciente, que fusiona el género murder mystery con el folclore, un poco al estilo de los nordic noir que han derivado en un subgénero que se replica en todo el mundo, pero en un entorno selvático en el siglo XIX. Detective Kien: The Headless Horror fue la segunda película más taquillera de 2025 en su país, y sigue a Mr Kien mientras busca resolver una serie de decapitaciones rituales que parecen desafiar toda lógica. Tiene todos los elementos de deducción, análisis de pistas y hasta ecos de corrupción política, pero también atmósferas de horror, simbolismo ancestral y supersticiones que cobran vida, tocando en ocasiones lo sobrenatural.

14. Final Destination: Bloodlines (2025)

Destino final: Lazos de sangre

Convertida en la mejor secuela de la saga en dos décadas, Final Destination: Bloodlines (2025) entrega un compendio de muertes gore repleto de mala uva, paranoia por la seguridad y un desquiciado humor negro. La propuesta abraza una autoconciencia sin remordimientos que, pese a cierto descuido formal derivado de su concepción original para streaming, compensa sus fallos con un glorioso prólogo ambientado en los años setenta y un virtuosismo en su suspense coñón. El gran mérito de esta entrega reside en cómo enriquece la mitología de la franquicia mediante una maldición de sangre de corte gótico, sirviendo además como emotivo homenaje al recordado personaje de Tony Todd. Compartiendo la vertiente cafre de The Monkey (2025), la película utiliza el formato de la “secuela legado” no como un simple guiño nostálgico, sino como un ingenioso juego de despiste sobre la futilidad de la vida, demostrando que la saga mantiene intacta su capacidad para reinventar el slasher sobrenatural de forma interesante.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Heart Eyes (2025)

La moda del neoslasher ha dado distintas variaciones del concepto, desde el reboot a los nuevos enfoques desde el punto de vista del asesino, pero el guionista  Christopher Landon es especialista en crear nuevos conceptos a partir de otras películas preexistentes, normalmente comedias juveniles. Si con Happy Death Day (2017) lo mezclaba con Groundhog Day (1993) y en Freaky (2020) con Freaky Friday (2003), aquí lo hace con el tipo de comedia romántica enfocado al público femenino que se hizo popular en los años 90 y 2000, o lo que viene siendo algunas pelis de tarde alemanas, sin embargo sí consigue rescatar parte de la chispa de la vieja comedia screwball a costa, eso sí, de su efectividad como slasher. Tan solo hay un par de muertes en la mitad, pero la verdad es que son potentes, bien ejecutadas y muy gore, especialmente su prólogo y clímax, con lo que sumado a un gran diseño del asesino, no está entre lo peor que se ha hecho en el género estos años.

13. Together (2025)

Together

Estupenda combinación de horror cósmico y dramedia de pareja, Together (2025) navega entre el Lovecraft de Color Out of Space (2019) y el body horror noventero en la línea de Society (1989). Escrita y protagonizada por Dave Franco y Alison Brie, la ópera prima de Michael Shanks trasciende su llamativo cebo publicitario para armar una sátira sobre la dependencia afectiva y la madurez, conjugando el humor negro con una entregada interpretación física por parte de sus protagonistas. La película abraza la herencia de Stuart Gordon y Brian Yuzna para construir una suerte de Marriage Story grotesca y mutante, enriquecida por soberbios efectos prácticos y una imaginería de trauma impregnada de influencias lovecraftianas. Pese a depender de una metáfora obvia que busca la complicidad viral del espectador en su clímax, el camino hasta allí reafirma la vigencia del horror biológico y la nueva carne, consolidando a Shanks como un nuevo talento a tener muy en cuenta.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Shell (2025)

Por el póster podría parecer una “substancexploitation” en clave thriller blandito, pero aunque las comparaciones con el hit de Fargeat son comprensibles e inevitables, Shell resulta ser una comedia de terror en clave noventera con energía Death Becomes Her (1992)y un tramo final de pura creature feature, atolondrado y gore con langosta gigante desbocada para redondear una sorpresa con Elizabeth Moss y Kate Hudson teniendo un feud body horror que, si bien no va a cambiar el género de 2025, los fans del género no se lo quieren perder.

12. Posthouse (2025)

Posthouse

Llegada a Netflix como la propuesta de lost media maldito del cine sudasiático, Posthouse (2025) sigue la espiral obsesiva de un editor que libera una entidad demoníaca mientras restaura la primera película de terror filipina de 1927, dada por perdida en la realidad. El debut tras las cámaras de Nicolas Red aborda el colapso mental desde una óptica postmoderna, emparentando la paranoia del montaje con referentes como Berberian Sound Studio (2012), Censor (2021) o Sinister (2012). Su gran hallazgo reside en la recreación del filme silente dentro del filme: una delicia expresionista impregnada de estética gótica que homenajea a Nosferatu (1922) y reimagina la leyenda del Manananggal. Aunque su tramo final pierde cierta fuerza, la propuesta compensa sus limitaciones con sutileza dramática, reflexiones sobre el colonialismo cultural y una atmósfera inquietante que la sitúa como una pieza reivindicable sobre el celuloide maldito.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Tenement (2024)

Hay vida más allá del terror japonés o Coreano de siempre y que cada vez tengamos más títulos de Indonesia, Taiwán o Filipinas al nivel de la industria americana o europea nos hace abrir el horizonte a algunas películas que se cuelan entre plataformas. Tenement es un sólido  ejemplo camboyano que apuesta por la contención y la exploración de los espacios urbanos y los edificios de las clases obreras para desarrollar atmósferas sobre arquitecturas decrépitas, una revisión lo-fi de The Sentinel (1977) que, si bien queda corta en escenas de impacto, surfea la moda de posesiones asiática con una carga de estilo inusual en producciones de envergadura similar.

11. Missing Child Videotape (2024)

Missing Child Videotape

Puesta de largo de Ryota Kondo tras su premiado cortometraje homónimo, Missing Child Videotape (2025) plantea la búsqueda de un joven tras recibir un tétrico VHS sobre la desaparición de su hermano 13 años atrás. Una producción de Takashi Shimizu que revitaliza la cansada fórmula del J-Horror conectando el terror local tradicional con el analog horror surgido en internet, evocando las texturas corruptas inspiradas en Ringu (1998) y aproximándose al trauma de la culpa en la línea de Censor (2021). Pese a un ritmo al ralentí y de digestión lenta que emula la escuela de Kiyoshi Kurosawa, Kondo construye una atmósfera fascinada por los espacios liminales, la estética creepypasta y la alienación urbana propia de Cure (1997). Sin necesidad de impactos fáciles, la película se erige como una de las mejores propuestas del género surgidas de Japón en la década, apostando por sutiles ecos y un misterio sugestivo que devora al espectador desde dentro.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Dollhouse (2025)

El cine de horror japonés ha mostrado muchos signos de reanimación en 2025, y además de descubrir nombres nuevos como el de Ryota Kondo, hemos visto expansiones de sus recursos más idiosincráticos. En Dollhouse, la sombra de Ringu (1998) llega a las muñecas de la familia de Annabelle, aunque el punto de partida tenga más que ver con la tragedia newborn de Servant. Es tan plana en la dirección como muchas otras producciones japonesas directas para televisión, pero es no es impedimento para su trama llena de giros y vueltas sea siempre adictiva. Aunque repite algunos sustos de Child’s Play (1988), tiene un buen puñado de su propia cosecha que consiguen transmitir algún escalofrío, aunque sobre su cubierta hay un puntito de humor negro, que llega al paroxismo en su inesperado doble final, donde se revela más cruel y juguetona de lo que le correspondía ser.

10. Dangerous Animals (2025)

Dangerous Animals

Estupenda colisión conceptual de thriller de psicópatas y survival marino, Dangerous Animals (2025) traslada la tensión y el sabor del terror australiano visto en Wolf Creek (2005) a alta mar. La película funciona como una suerte de versión retorcida de Eaten Alive (1976) al sustituir caimanes por tiburones, donde el villano interpretado por Jai Courtney utiliza a los escualos como macabro instrumento de tortura, componiendo una masculinidad agresiva e inusualmente compleja. El filme destaca por su impecable equilibrio entre el gore áspero de la era del torture porn y una narrativa concisa de noventa minutos. La potente presencia de Hassie Harrison y la firme dirección de Sean Byrne la sitúan por encima de sus aclamadas The Loved Ones (2009) y The Devil’s Candy (2015), consolidándose como una de las ideas de mezclar géneros más redondas y eficaces del cine de terror animal reciente.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Beast of War (2025)

Humilde pero efectiva serie B que conjuga el cine bélico con el terror animal. A pesar de que intenta masticar mucho más de lo que le cabe en la boca, tiene personajes que caen bien y recursos ingeniosos para su falta de medios, pero se echa en falta más tiburón. Se agradece, sin embargo, que la aparición del escualo apueste por los efectos artesanales, con una marioneta tangible, pero sin mucho movimiento, lo que la hace parecer una extraña alucinación de los soldados. Se pierden, eso sí, demasiadas oportunidades de plantear muertes más gráficas. Tiene Beast Of War un aroma a película antigua, de las que se rodaban en un tanque de agua y se nota, que trata de maquillar con un montaje nefasto, iluminación teatral y cámara lenta, pero que al mismo tiempo le da una cualidad de pesadilla febril casi por accidente, aunque la música extraña acompaña a la sensación. El aspecto de escenario cerrado poco disimulado y su neblina fantasmagórica hacen que este relato de supervivencia parezca un purgatorio irreal para los soldados, al estilo de otros híbridos de horror bélico como R-point (2004) o Ghosts Of War (2020), con un demonio en forma de tiburón llevándoles al infierno uno a uno.

9. The Woman in the Yard (2025)

La mujer de las sombras

Convertida en la gran tapada del año, The Woman in the Yard (2025) firma el trabajo más maduro y pictórico de Jaume Collet-Serra, vistiendo a Blumhouse de una contención formal cercana a A24. La película parte de una premisa gótica de apariciones a pleno sol que evoca a M.R. James: una misteriosa figura vestida de negro aparece en el jardín de una viuda, transformando el acoso cotidiano en una inquietante alegoría psicológica sobre la sombra de Jung y la culpa. La obra se inserta en el nuevo horror noire conectando con el afrosurrealismo de Jordan Peele en Us (2019) y la exploración de la enfermedad mental de The Babadook (2014). Apoyada en la fotografía en claroscuro de Pawel Pogorzelski y en un sobrecogedor juego de espejos y reflejos en la línea de The Night House (2020), la narración desemboca en una devastadora inmersión en la depresión de la que Collet-Serra extrae un título llamado a ser de culto tan sofisticado como perturbador.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: The Thing with Feathers (2025)

Preciosa fábula sobre el duelo, representado aquí como una criatura que acosa a un padre viudo con cara de Benedict Cumberbatch. Un punto de partida que podría ser la versión masculina de Babadook (2014), pero tiene más que ver con las fantasías oscuras de Jim Henson de los 80 como Dreamchild (1985), donde los monstruos eran encarnaciones de la psique, trasladando la esencia de la adaptación teatral de la novela, que no dejaba ningún tipo de duda en su título original sobre la metáfora explícita con la que va a jugar, siendo así un trabajo casi didáctico y de una anticuada voluntad terapéutica tan confortable como lúcida.

8. The Girl with the Needle (2024)

La chica de la aguja

Nominada al Óscar y concebida como un sórdido true crime de época, The Girl with the Needle (2024) se consolida como un extraordinario cuento de hadas gótico y expresionista. Dirigida por Magnus von Horn, la historia parte de un atroz caso real en la Copenhague posterior a la Primera Guerra Mundial para construir una pesadilla social de marcada impronta urbana, sirviendo como complemento perfecto a la atmósfera de The Devil’s Bath (2024) en su retrato de la miseria y el desamparo femenino. Bajo una suntuosa fotografía en blanco y negro de corte clásico que evoca la estética de M (1931), Von Horn entrelaza la crudeza del drama histórico con distorsiones alucinatorias y un uso sobrecogedor del claroscuro. La historia analiza la delgada línea entre víctima y verdugo en un itinerario de infortunio hacia las entrañas del mal, firmando un ejercicio de terror gélido bastante inolvidable que contrapone la inocencia a lo más crudo de la miseria humana, con fugas artísticas de vanguardia de terror experimental a base de alucinantes fundidos de caras deformes.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: L’orto americano (2024)

El veterano Pupi Avati sigue filmando sus libros de forma absolutamente coherente con su trabajo previo y, tras la interesante —pero bastante pedestre formalmente— Il signor Diavolo (2019), aquí plantea un noir puro en blanco y negro, al estilo años 40, en el que va dejando espacios para que se filtre la fantasmagoria de Edgar Allan Poe. En realidad es una formulación de época del psycho-thriller más macabro, e incluso el giallo, abierto al experimento supersticioso, que no solo no desentona en el cuerpo de su obra, sino que lo ratifica como el maestro italiano del horror con la etapa final más digna.

7. 28 years Later (2025)

28 años después

Concebida como una secuela suicida y anárquica, 28 Years Later (2025) supone el regreso de Danny Boyle al cine de infectados a través de una granada de mano borracha, libre y de montaje lisérgico. Con guion de Alex Garland, la película plantea un viaje al corazón de las tinieblas que aborda el futuro de la juventud del Brexit y la involución británica, entrelazando la exploitation caníbal con pasajes de belleza poética y un pasmo sobrecogedor reflejado en la violencia gore y el Templo de Huesos. Boyle remezcla imágenes, mitología folk y música como un DJ desatado, utilizando pasajes de Wagner o la voz de Kipling para sostener su ensoñación antibélica. Flanqueada por una soberbia interpretación de Ralph Fiennes como un anti-Kurtz humanista y guiños formales que van desde Dawn of the Dead (1978) hasta A Clockwork Orange (1971), el experimento se afirma como un blockbuster subversivo, impredecible y desquiciado que sacude la pantalla sin pedir perdón.

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Programa doble: The Elixir (2025)

Netflix siguió con su habitual expansión de catálogo oriental con una explosiva película de zombies que complementa a la también divertida Ziam de Tailandia. The Elixir es quizá la primera gran incursión del cine indonesio en el subgénero, con el gran Kimo Stamboel a los mandos, así que nos da todo lo que podríamos esperar de él: litros de sangre, acción sin descanso y bastante locura. Aunque como viene siendo habitual últimamente, el director se pone culebronesco en la primera mitad, pero el resto es frenético y ultragore, con un final negrísimo de los que se ven poco en occidente.

6. Fréwaka (2024)

Fréwaka

Primera película de terror hablada enteramente en gaélico, Fréwaka (2024) se consolida como una de las piezas más escalofriantes del folk horror reciente. Aislinn Clarke regresa tras The Devil’s Doorway (2018) para entrelazar el folclore irlandés con las sombras de la represión católica y el trauma transgeneracional. Partiendo de los códigos del terror geriátrico de Relic (2020) o La abuela (2021), la trama sobre una cuidadora rural muta hacia una asfixiante maldición sobre demonios del pasado no cicatrizados. Con una dirección elegante que saca un gran partido a los silencios nocturnos y a los encuadres claustrofóbicos, Clarke reimagina a los Na Sídhe de la mitología gaélica como manifestaciones del autocastigo y la herida psíquica. Sin subrayados verbales, la directora recurre a símbolos sutiles, imágenes inquietantes y fugas paranoicas para inscribirse con fuerza en la nueva ola de autoras del terror británico, firmando una obra incómoda que merece mucho más reconocimiento.

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Programa doble: Witte Wieven 2024

Un folk horror neerlandés que bascula entre The VVitch (2015) y The Devil’s Bath (2024) con elementos góticos, feéricos y poco recato en mostrar gore con FX artesanales. Otra llamada de atención al patriarcado escenificada en un pequeño pueblo que se corona con una gran atmósfera de horror sobrenatural y criaturita resuelta en solo 60 minutos.

5. The Long Walk (2025)

La larga marcha

El reverso implacable de Stand by Me (1986) se consolida como una de las adaptaciones más monumentales de Stephen King. The Long Walk (2025) entrega una pieza de ciencia ficción humanista, violenta y conmovedora en la que Francis Lawrence insufla vida a una novela compleja mediante una escala de gran cine humanista y el brillante guion de J.T. Mollner, evocando precedentes distópicos como Punishment Park (1971) para armar una alegoría a plena vista sobre el fascismo de los setenta, la guerra de Vietnam y el darwinismo social. Con un reparto entregado y un Mark Hamill caricaturesco, Lawrence esquiva la monotonía conceptual aplicando un naturalismo atemporal que rescata la belleza triste que ya apuntaba en I Am Legend (2007), exponiendo la crueldad de un sistema militarizado que deshumaniza al individuo, que abre una ventana lúcida y dolorosa sobre la empatía juvenil frente a la lógica implacable del poder en una obra pura, poderosa e inolvidable.

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Programa doble: The Running Man (2025)

Más acción y ciencia ficción que terror, esta nueva adaptación, más fiel al texto original, de la novela homónima tiene el mismo ADN de The Long Walk, de hecho podría pasar en un universo compartido, siendo esta realidad lo que pasaría unas décadas más delante de la historia de los chicos del maratón. En realidad, técnicamente entra dentro del género puesto que la caza humana sigue teniendo la misma raíz en Zaroff, y además de la violencia mantiene lo más importante, la caracterización de las élites como trituradoras deshumanizadas y deshumanizantes que controlan el entretenimiento, los medios y las farmacéuticas.

4. Good Boy (2025)

Good Boy

Lejos de buscar un tono amblin y complaciente, Good Boy (2025) propone una original aproximación al terror sobrenatural narrada desde la perspectiva de su protagonista canino. Rodada a lo largo de tres años, la película sostiene una sobria premisa sin apenas diálogos donde el instinto animal dialoga con lo intangible, evocando el radicalismo visual de Skinamarink (2022) para transformar las limitaciones de su punto de vista en una oda de conmovedora lealtad frente a la pérdida. Con un enfoque atemporal de cine independiente que remite al primer Ti West y la presencia del icono underground Larry Fessenden, este pequeño prodigio utiliza la percepción de los canes como una desgarradora alegoría de la enfermedad en la línea de los dramas metafísicos de Mike Flanagan. La propuesta trasciende las convenciones del género para armar un ejercicio de formas y sombras que retrata la desorientación y la impotencia agónica de acompañar a un ser querido hacia la muerte. Tan desoladora como brillante.

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Programa doble: The Twin (2025)

Hay muchas posibilidades de terrores sobrenaturales cuando uno decide aislarse en una cabaña como el humano de Good Boy, esta comienza dentro del saturado «terror del duelo» materializando la culpa del superviviente en la figura del Fetch, un demonio del folclore irlandés que busca sustituir un padre que trató de suicidarse tras la muerte de su hijo. Partiendo de una historia de fantasmas y horror gótico tradicional, The Twin plantea una odisea psicológica bastante tristona, pero cuando el doble se manifiesta hay un buen puñado de buenas escenas de terror. También es una película desoladora sobre espíritus que no representan el lado oscuro de uno, sino más bien una versión de uno mismo que ya ha aceptado su propia muerte.

3. The Monkey (2024)

The Monkey

Colisión maestra entre James Wan, Stephen King y Osgood Perkins, The Monkey (2025) se consolida como una de las adaptaciones más salvajes del rey del terror, entregando una fiesta de humor negro y gore premium que evoca una secuela apócrifa de Final Destination (2000). Perkins abraza una misantropía desatada e insólita para pervertir el cine familiar de estética Amblin, apoyándose en la violencia absurda como catarsis para abordar las paternidades disfuncionales y el trauma familiar, en la línea cáustica que ya atisbaba el humor negro soterrado de Longlegs (2024). Tomando de partida el relato de King para dialogar con la lógica del azar de Button, Button (1970), la película combina la comedia paródica con ecos de Child’s Play (1988) y el tono corrosivo casi salido de Drop Dead Gorgeous (1999). Con un montaje dinámico y gags dignos de un cartoon sádico, Perkins subvierte el género con una libertad de acción insólita, afianzando un sello de autor tan descarado como insólito en una cartelera más acomodada.

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Programa doble: Until Dawn (2025)

Adaptación del videojuego en forma de divertido combo de cinco películas en 90 minutos, una gamberrada efectiva con humor negro y gore inusual —las explosiones por agua no potable son épicas—que respeta el lore con remiendos de explotación italiana. Juega la carta autoconsciente de los bucles como una falsa antología similar a Waxwork (1988), apostando por efectos tradicionales sobre el CGI barato. Aunque amena, cae en una repetición monótona debido a enemigos algo genéricos y un acabado visual de «directo a DVD» que desaprovecha el talento del David F. Sandberg. Es una pena que se ignore la conexión con Larry Fessenden, pero esa falta de ambición y su espíritu de videoclub le permiten desinhibirse con éxito, quedando limitada solo por su excesiva deuda con la mitología original, que lleva a un final un poco anticlimático.

2. Kinki (2025)

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Que el éxito de Weapons (2026) y Sinners (2025) no opaque la propuesta más espeluznante de Warner Bros: Kinki (2025), la película que consagra a K?ji Shiraishi como el gran maestro del J-Horror en activo, firmando su obra definitiva junto a la aclamada Noroi (2005). La adaptación de la novela viral de Sesuji articula un fascinante rompecabezas de analog horror y falsos documentales sobre relatos e incidentes aparentemente aislados, unidos por una presencia inquietante. Shiraishi traslada su dominio del found footage y la imaginería creepypasta de Okaruto (2009) o Karuto (2013) hacia una deslumbrante versión de estudio rodada en estilo narrativo normal. A través de transmisiones defectuosas, capas de grano analógico y horrores de corte lovecraftiano que evocan la obra de Junji Ito y Masaaki Nakayama, Kinki sintetiza la narrativa de leyendas urbanas con una ingeniosa traslación de la imaginería digital a las texturas de vídeo, logrando una de las obras cumbres de su género, pese a que no ha sido ampliamente distribuida.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Una Ballena (2024)

El horror cósmico ha tenido su buena cuota este año, desde diversiones lovecraftianas de serie Z con mucha imaginación y monstruos, como How to Kill Monsters (2023) a ejemplos más torpes como Minore (2023), Waves of Madness (2024) o Eldritch USA (2023) lo que no esperábamos era este sólido cosmic-noir nacional a fuego lento, con contrabandistas, sicarios y… criaturas dimensionales. Un atmosférico thriller fantástico que deja ver su devoción por Under the Skin (2003) y cuenta con un Ramón Barea sensacional. La fotografía es alucinante, pero su cuidada puesta en escena se sincroniza en el mismo terreno visual, con una humedad ambiental que sale de la pantalla y la sensación fija de que nunca sale el sol en esta Euskadi ucrónica al mismo compás gélido de los personajes.

1. Sinners (2025)

Los pecadores - Backdrop 4

Destinada a convertirse en un clásico contemporáneo, Sinners (2025) se presenta como una apabullante colisión de weird western, terror y musical. Dirigida por Ryan Coogler, el film explora las raíces ancestrales afroamericanas y la apropiación cultural en el sur segregado de la era Jim Crow mediante la mitología del cine de vampiros, construyendo una espectacular ópera-blues impregnada de tensión, violencia explícita, gore desinhibido y una atmósfera sureña que recuerda a días en los que los blockbusters podían tener personalidad. Apoyada en la hipnótica banda sonora de Ludwig Göransson y en un reparto formidable encabezado por Michael B. Jordan y Hailee Steinfeld, el bombazo combina la energía de From Dusk Till Dawn (1996) con la paranoia claustrofóbica de The Thing (1982) y el músculo del cine blaxploitation. Pese a sus breves descompensaciones de ritmo, Coogler entrega un rompetaquillas de horror noire único, excesivo y lleno de activismo racial que salta sin pudor entre géneros y merecía llevarse alguna estatuilla entre sus 16 nominaciones récord a los óscar. Solo conquistó en 5, un hito en el género, sí, pero con un poso agridulce que mantiene el prejuicio de la academia. Aquí no tenemos dudas.

Crítica en Horror Losers

Programa doble: Freaky Tales (2025)

Futura pieza de culto inclasificable que cruza géneros con total desparpajo, Freaky Tales (2024) se destapa como una antología pulp tan gamberra como brillante. Dirigida por Anna Boden y Ryan Fleck, la cinta ambientada en los ochenta entrelaza punk, artes marciales y palizas a neonazis en un mosaico alucinado que rinde tributo al legendario club 924 Gilman, la escena hip-hop de Oakland y la cultura urbana de la época. Con un reparto estelar encabezado por Pedro Pascal y cameos inolvidables como el de Tom Hanks, la propuesta combina la estructura interconectada de Pulp Fiction (1994) con toques de ciencia ficción al estilo de Scanners (1981), la tensión extrema de Green Room (2015), destellos de blaxploitation y la vibrante herencia musical de la Cannon. Un festín generacional, anárquico y desbordante de ritmo que reinventa el cine de género con una energía verdaderamente incombustible.

Menciones especiales

George A Romero’s Resident Evil (2024)

Completo documental sobre la producción truncada del gran film sobre Resident Evil que nunca fue, la versión del creador del cotarro zombie, George A. Romero, que estuvo a tiro durante unos meses pero finalmente se descartó por la envejecidísima opción post-Matrix de Paul W.S. Anderson. Podría tener menos segmentos introductorios del videojuego y la carrera del director, y centrar más su prólogo en la influencia clave de las películas en la obra de Capcom, pero el proceso en el que se juntan no deja de ser fascinante. También podrían haber dedicado más tiempo a desarrollar el guion concreto y disponible de Romero, pero las anotaciones concretas sobre el mismo son más que pertinentes, y hay un buen trabajo de cronología, investigación y documentación, suficiente para que justifique su existencia, aunque no pueda compararse con otros documentales de películas malditas como The Death of Superman Lives (2015) o Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau (2014).

Bloat (2025)

El director Timur Bekmambetov descubrió un filón en su faceta de productor con los thrillers de interfaz, tomando la idea de Open Windows (2014) y llevándola al terreno del suspense tradicional con Searching (2018) para convertirse en especialista de un gimmick que conecta bien con el espíritu del cine de terror found footage. En su última producción hace una última vuelta de campana con el formato y lo lleva a un extremo de explotación que resulta divertido en todo momento, una lluvia de chats, vídeos en directo y emisiones televisivas que construyen una historia de posesión con toque exótico que se complementa de alguna manera con Frogman (2024), lo divertido es cómo usa una plantilla clásica vista en Bobby de Richard Matheson o The Other Side of the Door (2016) para derivar y hacer fugas por foros creepypasta e incluso hacer un multiverso de terror multipantalla con Unfriended (2014), llegando incluso a introducir ideas de estrés postraumático militar. Un pastiche disfrutable al que no conviene exigirle demasiado.

Mr.K (2024)

La versión «lovekafkiana» de The Grand Budapest Hotel, menos cuqui y más laberíntica, una comedia absurda de horrores surrealistas y opresivos papeles pintados como telón de fondo para personajes pintorescos encerrados en su lógica de pesadilla. Hasta cierto punto también puede considerarse una versión apócrifa de The Hourglass Sanatorium, que tuvo otra adaptación por los hermanos Quay ese mismo año.

Missing Couple (2024)

El found footage sigue dejando ideas renovadas sobre las clásicas estructuras de u época de explosión, dando en este caso una reformulación basada en el mundo influencer y la cobertura de la vida en las redes sociales de vídeo. Quizá algo confusa en su seguimiento del caso de una desaparición de una pareja de tiktokers, por su forma de partir dos líneas temporales, poco a poco se revela como algo diferente a lo que hemos ido viendo en la saga Horror In the High Desert, con su propia mitología basada en historias reales, y un buen uso de las grabaciones nocturnas para generar texturas analógicas y escenas de terror efectivas, aunque algo escasas. Sus giros y vueltas dejan ver otra película entre líneas que se revela en un final que hace replantearse todo lo visto, para lo bueno y lo malo, en todo caso de forma bastante original.

The Home (2024)

James DeMonaco cambia su registro de The Purge por algo más festivo. Nunca diremos que no a un plagio velado de A Cure for Wellness con topping de Society, tan grosero y poco disimulado que divierte. Pese a estar estructurada como un siniestro juego de misterio en un asilo donde desaparecen ancianos, tenemos demasiado cerca The Manor como para que estos entresijos no sepan a fritanga con aceite de ayer. Por suerte, es tan chabacana y con gore barato que parece hecha para una maratón de medianoche. Hay que darle tiempo hasta que su predecible premisa va cogiendo forma, pero, mientras se perciben algunos detalles perversos, su descaro escatológico cumple hasta que una inesperada lluvia de sangre final eleva el conjunto. Además, siempre está bien ver sufrir un poco al cansino de Pete Davidson.